Titulo:
El Capitalismo y sus bloques imperiales violan los derechos humanos y destruyen la sociedad y la naturaleza
Participante: Roberto C. Grana[1]
País de origen: Argentina
La evolución del capitalismo ha atravesado, según mi criterio y el de otros autores, tres grandes fases:
1) La fase del capitalismo premonopolista de libre concurrencia, que se fue agotando al final del siglo 19.
2) La fase oligopólica imperialista, que se inicia a fines del siglo 19 hasta la década del sesenta del siglo veinte, con ocupación industrial creciente para la mayor parte de la población económicamente activa.
3) La tercera fase que aún continúa, se caracteriza por la alta concentración del capital financiero productivo y del capital excedente especulativo, [2] Asimismo, esta fase muestra un alto incremento de la exclusión de la fuerza de trabajo humana, generando un nuevo tipo de desocupación de carácter estructural y una agresión inédita, por su magnitud, contra la naturaleza.
Los bloques imperiales de esta fase del capitalismo resuelven su competencia con incorporación permanente de tecnología de punta, con exclusión laboral, marginación y pobreza en los países subdesarrollados, y superexplotación de los trabajadores, las naciones pobres y la naturaleza. El capitalismo en su expresión actual, es la culminación de una concepción lineal que concibe a la historia de la humanidad y la evolución de la tierra y el universo como un proceso sostenido, continuo y ascendente, desde formas más simples a formas más complejas, en el cual la voluntad humana, apoyada en su razón omnipotente, no tiene límites. Todos los problemas del presente y del futuro: físicos, económicos, naturales, según esta concepción, se resolverán con los avances de la tecnología. Esta concepción ideológica se contradice con el conocimiento y la experiencia reflexionada de la astronomía, la física, la biología, la historia política, social y humana, que siempre se enfrentan con límites sociales, planetarios o cósmicos.
La cultura burguesa dominante, desde su ascenso, ha ido ubicando en función dominante y en la cúpula escalar de valores al beneficio económico y al fin de lucro, estimulados por una concepción de bienestar reducido al consumismo y al progreso técnico. Francis Bacon, con propósitos más loables que sus ideólogos y ejecutores actuales, es uno de los primeros pensadores, que introduce el concepto sobre que el fin del conocimiento es la utilidad individual. A partir de este criterio, que en su época se proponía enfrentar el absolutismo feudal y lograr mayor bienestar, se desarrolló la noción de libertad económica individual sin límite.
La oposición al estado keynesiano desde una perspectiva neoliberal, inicia su elaboración teórica desde principio de la segunda mitad del siglo veinte. Entre los pensadores más destacados podemos citar a Friederick Hayeck con su obra: ”Individualims and economic order” editada por Chicago University, Press,1948. A Ludwig Von Mises de nacionalidad alemana, a Whilhelm Röpke que formula la economía social de mercado que es aplicada en Alemania después de la segunda guerra mundial.[3] Estas personas congregan a otros intelectuales conocidos como Karl Popper, Luigi Enaudi y fundan, en 1947, la Sociedad Mont Pélerin, en donde se le comienza a dar forma al nuevo ideario neoliberal.
En Estados Unidos de América, con el gobierno de Dwihgt Eisenhower, entre los años 1953 y 1961, se hacen los primeros intentos de ejecutar la nueva concepción neoliberal, pero la misma comienza a consolidarse con la escuela lmonetarista de Milton Friedman, que criticó el pensamiento de Keynes, afirmando que la buena marcha de la actividad económica, no se debe a la variación de la inversión para atender a un aumento del poder adquisitivo, sino a la precisión del cálculo sobre la masa monetaria ofertada. Entre sus consejos estaba abolir la seguridad social para salir del retroceso económico. La escuela de Chicago en defensa, también como Milton Friedman, de la conservación del sistema capitalista, afirmó la necesidad de retornar a la concepción del mercado como único regulador de las relaciones económicas y sociales. Los ejes teóricos de la teoría neoconservadora y neoliberal fueron y son: atacar toda planificación estatal, retornar al mercado como único regulador, privilegiar el avance de la cultura individualista, enfrentar el peligro de los movimientos de liberación nacional y social, abolir las reformas sociales y laborales, etc.
Hay que reconocer que en la década del 60 y la primera mitad de los años 70, los sectores gobernantes de los países centrales y los grupos capitalistas financieros hacían frente a graves problemas, no solo de orden económico, sino también de carácter político, como fueron: Las nuevas revoluciones de liberación nacional y social en Africa, Asia y América Latina; la caída del sistema colonial; el aumento de la protesta obrera y social en los países del capitalismo desarrollado; la revolución china; la revolución cubana, y la derrota de Estados Unidos en Vietnam, fueron algunos hitos de esa histórica ofensiva liberadora.
Esta situación política internacional, sumada a la protesta social en sus países, la suba del precio del petróleo y de otras materias primas, hacía que el capitalismo y sus imperios estuviesen frente a una aguda crisis política, social y económica. Crisis global que fue generando nuevas propuestas y configurando un nuevo modelo socioeconómico con mayor autonomía de los condicionamientos externos: mano de obra, energía y otros insumos. Ante esos problemas, desde hace varias décadas, la gran burguesía financiera le fue dando forma a una política global y aun nuevo modelo de funcionamiento del sistema, que les permitió salvar las dificultades críticas que frenaban el desarrollo capitalista en los países centrales, como eran: la crisis de dominación social, la escasez y costo de las materias primas, la limitada disposición de mano de obra calificada, la demanda cada vez mayor de energía, el déficit estatal creciente debido a la utilización parasitaria del estado por los monopolios, que trataban así, de contrarrestar las tendencias crecientes a la caída de la cuota media de ganancia, el incremento de la inflación y la recesión. Conjunto de problemas que ponían en peligro su dominio político en diversas parte del mundo.
En la reunión tricontinental reunió a E.U.A., Europa y Japón y posteriormente el consenso de Washington se planificó como ejecutar estas políticas neoconservadoras, de libre mercado y democracias formales, en los países de menor crecimiento económico. La inteligencia de la gran burguesía financiera e imperial aprendió de esa realidad y lanzó su contraofensiva neoconservadora y neoliberal con graves consecuencias sociales, culturales y naturales, particularmente en los países periféricos. Los avances científicos - técnicos, patrimonio de la humanidad, logrados en la industria espacial y de armamentos se trasladaron a la producción de bienes de consumo y de servicios, lo que originó un nuevo cuadro de situación con expansión de la energía termonuclear, la globalización y variedad de la comunicación mediática, la sustitución de materias primas naturales por materiales sintéticos, el desarrollo de la biotecnología y el reemplazo del trabajo humano por la computación, la automática y la robótica. Cambios en los procesos productivos, que unido a nuevas formas de organización del trabajo y de los mercados elevó la productividad del trabajo, y sustituyó las fuentes de materia prima y de energía tradicionales.
La fusión de la ciencia y de la técnica con la producción, los servicios y las comunicaciones. El uso de la energía nuclear para fines pacíficos, la incorporación de las nuevas tecnologías informatizadas y la aparición de los materiales sintéticos, han originado una elevada concentración del capital financiero y del conocimiento, una nueva división internacional del trabajo, la transnacionalización de las diversas fases de los procesos productivos, el desarrollo de los mercados regionales, la centralización de la dirección y de las decisiones empresarias y políticas, con una fuerte tendencia a la uniformidad cultural, a la marginación social y a la explotación sin límites de los bienes naturales.
Ya Carlos Marx en su época observaba, analizaba y preveía estas tendencias:
Al analizar la centralización del capital, dice: ”El sistema de apropiación capitalista que brota del régimen capitalista de producción, y por tanto la propiedad capitalista es la primera negación de la propiedad individual, basada en el propio trabajo.” ... “Paralelamente con esta centralización del capital o expropiación de muchos capitalistas por unos pocos, se desarrolla en una escala cada vez mayor la forma social del proceso de trabajo, la aplicación técnica consciente de la ciencia, la explotación sistemática y organizada de la tierra. ... la absorción de todos los países por la red del mercado mundial y, como consecuencia de esto, el carácter internacional del régimen capitalista. Conforme disminuye progresivamente el número de magnates capitalistas que usurpan y monopolizan este proceso de transformación, crece la masa de miseria, de la opresión, del esclavizamiento, de la degeneración, de la explotación ”. [4] “La centralización complementa la obra de la acumulación,... Ya sea este resultado consecuencia de la acumulación o de la centralización y ya se opere ésta por vía de la violencia, en forma de anexión... o mediante la fusión de una multitud de capitales ya formados o en curso de formación.”... “Pero es evidente que la acumulación. ... es un proceso harto lento, comparado con la centralización, a la que le basta con modificar la agrupación meramente cuantitativa del capital social.” [5]
El modo de producción dominante, nuevamente, resolvía sus problemas a un alto costo socio - ambiental, produciendo un impacto trascendente en la ocupación, la naturaleza y las comunicaciones, haciendo crecer los peligros para el hombre y su ambiente, y ubicando en una situación más vulnerable la relación de la sociedad humana con la naturaleza. Los políticos más conspicuos en la ejecución de esta concepción ideológica de extrema derecha han sido o son Margareth Thatcher, Ronald Reagan, George Bush, y en la Argentina Carlos S. Menem.
La revolución tecnológica tiene aspectos positivos para el hombre, imposible de desconocer y ofrece posibilidades imprevisibles para el futuro, pero sería suicida, no reconocer que la dirección política y económica actual pone en serio riesgo ese mismo futuro de la vida en la tierra. Un tercio de la población mundial, es la más gravemente perjudicada por este proceso denominado globalización, con incremento de algunos males tradicionales y la aparición de otros: se cierran fuentes de trabajo, surge la desocupación estructural, aumentan las viviendas precarias, decae la atención de la salud, reaparecen epidemias que se habían eliminado y se extienden otras, se elevan los índices de desnutrición y mortalidad infantil, descienden los niveles de educación y se multiplica la niñez abandonada.
Asimismo, la nueva división del trabajo y sus funciones en este reordenamiento planetario demanda a nuestros países ser receptores de las industrias sucias y depositarios de residuos tóxicos y nucleares. Este proceso incrementó el aumento de la rentabilidad y la concentración del capital, pero simultáneamente, en Asia, Africa y América Latina, genera el crecimiento exponencial de la agresión bélica, la desocupación, la pobreza, la indigencia, el hambre, la falta de servicios básicos, las enfermedades físicas y psíquicas, la mortalidad infantil, el analfabetismo, la deserción escolar, la niñez en situación de riesgo, las adicciones, la violencia social y familiar. Ya entre 1982 y 1990 la transferencia neta de recursos de los países de América Latina hacia el exterior fue de, aproximadamente, 230.000 millones de dólares. La expropiación y el endeudamiento, se han multiplicado en la última década del siglo veinte.[6] En América Latina, aquellos movimientos y personalidades que desde el gobierno resistieron estas imposiciones imperiales, y continuaron o iniciaron proyectos nacionales y de reformas sociales fueron derrocados o bloqueados. Algunos ejemplos son: el Presidente de Guatemala Jacobo Arbenz, que iniciaba profundos cambios económicos y sociales, fue destituido en 1954. En la Argentina se llevó a cabo el golpe de estado del 16/09/1955 contra el gobierno constitucional de J. D. Perón. El Bloqueo a Cuba ordenado por Norteamérica en 1962, se mantiene hasta la actualidad.
El presidente de Chile Salvador Allende abanderado del socialismo con libertad y democracia pluralista, es derrocado y asesinado el 11/09/1973. El Presidente de Perú General Velazco Alvarado es desplazado del poder el 29/08/1975 por una nueva junta militar, que privatiza las empresas extranjeras que habían sido nacionalizadas, anula la reforma agraria y la reforma educativa que establecía aprender también en quechua y aimará. Velazco Alvarado fallece en 1977. El Presidente de Bolivia Juan José Torres fue depuesto por un golpe militar y asesinado en 1976. En la Argentina para frenar al movimiento obrero y popular en ascenso, se produce el golpe de estado del 24 de marzo de 1976. Los acontecimientos en Argentina, a partir de 1976, con la política económica de la dictadura militar y el genocidio que la sostiene, y posteriormente, el proceso de desindustrialización acelerado, la entrega del patrimonio nacional, la agudización de la crisis social y ética, el incremento de la corrupción estatal y de bandas mafiosas, que con mayor intensidad se da en la década del noventa, muestran a nuestro país, como un ejemplo tipo de la tragedia que significa para los pueblos, la acción del capitalismo y sus bloques imperiales y la aceptación por parte de los gobiernos nacionales de sus políticas neoliberales, imposiciones y negociados.
Asimismo continúa el incremento de la deforestación, la erosión y la desertización; la contaminación de las aguas marítimas, fluviales y lacunares; la pesca irracional y la extinción de especies; la emisión de gases, la polución atmosférica y el efecto de invernadero, la persistencia de querer transformar algunos países en basureros de residuos tóxicos y nucleares, y otros problemas naturales de origen antrópico.[7] Este diagnóstico, nos permite comprender los antecedentes de los problemas de nuestra época. Es evidente, que algunos ejes propulsores de esta crisis civilizatoria y ecológica se encuentran en el individualismo pragmático, el materialismo consumista, la centralización del poder sobre las cosas y sobre los hombres, las relaciones de dominación y dependencia personales, locales, nacionales e internacionales, y el formalismo democrático.
La nueva situación mundial con amplia hegemonía de una oligarquía financiera especulativa transnacional y con el sostén y apoyo de los estados más poderosos, agudizó esta crisis civilizatoria, y pone a la humanidad al borde de peligros mayores, y de fuertes tendencias culturales vinculadas a: la aceptación o naturalización de genocidios humanos, y destrucciones de la naturaleza.[8] Esta extensión de la “globalización” económica, de las comunicaciones y de la injerencia política y militar de Estados Unidos de América ha generado el fenómeno denominado la “crisis de fin de siglo”.
Es interesante, para finalizar, citar palabras de Lester Thurow un defensor del sistema capitalista alarmado por las consecuencias futuras:
“Los problemas del capitalismo que eran evidentes desde su nacimiento, la inestabilidad y la desigualdad creciente, todavía esperan ser resueltos, pero lo mismo pasa con una nueva serie de problemas que surgen de la creciente dependencia del capital humano y de las industrias basadas en la capacidad intelectual” “La tecnología y la ideología están sacudiendo los cimientos del capitalismo del siglo XXI. La tecnología está haciendo de las habilidades, el conocimiento las únicas fuentes de ventaja estratégica sostenible; inducida por los medios electrónicos, la ideología se está desplazando hacia formas radicales de consumo a corto plazo precisamente en el momento en que el éxito económico depende de la disposición y aptitudes para hacer inversiones sociales de largo plazo en habilidades, educación, conocimiento e infraestructura. Cuando la tecnología y la ideología comiencen a separarse, la única pregunta que cabrá formularse es cuando será el gran sismo: el terremoto que hará tambalear el sistema”. [9]
El modo de producción capitalista, en su fase imperial de exclusión, como hemos podido observar viola derechos humanos fundamentales como son: a una subsistencia digna, a la protección social, a un ambiente apto, sano y agradable, al trabajo, a la salud, a la educación, a la recreación, a la participación democrática en las decisiones políticas, a la identidad y a la libertad, entre otros.
Bibliografía Consultada:
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Documentos consultados:
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PNUMA: Informes de programas sobre el medio ambiente. Informes varios.
[1] Biólogo, Ecólogo. Dr. en Psicología Social. Estudios de economía política, dialéctica de la naturaleza y filosofía en el Instituto de Ciencias de Moscú. Profesor titular e investigador universitario categorizado 1 (uno) por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación.
[2] Nota: Por cada dólar que se emplea en el comercio mundial, 100 dólares se emplean en operaciones especulativas que nada tienen que ver con la economía real.
[3] Alvaro Alsogaray, es el divulgador principal de la economía social de mercado en la Argentina durante la década de 1970.
[4] MARX, Carlos, El Capital. Editorial Cartago, Buenos Aires, 1956, Tomo 1, p.611
[5] Ibídem, T. 1, pp.505-506
[6] Cf. Anexo: Cuadro N° 13, p. 119 Cf. Grana Roberto, ¿Ecodesarrollo humano o Capitalismo e Imperios. Buenos Aires, Espacio Editorial, diciembre de 1994.
[7] Cf. Grana Roberto, opus cit. Anexo: Cuadros N° 14, 15 y 16, p. 120
[8] Las agresiones bélicas o el estímulo de las mismas en medio oriente, el golfo pérsico y Afganistán, etc, , de parte de Estados Unidos, así como la negación de G. Bush Jr. a convalidar el protocolo de control de emisión de gases, elaborado en la reunión de Kyoto, representan algunas pruebas de los peligros señalados.
[9] THUROW, Lester: “El futuro del capitalismo”. Javier Vergara Editor. Bs. As. 1996. p.43.