Titulo:
Ideas sobre imperialismo y Socialismo
Participante: Hugo Azcurra
País de origen: Argentina
“Nada hay más poderoso en la
sociedad, que una idea a la que le
ha llegado su tiempo” Víctor Hugo
Pues bien, en nuestra época, ese tiempo ha llegado y no es el tiempo de una idea: es el tiempo de una realidad. Tiempo del Socialismo y realidad de los problemas de su construcción. Vivimos en una nueva época de la historia mundial: es la del tránsito de una sociedad que declina, moribunda, pero aún fuerte, y otra que nace, reclamando su derecho a la vida, pero aún débil. Situación que se reconoce en toda época de cambio histórico, de turbulencias, de rebeliones, entre una sociedad establecida que se niega a desaparecer y otra que viene a desplazarla. Nuevas relaciones sociales, nuevas formas de producción, nuevas modalidades de vida y cultura. Tales movimientos de ruptura no se producen de golpe y en un día, se desarrollan a lo largo de siglos, hasta quedar establecida la nueva configuración social, el nuevo régimen. Es lo que hoy sucede entre un capitalismo imperialista financiero que lucha por mantener su supremacía y que nada cambie, defiende el statu-quo, y las nacientes formas de la nueva sociedad que desafían tal supremacía y buscan afanosamente, en medio de innumerables dificultades de todo orden, romper tal status y afirmar la nueva clase y sus nuevos valores.
1) Cambios revolucionarios: ¿actualidad o pasado?
El problema fundamental de nuestra época
En materia de análisis político la concepción materialista impone ir más allá de los fenómenos cotidianos y episódicos que manifiestan las sociedades. Exige conocer las tendencias y corrientes más profundas que determinan y regulan su movimiento permitiendo así avizorar, anticipar su derrotero, sino de un modo exacto, ya que ello es prácticamente imposible, al menos en una forma general pero segura.
Trataremos de cumplir con aquél precepto de método para intentar captar cuál es hoy el problema fundamental de nuestra época. Por época deberá entenderse un largo lapso histórico de la vida social que toda sociedad experimenta: época inicial de cambios, época de desarrollo y consolidación, finalmente época de declinación y extinción. ¿En cuál estadio se encuentran hoy sociedad burguesa y sociedad socialista? Veamos.
Desde 1848 por los procesos revolucionarios que se extendieron como reguero de pólvora por Alemania, Francia, Hungría, Polonia, etc. en los que la burguesía afirma su dominio ante la nobleza territorial y, al mismo tiempo, hace morder el polvo de la derrota a los trabajadores que ya buscaban ir más allá de las consignas burguesas abiertas con la gran revolución francesa de 1789, pero en particular desde la Comuna de París, se advertía, para quien quisiera examinar en profundidad los acontecimientos
París, se advertía, para quien quisiera examinar en profundidad los acontecimientos socio-políticos, que no terminaba aún la burguesía de sentarse definitivamente y en tranquilidad a hacer uso del control estatal cuando ya tocaba a las puertas de “su” sociedad el proletariado fabril explotado, humillado, sin derechos políticos ni civiles, como nuevo dirigente de todo el pueblo. Junto con la etapa de consolidación de la burguesía ya se desbrozaba el camino fundamental a inicios del siglo XX: el de la Revolución Socialista. ¡He ahí la cuestión decisiva y central de la nueva época! ¡Inminencia y actualidad de la Revolución Socialista!
Pero como nada permanece en lo que es y, como durante el siglo XX se concretaron los cambios revolucionarios pronosticados, el movimiento proletario pasó de los desafíos a la burguesía y a su sociedad del capital, a la realidad del surgimiento de varios países que romperían el statu-quo mundial dominado por ella, la cuestión fundamental, sobre todo luego de la 2da. posguerra se desplazó, por así decir: se transformó hoy ¡en la actualidad del socialismo!
Pero esta actualidad se presentó no en los términos esperados, esto es, en algún o algunos países más desarrollados por la senda del capitalismo, sino que arrancó en los países constitutivos de su periferia. Esto hizo y aún hace que siga vigente el cambio en aquéllos y obliga a redefinir también los procedimientos y las vías en la consecución del Socialismo en los países periféricos que no han producido el cambio, a tenor de los problemas planteados a la construcción socialista en los países que promovieron los cambios en tal sentido.
Si no se acepta éste carácter fundamental de nuestra época que vivimos, transitamos y luchan los trabajadores de todo el mundo, que es el tránsito de una sociedad a otra, que es la época de la actualidad y de la realidad del socialismo, todo se convertirá en retórica hueca. Y digamos con firmeza y prestamente que esto no es una deformación de lo que acontece: ¡es un fundamento real y objetivo de ésta época!
Hemos pasado, pues, desde la inminencia y actualidad de la revolución socialista a comienzos del siglo XX a la de su ¡actualidad y realidad objetiva! a partir de la Revolución Socialista de octubre en Rusia, pasando por la rebelión China y el sudeste asiático, y las insurgencias, con variada fortuna, de África y América Latina a la de su ¡actualidad y realidad objetiva hoy! fines del siglo XX e inicios del siglo XXI. Si no se recupera y capta con fuerza lo patente de este fundamento todo análisis materialista pecará de insustancial y artificial.
La transformación del capitalismo como capitalismo monopolista, convirtió a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, la revolución del proletariado por el socialismo en actualidad, la planteó como problema de actualidad de esa etapa de la nueva época. Desde fines del siglo XX hasta hoy, comienzos del siglo XXI, recorremos una nueva etapa que nos presenta como problema actual y real la construcción del socialismo en sus dos puntos centrales: como Revolución que debe producirse aún en los países centrales y periféricos y como nueva sociedad en construcción.
Es posible advertir, entonces, que los cambios revolucionarios NO son cosas del “pasado” sino, muy por el contrario, cosas del “presente”. Estos cambios constituyen la actualidad ¡y hasta la necesidad! no sólo más profunda sino “evidente” y quien se niegue a considerarlo así no se ubicará en el campo de los trabajadores asalariados y de quienes luchan por el progreso social y la nueva sociedad.
2) Los trabajadores como clase socialmente dominante
Su sustancialidad histórica mundial.
¿Qué debe entenderse por trabajadores como clase socialmente dominante? De modo general, en la actualidad mundial del capitalismo imperialista financiero, al hecho de la inexistencia de otras clases que como resultado de relaciones producción feudales, semifeudales, trabajadores autónomos, artesanos, etc. disputen su lugar político-social en igualdad de condiciones de explotación a aquellos. O bien que tengan todavía por delante lograr sus propios fines históricos.
Hoy los trabajadores asalariados constituyen la mayoría de la población mundial trabajadora, son su parte más activa sindical y política. No quiere decir esto que aquellas otras capas o “bolsones” de trabajadores haya desaparecido ¡no! Más aún en algunos países y economías bien pueden formar una realidad extendida oprobiosa, pero en aquellos países y regiones periféricos que hayan experimentado un desarrollo industrial burgués por incipiente que sea, va tomando cada vez forma la explotación asalariada como norma y ley. Y en aquellos en los que es posible advertir relaciones atrasadas, si se examinan en profundidad mostrarán que están montadas, por así decir, y dominadas por el capital imperialista transnacional.
La lógica de funcionamiento del capitalismo está en subordinar la mayor cantidad posible de actividades que puedan generar ganancias y que antes o no existían o existían como actividades individuales de pequeños propietarios independientes o actividades que no plasmaban en mercancías, por ejemplo artistas, docentes, médicos, abogados, etc. en los que la producción no es separable del acto mismo de producir. Pero el notable cambio en el proceso de producción “inmaterial” se dio a partir de los últimos 50 años en que el capitalismo es su forma económica de actividad en: sector público (Estado), sector monetario y financiero, comercio, investigación, comunicaciones, educación, medicina, justicia, etc. En las dos últimas décadas las ramas vinculadas con la cibernética y los procedimientos de administración por computadoras ha desatado una oleada de inversiones que requieren fibras, chips, microchips, etc.
De manera que el campo de explotación de la fuerza de trabajo asalariada se ha expandido notoriamente ¡pero esto no es sinónimo de “desaparición del proletariado! ¡Al contrario! La fuerza proletaria está cada vez más presente y con un mayor radio de acción productiva, social y política porque lo que se ha ido restringiendo es la centralidad del proletariado fabril ¡pero no porque esté muriendo la producción material, sino porque se ensanchó la producción inmaterial! Hay que quitarse del pensamiento la asociación inmediata proletariado = obrero fabril y sustituirla por proletariado = trabajadores asalariados. Y es con este contenido que en este trabajo se utiliza la expresión “trabajadores asalariados” de manera deliberada para alejarse de aquella figura que tiene más que ver con la época de la maquinaria y gran industria del siglo XIX que con lo que realmente sucede en la actualidad.
Por ello afirmamos que no sólo los trabajadores no han perdido centralidad y sustancialidad histórico-política sino que se ha vigorizado y la sociedad del capital es hoy sociedad del trabajo asalariado como su contraparte. ¿Cómo sería posible aceptar que en el momento en que más se expande el trabajo asalariado al ritmo de la
expansión del capital en multiplicidad de ramas antes fuera de su alcance, en que cada vez más es evidente su carácter de clase socialmente dominante, esté desapareciendo porque habría un predominio del trabajo “inmaterial”? Como se puede apreciar esto es un error en la comprensión de los cambios capitalistas y en la ubicación exacta de la clase en la producción pero también en la política. Esto, se traduce políticamente en que se quita el sujeto portador del cambio revolucionario y que se deserta de la revolución y del socialismo.
Asi, pues, no podemos sino concluir este parágrafo señalando que:
1) La actualidad del socialismo es una realidad objetiva y preeminente del conflicto de clases mundial.
2) Los trabajadores asalariados constituyen la clase sobre la que ha recaído la responsabilidad de los cambios revolucionarios en la sociedad burguesa.
3) Los trabajadores asalariados constituyen la clase socialmente dominante de la realidad burguesa.
4) Los trabajadores deben ser – y en algunos casos ya lo son – la clase dirigente de los cambios revolucionarios y de la construcción socialista, en unión con otras clases y capas explotadas por el capital.
5) La burguesía es ya una clase completamente reaccionaria y que sus objetivos políticos y militares son la defensa a ultranza del statu-quo del imperialismo capitalista financiero.
3) Imperialismo monopolista financiero
Etapa financiera de la fase imperialista
Establecer con nitidez el vínculo concreto entre los fenómenos de la nueva etapa del capitalismo monopolista imperialista y los problemas políticos y organizativos que de ellos se desprenden para los trabajadores asalariados en su lucha por el cambio de la sociedad burguesa, he ahí el quid teórico fundamental que, como desafío acuciante, se le presenta al materialismo marxista hoy, sin desconocer las enseñanzas que deben desprenderse de las experiencias socialistas conocidas.
Pero abordemos el primer problema ¿A qué nueva etapa del capitalismo monopolista se alude? Partimos de considerar que se mantienen los aspectos fundamentales del monopolismo imperialista como fase superior del capitalismo, pero que en las últimas décadas ha dado un paso adelante gigantesco respecto de su etapa monopolista primaria. Es cierto que el carácter financiero formaba parte prominente del capitalismo monopolista de la época al punto que puede afirmarse sin dudas que el Imperialismo era y ES el dominio del capital financiero. Antes constituía la modalidad de fusión del capital industrial y el capital bancario desarrollando de modo acelerado su acumulación por medio de las formas monopolistas más diversas: Kartell, Ring, Corner, Sindicato industrial, Pool, Trust, etc.
Hoy esto ya no alcanza. El capital financiero ha dado pasos enormes dentro de sí mismo llevando el carácter financiero a sus niveles más altos: el dominio casi omnímodo sobre todas las demás formas de existencia del capital (industrial, comercial, de servicios, etc.). No es otra cosa que el dominio y el poderío de la cúspide burguesa como oligarquía financiera. De manera que hoy el capital financiero no representa ya más – o no sólo- aquella fusión sino que es la potencia del capital mismo como conjunto expresando la totalidad de los intereses de la burguesía. Una de las formas adoptadas jurídico-administrativa es la sociedad “holding”, que reúne o convoca en enormes consorcios transnacionales, pero con sede en los países capitalistas más desarrollados, cuantiosos fondos dinerarios en la forma de activos financieros.
La sociedad “holding” pasó de la creación de un “comité de trustees” como depositario de la mayoría de las acciones de cada empresa constituyente del comité y que al estar integrada precisamente por los accionistas propietarios de ellas, dirigía la actividad económica de todas las sociedades que se mostraban como “autónomas”, a una nueva forma: la constitución de un consorcio supercapitalista con existencia jurídica propia, pero cuyo único activo consiste en las acciones de las empresas monopolistas coaligadas por decisión de los accionistas mayoritarios que las dominan y manejan. Estas “empresas” son monopolios puramente financieros que emiten a su vez nuevas acciones a favor de sus socios, quienes jurídicamente pierden la propiedad de las acciones de las empresas productivas y las cambian por las del “holding” que de ahora en más se erige en la dirección verdadera que fiscaliza y decide la actividad de todas aquellas “empresas” originarias.
Pues bien, todas estas formas continúan existiendo hoy, pero el rasgo distintivo es que en este capital monopolista financiero lo financiero es lo decisivo al punto que lo dominan asociaciones de Bancos con extensión e influencia mundiales que subordinan al capital productivo. Esta es la representación actual y más genuina “del” capital en su conjunto como totalidad y cúspide frente a los capitalistas individuales, siempre que se exprese como capital dinerario pero sobre todo en activos financieros públicos y privados: títulos, bonos, acciones, etc. emitidos en monedas “fuertes” como el dólar o el euro. Es a esta nueva situación que llamamos “etapa” nueva dentro de la “fase” superior del capitalismo que es el imperialismo, de allí la denominación que utilizamos monopolismo imperialista financiero, con la finalidad de acentuar lo financiero y no para pretender señalar que se trata de una “nueva” fase del capitalismo imperialista, posterior y superior. Imperialismo financiero + cúspide de la oligarquía financiera + políticas de sojuzgamiento del mundo periférico ¡he aquí el Imperio! Capitalismo imperialista financiero ES el capital en general, objetivo, real, dominante en el mundo burgués.
Podríamos resumir algunos de los aspectos más importantes que caracterizarían a esta etapa de la fase imperialista financiera del capitalismo:
1) Una notable concentración (acumulación) del capital y una acelerada centralización de la propiedad de los monopolios financieros ahora transnacionalizados pero con matriz en un puñado de países más desarrollados. Se trata de gigantescos consorcios o corporaciones capitalistas que abarcan y penetran la vida económica entera ya no sólo de algunos países sino del mundo todo.
2) Los Bancos e instituciones financieras que ya eran importantes en los inicios del siglo XX, se han transformado en el centro decisivo y nervio motor del capitalismo imperialista financiero. Sus actividades y transacciones son en su esencia puramente especulativas.
3) Etapas de evolución del comercio capitalista: a) exportación de mercancías, b) exportación de capitales, en el sentido de inversiones directas, y c) exportación financiera, en el sentido de endeudamiento público y privado de la periferia hacia los centros y por medio de ello sometimiento económico y político de estos países. Es el capital financiero “usurario” y expoliador.
4) Diferenciación entre “potencias rectoras”, esto es dominante, y socios “menores” pero integrantes del centro del sistema en calidad de “corifeos” de aquellas. Las potencias rectoras, en los hechos, desempeñan el papel de “líderes” del mundo y se asocian en un “comando central”, integrado por EE.UU. + Gran Bretaña + Alemania + Francia, comando del cual los EE.UU. son su “comandante en Jefe”. Sus socios menores conforman una “segunda línea” de apoyo y seguimiento de las políticas del comando central: Japón, Canadá, Italia, Austria, Holanda. Aun cuando existen diferencias entre ambos niveles e incluso en el “comando central” lo esencial es el monopolismo financiero imperialista y sus planes y políticas de sojuzgamiento del mundo no desarrollado.
5) Aspecto distintivo importante de esta etapa es la de la subordinación a estos holdings monopolistas de los grandes grupos capitalistas interesados en la producción material (capital productivo) y que ahora absorben también a los modernos consorcios dedicados
(capital productivo) y que ahora absorben también a los modernos consorcios dedicados a los servicios (producción inmaterial).
6) El imperialismo monopolista financiero, propietario y administrador de billones y billones de u$s y de euros ha penetrado toda la sociedad burguesa y lo hace independientemente de los sistemas políticos y va más allá del Estado. Aun cuando éste no le signifique un obstáculo va más allá de él y lo supera, ha creado, sostiene y afirma instituciones políticas, jurídicas y económicas “supranacionales” que las presenta como “mundiales” y rectoras para el conjunto de la sociedad toda sin distinción de diferencias económicas, regímenes políticos ni de situaciones sociales. Pero esto no quiere decir que renuncie a esa condensación del poder “nacional” que es el Estado de sus propios países capitalistas más desarrollados. Incluso ante conflictos entre las entidades “supranacionales” y las “nacionales” terminan siempre predominando estos últimos. Pero en relación con los países periféricos los países del comando hacen valer a los organismos “supranacionales” dado que no es sino una prolongación de sus intereses mimetizados como “mundiales”.
4) De nuevo la cuestión del poder y del Estado
Su esencia como arma de clase
Sin analizar ni profundizar cuál es la esencia del Estado desde el ángulo del conflicto de clases no es posible entender de la realidad de la sociedad burguesa y su evolución. El Estado, y nunca estará de más volver e insistir sobre el tema que parece siempre estar en entredicho, es la concentración de los intereses centrales y comunes de las clases dominantes, que cuida, vigila y administra la sociedad y la producción en su favor. Pero es aún más. Cuando se agudizan los conflictos aparece sin tapujos su esencia clasista y al mismo tiempo su función de arma, de instrumento decisivo e insustituible para el mantenimiento del “orden” (statu-quo) establecido, por tanto para el mantenimiento y reproducción del dominio de las clases propietarias.
Lo anterior es extremadamente importante porque la cuestión de la “esencia” del Estado no pasa por repetir definiciones sabidas de carácter político o en dar explicaciones en el nivel de la filosofía de la Historia o señalar sus características “jurídico institucionales”, orientado al “ordenamiento” de la sociedad para mejor llegar a los resultados del “equilibrio” y la “paz” sociales puesto que su función es actuar como árbitro imparcial en medio de las “inevitables diferencias que toda sociedad muestra.
“Actualizar”, entonces, la cuestión del Estado significa “desacralizarlo”, “desmitificarlo” y sentar su crítica de manera concreta explicando y aclarando que no debe considerárselo como una especie de “naturaleza inconmovible”, como una institución por encima de las clases y único e irreemplazable ente rector del orden social burgués y que las instituciones que ha construido para objetivar su democracia (república ejecutiva, república parlamentaria, monarquía parlamentaria, etc.) son nada más que modalidades jurídico-políticas del dominio real de la burguesía.
Dos son las líneas que parecen abrirse paso en la literatura política actual sobre esta cuestión: 1) la que considera al Estado y su estructuras jurídicas plasmadas en Nación, como algo superado, algo correspondiente a la etapa de la modernidad surgida del Medioevo e instalada firmemente a partir del siglo XIX en la Europa occidental y desde allí “exportada” al resto del mundo. Esta realidad sería la de una “soberanía” declinante de aquellas Naciones-Estados hoy incapaces de regular los intercambios económicos y culturales. Este tipo de Estado es el que está siendo reemplazado por una “nueva forma
global de soberanía” en el nuevo espacio de la “globalización” y del capital transnacionalizado.
Se afirma además que “la globalización es un hecho y es fuente de definiciones jurídicas que proyectan una figura supranacional única de poder político” (Ver, “Imperio”, Negri-Hardt, H.U.P. p. 14) que lo verdaderamente nuevo consiste en que “Una nueva noción de derecho, o más aún, una nueva inscripción de la autoridad y un nuevo diseño de producción de normas e instrumentos legales de coacción que garanticen los contratos y resuelvan los conflictos” (Ibídem)
La otra posición es completamente diferente y sostiene que el Estado es siempre en todo tiempo y lugar un mecanismo de poder. Que la lucha por ejercer tal poder en los procesos sociales y políticos lleva a una situación de carácter perverso: antes era manejado por cierta clase que se oponía a cederlo, luego del cambio hay otra clase que se lo arrebató y lo maneja. Pero lo central es que sigue siendo un poder alejado de la realidad y necesidad de las masas. Aquí Estado y poder se identifican y se sitúan inevitablemente en manos de grupos y/o partidos que “reproducen” el poder para sí y no permiten el despliegue del poder de todos para todos. Síntesis: no se puede cambiar el mundo por medio del Estado… Éste es el desafío revolucionario a comienzos del siglo veintiuno: cambiar el mundo sin tomar el poder” (J. Holloway, “Cambiar el mundo sin tomar el poder”, Universidad Autónoma de Puebla, México 2002, pp.39-41) Pero ¿Cómo se puede cambiar el mundo sin tomar el poder? La respuesta es obvia: no lo sabemos” (¿¿??) (Ibídem, p. 43)
Estas concepciones demuestran no tener la menor idea del poder y del Estado, de cuál es el centro neurálgico en el que se deciden los negocios, las inversiones, las ganancias y las guerras por un lado, y la vida, la explotación, la miseria y la muerte para millones de trabajadores por el otro.