Titulo:

“Algunas consideraciones sobre el socialismo: rescatando a Marx”

Participantes: María José Espinosa; Alberto Menéndez[1]

País de origen: Cuba

Introducción

El sistema invisible tendrá su precio, su frontera y tamaño, su analogía: Dios le llaman algunos, otros comercio, mas para mí es el reino de todavía”.

Silvio Rodríguez 1996

Desde tiempos remotos, el ser humano tiene inquietudes y ganas de transformar. Al ser la única especie bio-social, tiene la capacidad de implicación en su pasado, presente y destino. Atendiendo a ello, pretendemos socializar nuestras inquietudes como personas y como aprendices de científicos en este modesto trabajo, que quiere sumarse a los otros puntos de partida que han desarrollado algunos terrícolas durante siglos sobre la cuestión de hacia donde es más “humano” transitar en nuestra historia común. La totalidad de las, hasta hoy, utopías, el socialismo o el comunismo, constituyen el terreno espacial y temporal de esta “investigación”. ¿Por qué hacerla?

En primer lugar, utilizamos mucho la lógica maquiavélica de los fines y los medios. Estos últimos son la vía para alcanzar los primeros. Por tanto, tener clara, o al menos aproximadamente clara la finalidad de algo, es condición imprescindible para poder determinar los métodos adecuados para su consecución. En este caso, y generalizando a un punto máximo, la finalidad es la ya mencionada totalidad socialista, y el medio que incluye millones de sub-medios es la revolución. Entonces, el “cómo” hacer una revolución necesita del “hacia donde” debemos y queremos ir. En segundo lugar, nos sumamos al criterio de muchos científicos que expresa que hacer teoría es una forma fundamental del ejercicio de la praxis revolucionaria. Además, esto lo reforzamos con la idea siguiente: los regímenes socio-históricos pasados han sido estudiados a posteriori, lo cual implicaría, si lo observáramos fríamente, que el socialismo debe ser estudiado y conceptualizado una vez que se desarrolle maduramente como totalidad. Pero la sociedad a la que aspiramos los revolucionarios de estos tiempos será la primera construida a conciencia, será el fin de la prehistoria humana y el comienzo de su historia, a decir de Marx, y, por tanto, los constructores deben tener claro que tipo de edificación desean. El salto cualitativo en la historia, entonces, debe serlo también en las concepciones sobre como hacer ciencia social. En tercer lugar, existe otra cosa que nos impulsa enormemente: la realidad, la contrastación empírica. Dedicándonos a observarla por solo momentos, logramos entender que algo no funciona, y lo más triste (en este caso da alegría si nos remite a empeños transformadores) es que los fallos, los retrocesos o los avances en vano tienen una explicación sistémica y no aislada, estructural y no coyuntural, permanente y no pasajera, es decir, que el cambio y la necesidad del esclarecimiento del fin y los medios son imprescindibles, no sólo necesarios. ¿Cuál es la realidad? Los países subdesarrollados contamos con un 85% de la población del planeta. Constituimos la inmensa mayoría de la Humanidad, y nuestros derechos e intereses no pueden continuar pisoteados eternamente[2]. 800 millones de personas (15% de la población mundial) están afectados por la subalimentación y 1300 millones se encuentran en pobreza absoluta. Todos los años mueren por hambre de 13 a 18 millones de seres humanos, 15 de los 17 millones afectados de VIH en el mundo pertenecen a países subdesarrollados, 950 millones de seres humanos (más de un tercio de la población adulta del mundo subdesarrollado) son analfabetos. En la actualidad hay más de 60 de estos países con graves conflictos internos, y cerca de 35 millones de refugiados y desplazados como consecuencia de ello.[3] Simplemente, aplastante.

 Aquí vendría otra pregunta: ¿es factible adelantarse a las situaciones histórico-concretas, las cuales determinan hasta las concepciones humanas sobre la realidad? Consideramos que en parte sí. Las resultantes de este tipo de investigaciones serían, a decir de la académica cubana Olga Pérez[4], las invariantes de esa totalidad, es decir, las cuestiones que son imprescindibles para su construcción y que además, son válidas ante cualquier situación concreta.

También creemos necesario aclarar que gran parte del trabajo serán preguntas o afirmaciones interrogativas. Como bien ha destacado Atilio Borón, es tan o más importante hacer las preguntas correctas que dar las respuestas correctas. Así, tenemos bien preparada la brújula antes de llegar a tierra, y con garantías de no quedarnos en el medio del océano.

En un primer momento expondremos brevemente las principales teorías que sobre desarrollo económico han sido escritas, como forma de demostrar la incapacidad que ha tenido la teoría hasta el momento para interpretar el fenómeno del subdesarrollo y por tanto para proponer una transformación real a la lógica del sistema. Vale destacar que estas teorías se hace necesario criticarlas de forma dialéctica pues no todo lo propuesto es descartable, es decir lo más viable sería la absorción de este paradigma desde la propuesta marxiana. Precisamente, en un segundo momento, realizamos un muy breve acercamiento al método dialéctico de Marx y a su enfoque de la totalidad como vías imprescindibles para pensar y hacer el socialismo. El tercer momento constituye un modesto aporte para la transformación, asumiendo la interpretación de un marxismo completamente renovado y renovador. Allí nos referiremos a propuestas que tratan de transformar la realidad del mundo excluido, aunque algunas de ellas serán más generalizadoras pues lógicamente las regiones subdesarrolladas están dentro del mismo planeta que las otras y comparten el mismo sistema socioeconómico, el capitalismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capitulo 1

Breve evolución de las ideas sobre el desarrollo

 “Somos prehistoria que tendrá el futuro, somos los anales                                                                remotos  del hombre, estos años son el pasado del cielo (…)

                               Quedamos los que puedan sonreir en medio de la muerte, en plena luz.”

Silvio Rodríguez`1970

Según Hidalgo Capitán 1998, el pensamiento económico sobre desarrollo sería el conjunto de elementos científicos en torno al concepto de desarrollo económico, que arrancaría desde el pensamiento mercantilista y llegaría hasta nuestros días; a diferencia de la economía del desarrollo que es la subdisciplina científica que se ocupa del estudio de los países menos desarrollados, es decir, de las condiciones, características y políticas de desarrollo económico de dichos países. Esta especialidad surge durante la segunda mitad del pasado siglo, luego de la Segunda Guerra Mundial.

O sea que la preocupación por el desarrollo económico analizado como riqueza, progreso, crecimiento, etc., no es exclusiva de los economistas pertenecientes a esta subdisciplina, sino que existe desde que en 1776 fuera publicada  “La riqueza de las naciones”.

En este capítulo se pretende hacer un breve esbozo de la evolución de las ideas sobre desarrollo económico, tomando en cuenta aquellas que son más utilizadas en la mayoría de los estudios sobre desarrollo, o sea las pertenecientes a la subdisciplina economía del desarrollo. De esta forma se evidencia su insuficiencia interpretativa del fenómeno del subdesarrollo y por tanto en términos propositivos.

Dentro de los primeros estarían los estudios sobre crecimiento económico, que identifican desarrollo con crecimiento.  Entre ellos la teoría de las etapas de  Rostow que plantea que el proceso de crecimiento económico es una sucesión de etapas por las que deben pasar todos los países, estas serían: sociedad tradicional, etapa de despegue, la etapa de marcha hacia la madurez y la etapa de alto consumo de masas. El modelo de Harrod-Domar que considera la inversión como variable clave del proceso de crecimiento; el modelo de crecimiento de Solow que aporta el papel de la tecnología al modelo de Harrod y por último las nuevas teorías de crecimiento que retoman el interés por el estudio del crecimiento económico a partir de la teoría de crecimiento endógeno con las contribuciones iniciales de Paul Romer y Robert Lucas.[5]

También están las teorías del desarrollo desde la teoría convencional. De ellas la teoría de los círculos viciosos que tuvo a sus principales representantes en Hans W. Singer, Ragnar Nurkse y Gunnar Myrdal. Un círculo vicioso es una situación en la que diversos factores están tan interconectados que en conjunto tienden a producir un estado de estancamiento del que resulta muy difícil salir.

Y por último la teoría del crecimiento equilibrado vs. crecimiento desequilibrado cuyos exponentes fueron Paul Rosenstein- Rodan, Ragnar Nurkse, Arthur Lewis, Hirschman y Tibor Scitovsky.

La tesis del crecimiento equilibrado más conocida es la de Rosenstein[6], quien sostiene que en los países subdesarrollados el mercado no es lo suficientemente grande como para reducir los riesgos de la inversión. La mejor solución sería un amplio programa de inversiones, de manera planificada, entre todas las industrias, financiado con capital extranjero que altere las expectativas, estimulando la demanda y la generación de infraestructuras al aprovechar la relación interdependiente entre las industrias y estimular así el crecimiento. [7]

Del lado del crecimiento desequilibrado, Hirschman se destacó por su crítica a la tesis de Rosenstein[8]. Considera que el desarrollo ha de llevarse a través de un conjunto de desequilibrios; un desequilibrio estimula otro y así sucesivamente. La inversión se promueve directamente, no a través del ahorro, sino del contagio directo. La clave, por supuesto, está en la inversión original que induce las inversiones posteriores.[9]

Las teorías anteriores se insertan dentro de la teoría de la modernización, que surge luego de la Segunda Guerra Mundial, hasta mediados de los años 60 y con algunas expresiones en la década de 1970. El objetivo de sus estrategias de desarrollo para los países subdesarrollados era la reproducción de los patrones de evolución económica de los países industrializados, hasta llegar a los niveles económicos de estos, por tanto tienen un carácter ahistórico.

Esquema I.1 Teoría de la modernización

Tomado de Lage, Carlos y Ricci, Giulio. Desarrollo Alternativo: síntesis entre economía política y política económica .2002

 

Otro grupo importante lo constituyen las teorías del desarrollo desde la periferia. En primer lugar la teoría  estructuralista que surge en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y no es más que el conjunto de estudios sobre desarrollo elaborados por CEPAL. Son los primeros en distinguir crecimiento y desarrollo y definen el desarrollo y el subdesarrollo en función de las diferencias de los factores estructurales y del progreso tecnológico. Esta teoría ha evolucionado hasta la actualidad y ha influído en la implementación de políticas en el continente latinoamericano.

En segundo lugar la teoría neomarxista  que es la única que ha visto el subdesarrollo como un problema del sistema económico y social imperante y su solución fuera de este. En ella se agrupan: la moderna teoría del imperialismo con Paul Baran y Paul M. Sweezy, la teoría del intercambio desigual, la toería de la dependencia neomarxista, la teoría del sistema mundial y la teoría de la desconexión de Samir Amin. Esta última es la única que ve los problemas de las economías subdesarrolladas como problemas del sistema y su solución fuera de él (tesis de la desconexión). Aunque sus propuestas se enfocan en transformar los organismos internacionales en medio de ese sistema que debe ser superado. (Lage y Ricci 2002)

Luego la teoría neoestructuralista, cuyo representante principal es Fernando Fajnzylber quien plantea que se debe lograr el dominio de la tecnología para compatibilizar el crecimiento con la equidad.[10]

En los últimos 25 años el pensamiento económico dominante ha comenzado a ser desafiado por nuevos desarrollos teóricos que buscan una comprensión más amplia de los fenómenos económicos. Durante los setenta cambió la noción de desarrollo hacia un desarrollo por la satisfacción de las necesidades básicas del hombre. Todo se debió al fracaso de las teorías de la modernización, y de la dependencia (estructuralista y marxista), para solucionar efectivamente el problema del subdesarrollo. A ello se unió también el auge de los movimientos sociales y religiosos en todo el mundo. (Lage y Ricci 2002)

Dentro del desarrollo alternativo se encuentran: el enfoque neoinstitucionalista, el desarrollo endógeno, el debate medioambiental, el Relatorio Uppsala, el debate en la ONU y el desarrollo humano.

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 2

 El enfoque marxiano de la totalidad: un arma para la transformación.

                                       “Propongo un sismo en la valoración, ahora que se inauguran las fechas de la acción.”

Silvio Rodríguez`1970

Todo lo analizado en el Capítulo 1 de nuestro trabajo hace referencia al pensamiento sobre el desarrollo desde diversas tendencias. Análisis y tendencias que se hace necesario criticar dialécticamente para poder llegar a las necesarias concepciones científicas sobre el camino a seguir y sobre la finalidad a alcanzar. Para todo ello es imprescindible rescatar al científico y revolucionario europeo Karl Marx, quien expresó con solo 27 años que la tarea de la ciencia y de los pensadores no era contemplar y entender, sino que iba más allá de ello, su punto culminante era la transformación de la realidad. Entender para transformar, bella filosofía humana. Desde las tesis de 1845 hasta hoy mucho se ha malinterpretado a Marx. El “moro” carga con dogmas en lo teórico y con el “oficialismo” estalinista, escandalosamente fracasado a fines del siglo XX, pero que se resiste en declarar inocente al alemán. ¿Por qué, entonces, decimos que Marx es básico para nuestro reto mayor? A eso dedicaremos este capítulo.

·        Un acercamiento al método científico de Karl Marx.

Según Néstor Kohan, criterio al cual nos adscribimos, el interés por el método es político[11]. Es decir, el método utilizado por Marx para explicar la esencia del sistema de relaciones que imperaba en Europa en el siglo XIX puede ser utilizado a la luz del siglo XXI por todos los que pretendemos destruir la hegemonía del capital y construir una sociedad fundada en verdaderos valores y con relaciones económicas e instituciones cualitativamente superiores a las negadas por la praxis revolucionaria.

¿Por qué el método? La obra científica de Karl Marx es fruto de una inusual combinación de genio científico y de rica historia del pensamiento, es decir, el genio surge en un momento en el cual la humanidad ha transitado por varios siglos de desarrollo muy amplio y profundo de la filosofía. La escuela clásica alemana con Kant, Hegel y Feuerbach al frente fueron su referente más cercano, aunque se destaca también la influencia de la filosofía griega (sobre todo Aristóteles), el racionalismo de Descartes y el empirismo inglés. El método dialéctico de Marx es un arma para entender y transformar, como habíamos expresado anteriormente. Este parte de asumir como objeto de la ciencia y de la transformación a la realidad misma. Es decir, lo que reflejan nuestros sentidos y que por demás es resultado de la acción del sujeto social es el objeto de estudio. A partir de esa realidad caótica y mediante un proceso por el cual se llega primero a una representación plena de ese caos, segundo a abstraerse y llegar a determinaciones simples (generales) y tercero a constituir “espiritualmente” una totalidad, la cual constituye la esencia, es decir, la objetividad real resultado de la investigación. Por tanto, siguiendo este método, es evidente que necesitamos ante todo representarnos la realidad actual, tal y como es, porque nuestro objetivo final es transformarla. Por eso se hace importante conocer lo que expusimos en el capítulo 1, ya que esas teorías son percepciones distintas de la realidad y que además transitan distintas vías (con distintos niveles de profundidad) para la proposición de soluciones. Nuestra propuesta ha de penetrar en la realidad hasta construir esa totalidad esencial, porque ahí se encuentran los hilos del poder, la hegemonía y el “tironeo” entre los verdaderos entes antagónicos. Más aún se justifica hacer esto en el mundo actual, en consecuencia a su enorme complejización y diversificación en los últimos 150 años. La cuestión de las clases sociales, de los tipos específicos de capitalismo, las cada vez más acentuadas diferencias en todos los ámbitos entre los llamados países desarrollados, etc, son ejemplos de lo planteado. El “retorno” en el método es para la exposición de lo investigado. El punto final del retorno es la realidad perceptible a nuestros sentidos pero ya fruto de su aprehensión total.

·        La cuestión de la totalidad. Su importancia hoy.

Este es uno de los temas menos debatidos cuando a Marx se refiere. La vulgata estalinista lo obvió completamente. Sin embargo, en conjunto con el método es, probablemente el mayor legado del pensador europeo. Un análisis y una transformación desde la totalidad: he ahí la solución. Ese punto de llegada de la investigación, el concreto espiritual, lo constituyen todos los elementos esenciales del objeto de estudio, abstraídos en su momento y enfocados en la totalidad después. ¿Cómo analizar la realidad capitalista diversa del siglo XXI sin saber que las relaciones de influencia y determinación de las partes son complejas y no unidireccionales? ¿Cabe pensar sólo una transformación en el plano de la economía? ¿Cómo se introducen ahí la cultura, la psicología y la historia, por sólo citar tres ejemplos? Por eso se hace imprescindible realizar día a día una relectura fresca y antidogmática de Marx. Para ello contamos con excelentes fuentes, nacidas desde la lucha revolucionaria: Gramsci, Dussel, Mariátegui, Ingenieros, Guevara, Kohan, Rubin, Borón, etc.

Por tanto, consideramos que el método dialéctico marxiano y el enfoque de la totalidad son armas de lucha, fluido vivo y necesario para la investigación científica de la transformación y una luz para la revolución.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 3

Una alternativa socialista incorporando el método marxiano y la visión de la totalidad.

                                          “Voy a cantarle al porvenir, y como es el porvenir, voy a decirle la verdad sin vacilar”

Silvio Rodríguez`1970

Esta, como es obvio, es la parte central del trabajo. Aquí damos nuestras consideraciones sobre cuáles creemos deben ser las invariantes de la sociedad futura, sobre el cómo poder pensarlas como cientistas sociales y cómo se relacionan con la construcción macro de la sociedad. El orden de las consideraciones es aleatorio y por tanto, es imposible buscarle una lógica interna de ordenamiento.

·        Racionalidad moderna y “racionalidad socialista”.

Queremos comenzar la exposición de nuestra propuesta por lo que consideramos constituye la esencia del actual orden de cosas y por tanto, aquella que debe ser negada desde el punto de vista dialéctico. Esta sería a nuestro entender la totalidad concreta espiritual, es decir, el resultado del entendimiento y de las abstracciones previas. Luego, la verdadera transformación de la sociedad comienza por esta totalidad.

La racionalidad moderna se resume, como cuestión más general, en maximizar el beneficio personal, utilizando para ello todos o casi todos los medios posibles. ¿Está mal que el ser humano actúe en concordancia sólo con su interés individual? ¿No es lógico que el punto a alcanzar esté definido por uno mismo? ¿Quién juzga mejor que el individuo lo que él quiere? Pensamos que el punto va un poco más allá. La racionalidad que es afín con toda una construcción del futuro es la de poner como interés supremo el de todos, que todos pensemos en los demás y que actuemos en concordancia con ello, pero es difícil pensar que eso lo hagan todos yendo en contra de sus intereses individuales. Por tanto, creemos que la transformación es más grande: se debe lograr que la maximización del beneficio como ser humano sea lograr responder a la sociedad y que este se sienta más feliz. Ese es el punto en el cual el interés individual contribuye al social y este último al primero. Ni es altruismo ni es egoísmo. Pero, ¿qué es beneficiar a lo social? ¿Qué beneficio maximizar? ¿Es completamente irracional pensar en el beneficio material?

Creemos que también va más allá. Aquí entra el concepto de la felicidad. Maximizar la felicidad social y con ella la individual es, a nuestro entender, el punto óptimo a alcanzar. Pero, ¿qué sería la felicidad? La felicidad necesita del consumo material indiscutiblemente, mas, ¿cuáles son los límites del consumo material? La finalidad, es decir, la felicidad, ¿debe estar subordinada en un alto por ciento a la búsqueda del bienestar material? Creemos  que no, y en parte se debe a la racionalidad en nuestra relación con los demás seres vivos y con los recursos naturales, y por otra está relacionado con la cuestión de una ética liberadora, que permita al ser humano su desarrollo y potenciación espiritual a un nivel nunca alcanzado. ¿Qué necesitamos materialmente para vivir digna y decentemente? ¿Cómo lograr que el desarrollo espiritual sea más determinante en nuestras vidas que el sobre-consumo material?

Es en estas cuestiones donde creemos se encierra un alto por ciento de la esencia de la actual situación y con ello la esencia de la sociedad futura. Las sociedades conocidas hasta ahora por el hombre han sido las de “dame para darte” (en el mejor de los casos, pues en otros es “dame porque yo quiero, y no te tengo que dar nada”). La sociedad futura debe tener como premisa individual y colectiva básica el “si para hacerte feliz tengo que darte aunque no puedas darme, entonces tómalo”. Para mí es:

Antes: la racionalidad moderna implica la sociedad del “yo primero”.

Después: el socialismo es la sociedad del “todos primero”.

Pero, ¿es que nos he vuelto unos individualistas metodológicos? ¿Caímos en la trampa de Confucio y de los neoclásicos de pensar que la sociedad es la sumatoria exacta de los individuos? No. Aquí volvemos a Marx. La sociedad es una totalidad única y diversa, la cual se condiciona y determina internamente a sí misma, con la interacción de todo con las partes y viceversa. Es verdad que las mejores personas (en apariencia) pueden y de hecho son parte de unas relaciones irracionales. Todo eso lo entendemos y lo aceptamos, y por tanto, estamos convencidos que la construcción macro social debe verse como totalidad y no cómo sumatoria de mónadas aisladas.

 Pero no es menos cierto que la individualidad es un subconjunto imprescindible de la totalidad. Nuestra reflexión interrogativa va en esta dirección: ¿no es condición necesaria que el individuo que construya la sociedad sea racionalmente opuesto al actual?

Este cambio en las concepciones y expectativas individuales tiene, según creemos, enormes implicaciones en el aspecto macro social. Por ejemplo: la optimización de los recursos materiales desde el propio nivel microeconómico. ¿Cómo se logra en la actualidad? Los incentivos para hacerlo parten del egoísmo y la competencia, imbuidos dentro de “leyes económicas” imperantes. Es decir, un empresario optimiza porque ese es uno de los medios fundamentales para ganarle al enemigo diario: su competidor, y con ello, “realizarse exitosamente” en esta sociedad. Nos queda claro que es necesario optimizar los recursos a la hora de garantizar la imprescindible producción material, sobretodo buscando la racionalidad en el trato con la naturaleza y con el propio trabajo de los seres humanos. Pero, ¿es ético que en la sociedad del futuro el medio para optimizar sea el hombre egoísta? ¿Cómo solucionar la contradicción que salta a la vista? En nuestra opinión se soluciona logrando que el “optimizador económico” sea feliz y tenga conciencia de su papel social al hacer esto. Y no solo se reduce al que es economista. ¿Cómo lograr que todos trabajemos bien? Sólo se logra si el trabajo es fuente de bienestar y liberación espiritual. Muchos dirán: ¿por qué complicarse tanto si los incentivos están? Aquí recordamos al protagonista de una película que marcó mis primeros años en la Universidad:”El juego de Arcibel”. Él decía algo como esto: los que valemos en este juego somos los que queremos el cambio verdadero, quienes buscan solo reformas o cambios pequeños no tienen el derecho a jugar, porque esos a la larga son iguales que los que no quieren cambiar nada. Nos resistimos  a creer que el sistema socialista sea a medias, es decir, un sistema con una distribución más equitativa pero que en sus bases éticas y filosóficas más profundas sea una continuidad de la hasta ahora historia humana. ¿Seremos tan mediocres como especie? Puede ser, pero los verdaderos revolucionarios son los que no se rinden. En resumen, un salto cualitativo en lo micro lo implica en lo macro, y además, lo creemos definitorio para hablar del verdadero comunismo.

·        El mercado

Muy ligado a lo anterior entra aquí una vieja discusión: ¿dónde queda el mercado? ¿Es factible y concordante con la nueva construcción?

Tenemos que empezar por definir lo mejor posible qué es el mercado. Según Lenin, el mercado es una organización determinada de producir y distribuir, definido claramente porque existen productores aislados y con intereses contrapuestos, por lo que para satisfacer las necesidades sociales se necesita de un intercambio de equivalentes, es decir, de un “dame una cantidad de algo que yo necesito para darte esa misma cantidad de lo que tengo que tú necesitas” (esto es una versión libre del concepto de Lenin). A nuestro entender, la definición es bastante esencial y completa, pues caracteriza de forma general lo que es una economía de relaciones de mercado. Por mucho que entendamos lo que constantemente el sentido común dicta, es decir, que el mercado es imprescindible en cualquier sociedad, porque contribuye determinantemente en la organización económica y en garantizar producción y distribución, nadie ha podido demostrarnos que no hay contradicción entre la concepción de un “hombre nuevo” en una sociedad cualitativamente distinta y las relaciones de intereses contrapuestos del mercado. Es decir, hay demostración empírica de su viabilidad, pero no hay demostración científica de que es compatible con el hombre nuevo. Entonces, pueden pasar dos cosas:

  1. El hombre nuevo es una utopía inalcanzable porque la sociedad de mercado es lo mejor que podemos tener (un second best) y por tanto, el socialismo tiene que ser a medias.

                                                                      ó

2.El socialismo y el hombre nuevo sí se pueden alcanzar y por tanto es imprescindible la desaparición del mercado como relación entre los seres humanos.

Con el tema del mercado el lenguaje es parecido. La producción y la distribución de bienes materiales debe ser parte de esa nueva racionalidad, de la liberación del ser humano. Si los intereses no son contrapuestos de verdad, ¿quién niega que los productores y distribuidores humanos quieran satisfacer las necesidades de sus coterráneos y se esfuercen al máximo para ello? ¿Acaso no es posible que el interés por la sociedad y el amor a los demás seres humanos sean “palancas del desarrollo de las fuerzas productivas” más fuertes que el egoísmo económico? ¿Bajo qué conceptos la antigua URSS logró desarrollar un país completamente destruido de la guerra en tan poco tiempo? El ser humano sí tiene potencial, pero es que la historia pesa mucho.

En este propio tema de las relaciones mercantiles hay algo medular dentro de la crítica que hace Marx en el siglo XIX a la escuela económica de la burguesía. Nos referimos a la cuestión del fetichismo de las relaciones mercantiles de producción. El fetichismo mercantil en general está expresando que el ser humano es objeto de sus propias relaciones, algo que es sumamente aberrante e irracional, pero que lo damos por sentado o lo excluimos casi siempre de nuestros análisis. ¿Es ético, que en una sociedad en donde se supone que el hombre cambia siglos de prehistoria sus relaciones sean enajenantes y alienantes? ¿Tendremos que vivir siempre siendo esclavos de lo que hasta hoy hemos “construido”? Consideramos que en el socialismo no deben haber relaciones enmascaradas, cristalizadas, creemos que el trabajo humano deberá presentarse directamente como lo que es, una fuerza liberadora, un medio para la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de la sociedad, y nunca como una representación indirecta mediante la realización de sus frutos en la institución mercantil. Es harto difícil pensar así, ya que la realidad es más dura que el modelo, y son imprescindibles condiciones especiales para dar este salto. Pero, así son los retos de la revolución socialista.

·        Algunas reflexiones hacia la articulación del desarrollo.

Existe una cuestión central dentro del propio tema de la economía, y es lo referente a la propiedad. Uno de los grandes legados de Marx fue llegar a descubrir en esta relación social una ley del movimiento de la sociedad (la lucha de clases, etc). Al final del tomo I de “El Capital”, el alemán enuncia que la propiedad privada capitalista será negada por la propiedad social.  Estos conceptos están enunciados con un alto grado de abstracción. Por tanto, la forma de concretar lo de la propiedad social quedaba a disposición de las generaciones posteriores a Marx. Evidentemente, cuando comenzaron a existir proyectos de construcción, fruto de la inexperiencia y de la falta de iniciativa lo que se tomó como forma de la propiedad social fue el estado. ¿Tiene este que asumir el papel de la “propiedad social”? ¿Ha podido el estado en los países que han intentado la construcción del socialismo reflejar que los recursos nacionales son de todos? ¿No pudieran existir formas de propiedad social verdaderas? ¿Por qué pensarlas al nivel espacial actual de un estado nacional? Estas pudieran ser más locales, o más supranacionales, en fin, que el concepto actual de estado queda pequeño ante el empuje de la nueva construcción social. Además, el estado que se ha instituido en los países en la vía del socialismo ha sido muy semejante estructuralmente al existente en la sociedad moderno-burguesa, por tanto, allí tampoco ha habido un salto cualitativo. Creemos que el estado no es el modelo óptimo de propiedad social. Además de la cuestión de la propiedad, ya entrando en asuntos fuera de la esencia, más en el plano de la articulación de políticas se encuentran aspectos como la política ambiental, la integración regional, la voluntad política, la entrada de los movimientos sociales en los gobiernos, el traspaso del poder a la base, la existencia de una nueva institucionalización alternativa a la “moderna”, el desarrollo del arte como expresión de la liberación del ser humano,  etc; elementos que dentro de un enfoque de totalidad posibilitarían la construcción del socialismo, sobretodo en los países que más lo necesitan y que actualmente más cerca están de las revoluciones: los países subdesarrollados.

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

·        Lenin, V.I. Obras Escogidas. Editorial Progreso, Moscú, 1961.

·        Meier, Gerald M. Leading issues in economic development. Oxford University, New York, 1995.

·        Hidalgo Capitán, Antonio Luis. El pensamiento económico sobre desarrollo. De los mercantilistas al PNUD. Universidad de Huelva, 1998.

·        Pérez Soto, Olga. Globalización y gestión del capital. Tesis de doctorado, Universitat de Barcelona, Barcelona, diciembre del 2002.

·        Carlos y Ricci, Giulio. Desarrollo Alternativo: síntesis entre economía política y política económica .2002

·        Castro, Fidel. La crisis económica y social del mundo. Sus repercusiones en los países subdesarrollados, sus perspectivas sombrías y la necesidad de luchar si queremos sobrevivir. Oficina de publicaciones del Consejo de Estado, 1983.

 

 


 

[1] Facultad de Economía, Universidad de la Habana, Cuba

Organizaciones:

Federación Estudiantil Universitaria (FEU)

Unión de Jóvenes Comunistas (UJC)

 

[2] Castro (1983)

[3] Lage, Carlos y Ricci, Giulio. Desarrollo Alternativo: síntesis entre economía política y política económica .2002

[4] Pérez, Olga. Pérez Soto, Olga. Globalización y gestión del capital. Tesis de doctorado, Universitat de Barcelona, Barcelona, diciembre del 2002.

 

[5] Entre las teorías del crecimiento endógeno se destaca en primer término la de Romer(1990), Aghion y Howitt (1992), Grossman y Helpman (1991), Jones y Manuelli (1990) y de Rebelo (1991), Lucas (1988), entre otros.

[5] Solow (1956, 1957)

 

[6] Teoría del gran impulso, expuesta en su artículo Los problemas de la industrialización en el Este y Sudeste de Europa (1943)

[7] Lage, Carlos y Ricci, Giulio. Desarrollo Alternativo: síntesis entre economía política y política económica .2002

 

[8] La estrategia del desarrollo económico (1959)

[9] Lage, Carlos y Ricci, Giulio. Ob. Cit.

 

[10] Industrialización en América Latina: de la “caja negra” al “casillero vacío”. Comparación de patrones contemporáneos de industrialización (1990)

 

[11] Kohan, Néstor. Marx en su tercer mundo (2002)