Titulo:

Migraciones: ¿a quien beneficia?

Participante: Oscar Natalichio[1]

País de origen: Argentina

 

Para abordar el tema de la migración es necesario definir previamente en qué consiste, o qué contempla, el término en cuestión. Nuestro diccionario define a “migración” como “desplazamiento o movimiento de población de un país a otro por causas económicas, sociales o políticas”.  Se aceptan como sinónimos las siguientes palabras: emigración, a la que define como “Conjunto de habitantes de un país que trasladan su domicilio a otro por tiempo ilimitado o, en ocasiones, temporalmente”, y la considera como que uno abandona su país voluntariamente para establecerse en otra nación, a diferencia de desterrar, que tiene lugar cuando los poderes públicos echan a una persona de su tierra o expatriar, cuando se abandona la patria por necesidad o motivos graves. Inmigrar, que se refiere al natural de un país que llega a otro para establecerse en él, especialmente con idea de formar nuevas colonias o domiciliarse en las que ya se formaron. Y éxodo, que significa “Emigración de un pueblo o de una muchedumbre de personas”

 

En mi opinión, ninguna de estas definiciones contempla lo que representa el fenómeno de desplazamiento de tantas personas. Tantas, que si las reuniéramos, constituirían el quinto país poblado del mundo de los 226 países y estados registrados, a continuación de Indonesia (242.0 millones) y antes que Brasil (188.1 millones), al superar ya, los desplazados, los 200 millones de personas. Se hace, pues, necesario profundizar aún más sobre lo que contiene el concepto migración, y determinar un elemento común independientemente de la razón por la que tuvieron que cambiar de país, y para ello considero necesario desarrollar el siguiente razonamiento:

 

Casi la totalidad de los países que registran gran cantidad de migrantes están atravesando su historia dentro del modo de producción capitalista. No interesa, en el desarrollo de este análisis, determinar si se trata de un capitalismo subdesarrollado y dependiente o de un capitalismo desarrollado y dominante, aunque ello no significa desconocer las diferencias ni desconocer que la mayoría de los desplazados provienen del primero de los grupos.

 

Afirmar que la gran mayoría de esos países están atravesando la etapa histórica del modo de producción capitalista nos permite utilizar, para avanzar en el análisis, la ecuación más simple referida al modo de producción capitalista, ecuación en la que se concentra todo lo que este sistema es y significa. Se trata de D > M > D`, desarrollada por Carlos Marx, donde D es el dinero anticipado por el capitalista, dinero que se constituye en Capital Monetario, que va a ser utilizado para desarrollar una actividad productiva (o de servicio), actividad en donde se crea una nueva mercancía (M) con el único y exclusivo objetivo de obtener, mediante su venta, la recuperación de la D inicial, es decir, la recuperación del Capital Monetario inicial invertido, más una ganancia o plusvalía (D´).

 

Con esa D inicial, es decir, con ese Capital Monetario se compran las tres cosas que son necesarias e imprescindibles para producir una nueva mercancía. Mercancía, es necesario aclararlo, que debe poseer un Valor de Uso, es decir, mercancía que sea capaz de satisfacer una necesidad social, condición fundamental que debe cumplirse para que ella pueda ser vendida, es decir, para que pueda poseer, simultáneamente, un Valor de Cambio que va a expresarse en la acción compra-venta, en el mercado, en un Precio que muchos están dispuesto a pagar con Dinero para obtenerla. El capitalista recoge ese Dinero y repite el circuito. Y lo repite ampliándolo, es decir, lo reproduce, en general, incrementando con parte de la ganancia o plusvalía la D inicial. Es un incremento del capital, más específicamente es un incremento del capital monetario que el capitalista logra convirtiendo parte de la plusvalía (parte del trabajo no pago) en capital.

 

Tres son las cosas que el capitalista adquiere con la inversión inicial, con la D inicial: a) herramientas, maquinarias e instalaciones donde se van a producir las nuevas mercancías y cómo se van a producir (medios de trabajo como Capital Fijo): b) la materia prima y materiales que las nuevas mercancías van a incorporar, a materializar en su contenido físico (cosas que van a ser objetos del trabajo como Capital Circulante) y c) la fuerza de trabajo comprada al trabajador a cambio de un salario, que también se materializa en la nueva mercancía y se va con ella.(de allí que a estos dos últimos conceptos se los señale como Capital Circulante). 

 

Los lectores de esta ponencia pueden realizar el siguiente ejercicio: observar todas las cosas que nos rodean, todas las cosas que poseemos y también todas las cosas que no están próximas pero que sabemos existen; podemos también recordar las cosas que ya no existen e imaginar las que existirán. Todas esas cosas, absolutamente todas, están compuestas por sólo dos elementos que pueden considerarse comunes a todas ellas, por más diversas que sean esas cosas. Elementos tanto presentes en una lapicera como en un tren, en un libro como en un avión, o en un zapato como en una heladera. Esos dos elementos comunes a todos son: materiales extraídos originalmente de la naturaleza y fuerza de trabajo aplicada por el trabajador sobre ellos en diversas etapas. Fuerza de trabajo física e intelectual, es decir, gastos de energía muscular y cerebral, directa e indirecta, simple y compleja; fuerza de trabajo utilizada para transformar esos materiales (de origen común pero de variadas composiciones), a través de distintos procesos, en esas nuevas cosas que todos vemos, poseemos, recordamos e imaginamos. Los materiales de la naturaleza están en ella varios miles de millones de años antes de que la vida humana surgiera en el planeta, lo que significa simplemente eso, allí estaban, a la espera de que seres superiores aplicaran sobre ella su fuerza de trabajo para transformarlos en algo socialmente útil para esos mismos seres superiores. Esta claro que esos materiales no pueden poseer valor, esta claro que están allí para que los seres superiores del reino animal se apropien de ellos. Y queda más claro, entonces, que lo único que puede otorgarle valor a esas cosas que con esos materiales de la naturaleza se construyen, es la fuerza de trabajo aplicada sobre los mismos en cada etapa de la producción. La cantidad de fuerza de trabajo utilizada es lo que le da el valor a las cosas. Por eso un avión posee más valor que una lapicera, solamente por eso.

 

¿Qué tiene que ver lo desarrollado hasta ahora con el desplazamiento de personas? Mucho. Pues los seres humanos (y los migrantes son seres humanos) son propietarios y portadores de la mercancía más valiosa. Llevan consigo, como propiedad privada, esa mercancía, que es la única mercancía capaz de generar nuevos valores, es decir, capaz de generar nuevas riquezas. Son los propietarios de la mercancía fuerza de trabajo, una de esas tres cosas que compra el capitalista con el capital monetario, con la D inicial.

 

Es necesario aceptar esta realidad, porque cuando estamos hablando de migración estamos hablando también de exportación de esa mercancía, estamos refiriéndonos a una exportación que no es registrada en las estadísticas como tal y que genera una deuda nunca cobradas por el país exportador de esa mercancía. Se trata de la exportación de la más valiosa de las mercancías, de la única, repito, que es capaz de generar nuevos valores, nuevas riquezas. Y nadie la registra por el valor que genera, ningún estudio hace referencia a ella. Se la ignora y por ende las conclusiones que los organismos internacionales efectúan sobre la migración sólo pueden servir (y no siempre) para observar y conocer fenómenos secundarios.

 

Adicionalmente debemos agregar que el que porta esa mercancía es el que la vende, y por su venta percibe un precio que suele denominarse, generalmente, salario. Y ese salario es, aproximadamente, un 30 % del nuevo valor que genera, lo que significa que alguien se apropia de la diferencia, es decir, ese alguien se apropia del otro 70% restante, legalmente las más de las veces, ilegítimamente, siempre.

 

Con relación a la compra-venta de fuerza de trabajo podemos afirmar que en todos los países capitalistas sucede lo sintetizado en el párrafo anterior, en mayor o en menos grado, pero en la migración ese 70% queda en el país donde se radicó el migrante, por ende, incrementa la riqueza del capitalista de ese país y no del suyo. Este razonamiento es simple, pero es un razonamiento científico (y por ende real) que permite demostrar, por ejemplo, que no es correcto el papel que suelen otorgarles a las “remesas familiares de los migrantes” muchos organismos financieros y economistas, que consideran a las remesas como un factor de desarrollo y reducción de pobreza en los países receptores de las mismas. Todo lo contrario, se trata de un despojo mayúsculo y a la vista de todos, simplemente no lo consideran ignorando el valor que generan los migrantes, no computando ese fenómeno considerando que no integrarlo al análisis es equivalente a “no existe”.

 

El siguiente cálculo ayudará a explicar mejor lo expresado en los párrafos anteriores:

 

Para el año 2005 los latinoamericanos residentes en los Estados Unidos superaban a 20 millones de personas, de las cuales algo más de dos tercios, es decir, 14 millones constituían la denominada población económicamente activa (PEA). Las remesas que esas personas enviaron a sus familiares en el 2005 superaban los 53.600 millones de dólares (aproximadamente unos 3.700 dólares anuales por cada trabajador migrante activo o 2.800 dólares por cada migrante, trabaje o no).

 

Con relación a los ingresos es necesario remarcar que el salario nominal del migrante es siempre superior al salario que ese mismo migrante podría percibir si contase con empleo en su país de origen; que el salario real también lo es, aunque en mucha menor proporción, pero el salario relativo, es decir, la porción que le corresponde de la riqueza creada es, en el país radicado, menor a la que obtendría si tuviese trabajo en su país de origen. En otras palabras, es más explotado en los EEUU que en su país de origen, aunque no lo perciba así.

 

Los salarios promedios de los trabajadores migrantes  en los EEUU son de aproximadamente 25 mil dólares anuales mientras que el del trabajador nativo es de 33 mil dólares anuales, para el mismo tipo de trabajo. (El salario medio de todos los trabajadores, nativos y migrantes, en los EEUU fue de 42.028 dólares año en el 2005). Sólo con estos datos podemos ya afirmar -sin la menor duda- que el trabajador latino le genera al contratista local una cuota de plusvalía mayor que la que dicho contratista obtendría si contratara a un trabajador nativo como puede observarse en el Cuadro 1.

 

La población ocupada que cobra salarios en los EEUU es de 138 millones de personas (46% sobre un total de 298,4 millones de habitantes) y el total de los remuneraciones por tal concepto es de (año 2005) 5.796.000 millones de dólares equivalentes a un 43,8 del PIB (que se registró por 13.232.900 millones de dólares), lo que nos está indicando la existencia de una plusvalía media total del 130%. Promedio que está encubriendo, como sucede en general con los promedios,  su real dimensión pues, por ejemplo, 300 mil personas, integrantes minoritarios del decil más alto de la población perciben ingresos (no salarios) equivalentes a los de 150 millones de personas ubicadas en los deciles menores (trabajadores nativos y migrantes de los EEUU).  

 

Aceptando que la plusvalía es del 130%, lo es para un salario medio de 42.028 dólares anuales, salario éste que es 1.7 veces superior al salario promedio que percibe el migrante estimado en 25.000 dólares anuales (El salario mínimo es, en EEUU -hasta diciembre de 2006 lo seguía siendo- de U$S 5.15 la hora, aproximadamente 10 mil dólares anuales y considerando que datos de CEPAL indican que existe un 15% de migrantes en cuyos hogares, trabajando más de uno, ingresan más de 75 mil dólares anuales, debemos deducir de que millones de trabajadores deben estar trabajando por salarios muy próximos al mínimo señalado, en especial los 9 millones de indocumentados). Podemos entonces considerar que el salario del migrante genera más plusvalía que la media y por ello afirmar que dicho salario equivale a un 30% del nuevo valor que genera en el país donde se trabaja. Intercalado ese porcentaje sería del 26% pero el nuevo valor que se produce surge predominantemente de actividades donde no se utiliza alta tecnología como ser servicios, construcción y agricultura, de allí que en el ejemplo se lo estime en un 30%

 

Existen estadísticas que confirman lo señalado pues muestran que el promedio anual de ingresos del migrante latinoamericano es de 24.000 dólares al año. (El Censo Nacional de Población de los EEUU le otorgaba para el año 2000 un ingreso promedio de 22.931 dólares al hombre y 20.245 dólares a la mujer). Teniendo en cuenta que los caribeños superan el promedio de esos ingresos podemos considerar razonable asignar un ingreso promedio para el migrante de Latinoamérica y el Caribe de 25 mil dólares anuales, confirmando lo señalado en párrafos anteriores.

 

Los trabajadores migrantes de América Latina y el Caribe representan el 10.1% de la población económicamente activa de los Estado Unidos (14 millones de personas sobre 138); producen el 8.8% del PIB (1.166.200 millones de dólares sobre 13.232.900) y perciben como “retribución” el 6.0% del total de los salarios (350.000 millones de dólares sobre 5.796.000)

 

El estudio nos permite deducir que cada trabajador migrante promedio produce anualmente nuevos valores equivalentes a 83.300 dólares percibiendo por ello sólo 25 mil. Y que los 14 millones de trabajadores producen, como señalamos en el párrafo anterior, nueva riqueza global por 1.166.200 millones de dólares (83.300 x 14.000.000), percibiendo por ello una parte de sólo de 350 mil millones (25.000 x 14.000.000) como salarios, de esa “parte” remesan a sus familias 53.6 mil millones (según datos año 2005 del BID, CEPAL y otros). Si ustedes recurren a uno de los trabajos más completos (y contradictorios) sobre Migración Internacional, realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), publicado en agosto de 2006 e impreso en Naciones Unidas, observarán que datos mencionados en esta ponencia son coincidentes con los de dicho estudio, no así las conclusiones.

 

Lo real es que los latinoamericanos que “viven” y trabajan en los EEUU le agregan inicialmente a los empresarios de ese país vía plusvalía, riquezas anuales netas por 816.2 mil millones de dólares, pues esos trabajadores generan los mencionados 1.166.200 millones y perciben por ello –como salarios- sólo 350 mil millones; Y decimos inicialmente pues de esos 350 mil millones los trabajadores gastan (consumen y aportan impuestos), en ese país, por 296.4 mil millones, el 85% del salario y remesan a sus familias 53.6 mil millones (15% de lo que perciben como salario bruto). Esos 53.6 mil millones representan, apenas, el 4.6% de la riqueza que esa fuerza de trabajo generó.

 

Interesadamente, lo único que destacan los organismos financieros y los economistas que giran alrededor de ellos es “lo importante que significa el envío de remesas al país de origen”, es decir, lo “importantísimo” que significa ese 4.6% despreciando analizar el otro 95.4%.

 

Complementando esa farsa, los organismos financieros internacionales y sus profesionales funcionales se esfuerzan por demostrar que esas remesas constituyen “una forma de compensación” con relación a los servicios de la deuda externa que esos países receptores realizan. Un saqueo masivo es así ocultado y una porción menor, que “eludió” el saqueo, ese insignificante 4.6%, es considerado como ¡un beneficio! para los países receptores.

 

De ese “esfuerzo” mostraremos un ejemplo: En su programa de “Conocimiento para el cambio” el Banco Mundial señala 10 temas prioritarios para el período 2006-2008 siendo uno de ellos la “migración internacional y el desarrollo”. Ya el título lo dice todo, vincula migración con desarrollo. Y para ello despliegan (sus funcionarios) “hipótesis” como, por ejemplo, esta: “los beneficios (de la migración) se harán efectivos en la medida en que los países desarrollados  perciban las ventajas de la migración y cooperen en el diseño e implementación de reformas sostenibles”.  Y con relación a las remesas se plantea seis áreas: 1. magnitud de las remesas; 2. canales de transferencias y costos; 3. uso de las remesas y sus impactos sobre las familias; 4. incentivos utilizados por los países en desarrollo para atraer remesas; 5. cómo los montos de las remesas y sus usos son afectados por el país emisor y 6. los impactos en los países de destino de las remesas. En ninguno de los puntos está contenido el valor que el trabajo del migrante produce donde reside. En ninguno de los puntos está reflejado el 95.4% del fenómeno que dicen “estudiar”, solamente el 4.6% es “investigado” en “profundidad” y sólo para sacar aún más partida de ese minúsculo porcentaje.

 

Además es necesario considerar que:

 

Sólo el 47% de los migrantes latinos envía dinero a su país de origen, lo que significa que los que sí envían destinan (como promedio) una tercera parte de sus ingresos (salarios) y, por ende, significa que sus condiciones de vida en los EEUU, para muchos, se reducen considerablemente. .

 

Se estiman en casi 9 millones de personas los indocumentados que residen en los Estados Unidos, seis millones de ellos son mexicanos. Estas personas están sometidas a todo tipo de arbitrariedades, de tal naturaleza que, en la mayoría de los casos, su “rescate” de tal situación significa, en realidad, su “detención” o “captura”. Ello significa que no pueden denunciar que son explotados. Se violan todos los derechos humanos, desde los que el propio sistema considera fundamentales (derecho de opinión y de elección) hasta el de circular libremente, de tener acceso a la salud, a la vivienda, a una vida digna, a la defensa, a la vejez, a la cultura propia, a la familia, etc.

 

Casi el 50% (49.7) de los latinoamericanos poseen secundaria completa y más. Y el 12% de ellos educación superior y más. Se dan situaciones como la siguiente: el 30% de los argentinos residentes en los Estados Unidos son profesionales universitarios, mientras que los profesionales nativos en los EEUU representan el 28% de su población. Basándonos en el razonamiento inicial referido a la exportación de fuerza de trabajo, podemos afirmar que se exporta fuerza de trabajo calificada y altamente calificada. ¿Y cómo se convierte una fuerza de trabajo simple en una más compleja? También con la aplicación de fuerza de trabajo, del docente, del investigador, del científico, del escritor y del propio portador a través de la experiencia y conocimientos logrados con la utilización repetitiva de su fuerza de trabajo. Y el costo de ese paso de trabajo simple a trabajo complejo lo asume siempre el país de origen.

 

Es decir, existen muchos valores incorporados en la formación de lo que Marx denominaba trabajo complejo, valores que son aportados por una sociedad en desarrollo para ser usufructuado por una desarrollada. Presupuestos de educación y salud de países pobres para formar trabajadores, desde peones a científicos para países ricos, peones y científicos a los que les pagan nominalmente más que en el país de origen pero menos que a los nativos del país al que se trasladaron como hemos ya señalado.

 

Supongamos que formar un estudiante con secundario completo cuesta a los EEUU 100 mil dólares. El 50% de los desplazados hacia los EEUU poseen esa formación. Calculado sobre 10 millones de personas, equivalen a 1.000.000 de millones de dólares que no tuvo que desembolsar el “gran país del norte”. Y esa cifra es cuatro veces mayor que la totalidad de las remesas enviadas por los migrantes en 47 años, desde 1960 a la fecha (2005), que suman 240 mil millones, y para alcanzarla habrá que computar las que se suponen enviarán los migrantes en los próximos ¡10 AÑOS! Dicho de otra manera, si no ingresaran más migrantes latinoamericanos a los EEUU y los que están continuaran enviando remesas a razón de 60 mil millones de dólares por año, recién en el 2015 los envíos de remesas durante 57 años equivaldrían al gasto que el país receptor se ahorró para formar personal con nivel secundario y más.

 

Pero los EEUU van por más. El nuevo proyecto de reforma migratoria plantea un “sistema de puntos de mérito” que significa “evaluar la capacidad académica y de trabajo” del futuro migrante, antes que por sus lapsos familiares. Se trata de que sólo emigre mano de obra altamente calificada y además para 30 áreas de “alta demanda”. De tal manera el imperialismo capta buenos profesionales o especialistas para las funciones y tareas que ellos no los cuentan en cantidad suficiente. No solo no enfrentan los costos de la formación sino que además los vinculan directamente a las necesidades de sus monopolios. Para mantener la apariencia el programa también contemplan otorgar visas a familiares, solo para padres de “migrantes legales” y hasta 40 mil anuales. 

 

Las remesas no viajan solas. Los 53.600.000.000 de dólares remesados en el 2005 no viajaron solos. Las transferencias promedios registradas son de casi 300 dólares por envío. Equivalen a 180 millones de transferencias o envíos anuales. ¿De quién es el negocio? De las empresas remesadoras el 76% y de los bancos el 10%. Correo y amigos constituyen el 14% restante. Es un negocio a dos puntas y en ambas se encuentren los mismos actores. Por el envío cobran comisión y por la recepción producen aperturas de cuentas y tarjetas de créditos sobre las que cobran comisión y retienen el dinero en sus carteras.

 

Las comisiones que retienen las empresas, en especial por su componente fijo, suelen representar de un 8 hasta un 15% de lo que se remesa. Por lo tanto, aproximadamente un 10% de lo remesado, unos 5 mil millones quedan para esas empresas de envío de dinero. Y en el país receptor, por aperturas de cuentas más servicios tales como tarjetas de créditos, chequeras, uso parcial de los fondos y varios “servicios”, unos mil millones más quedan para los bancos multinacionales. Y muchos países receptores utilizan esas divisas para ¡pagar los servicios de intereses de la deuda externa!

 

Tampoco el inmigrante ilegal viaja solo, fácil y económicamente al paraíso. Debe contratar a “coyotes” que lo guíen por rutas “seguras” y ello posee un costo promedio de 4.000 dólares por traslado y por persona, costo que seguramente aumentará considerablemente con el muro de libre comercio que prometió el presidente de los EEUU. Más de 36 mil millones de dólares han pagado por ello los 9 millones de indocumentados, endeudándose para cubrirlos o liquidando bienes personales, antes de saber si pueden remesar algún dólar. Y casi unos 400 de ellos, por año, pierden su vida  intentando alcanzar el nuevo y salvador destino.

 

Otros efectos perversos de las remesas son: cómo incrementa el grado de dependencia de aquellas naciones en los que las remesas se han constituido en el más importante ingreso, y en esa situación no sólo se encuentran las naciones más pequeñas, México es un ejemplo de ello ya que las remesas han superado los ingresos por turismo y hubiesen superado los ingresos por petróleo de no haber subido tanto el precio del barril. En otros casos, como El Salvador, más de un 36% de sus habitantes se han ido del país y en el caso de Haití las remesas representan el 31.3 % de su PIB a Tipo de Cambio Corriente (TCC). En el cuadro II puede observarse la incidencia de las remesas con relación al PIB de cada país.

 

Ni las autoridades de El Salvador pueden afirmar cuántos de sus ciudadanos viven en el exterior. Uno de los datos más conservadores indican que aproximadamente 2.500.000 salvadoreños residían, a fines del 2005, en los EEUU, destino donde concurren el 95% de los migrantes de ese país que, a la fecha, registra una población en su territorio de casi 7 millones de habitantes. Esos 2,5 millones equivalen al 36% de la población actual de El Salvador. Las familias recibieron en el 2006 aproximadamente 3.118 millones de dólares de remesas (2.800 millones netos de comisiones) representando ello la principal ingreso de divisas del país y el doble de sus exportaciones que fueron de 1.658 millones de dólares.

 

No se puede establecer con exactitud cuántos salvadoreños en El Salvador reciben dinero de las remesas de los salvadoreños en residentes en el exterior. No obstante vamos a aventurar una cifra, vamos a suponer que por cada migrante que envía dinero dos no migrantes lo reciben. Ello significa que cinco millones de personas (¡el 70% de la población!) esperan recibir dinero para sostener sus precarias vidas a un promedio de 600 dólares anuales. Enorme dependencia producen las remesas  que se expresa en el plano de las libertades democráticas y de los derechos humanos vulnerándolos mediante el chantaje que quedó expresado claramente en las elecciones presidenciales del año 2004. En el 2004 el gobierno de los EEUU decidió los resultados de las elecciones a favor del candidato de la fascista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) evitando el triunfo del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Una semana antes de las elecciones presidenciales el gobierno de los EEUU anunció que si ganaba el FMLN retendría el dinero de los salvadoreños emigrados, restringiría los nuevos ingresos y expulsaría a los indocumentados que son la mayoría. Ganó ARENA.   

 

Datos generales indican que el total de remesas de migrantes registradas mundialmente para el año 2005 fueron de 160 mil millones de dólares. 64 mil millones, el 40% de las mismas son recibidas por paísesdesarrollados”, lo que significa que las remesas a los países en desarrollo son menos de 100 mil millones de los cuales América Latina y el Caribe recibe los mencionados 53.6 mil millones desde los EEUU. Es un dato que asombra a muchos, el 40% de las remesas son recibidas por países desarrollados siendo Francia y Alemania los mayores receptores así como lo es México en América Latina e India en Asia

 

Otro efecto perverso de la migración es que destruye los vínculos familiares. Podemos afirmar que, en particular al que ingresó ilegalmente (y en esa situación están casi la mitad de los migrantes), le es imposible visitar a su familia siquiera una vez. Y no son pocos los que las abandonan creando familias nuevas en su nuevo lugar en donde es difícil de separar el amor como motivo, de la posibilidad de obtener la radicación al contraer matrimonio con un nativo o nativa.

 

Y una cuestión muy importante a considerar: a mayor permanencia de la persona migrante, menor envío de remesas. Ello nos permite deducir que el envío de remesas no se puede proyectar como creciente para un país y que si ha ido creciendo hasta ahora es sólo por la incorporación masiva de personas, situaciones que no podrán repetirse a igual escala con continuidad pues ello sería aceptar el absurdo de que un país como El Salvador terminara enviando más migrante que población activa con que cuenta. Estudios realizados muestran lo siguiente: por cada 100 migrantes que no remesan hay 132 que lo hacen entre los que tienen hasta 15 años de residencia. Entre los que poseen más de 16 años por cada 100 que no remesan sólo 51 lo hacen. Visto de otra manera, las estadísticas indican que el promedio de los que envían es de 13 años de residencia, y de los que no envían es de 18,4. Proyectar las remesas como algo estable o creciente es un grosero error, sin embargo los organismos financieros internacionales elaboran planes sobre crecimientos que no pueden sostenerse en el mediano plazo.

 

Y el migrante es, en general, una persona joven, ubicada entre los 18 y 50 años, activo, con niveles de educación altos, generalmente con buena salud, con iniciativa y dispuesto a asumir riesgos y poseedores de algunos bienes o recursos. Y cuando son muchos los migrantes como en el caso de El Salvador, allí queda la población mayor, los de menor educación, los que poseen más problemas de salud, los que poseen menores recursos y bienes.

 

No hay duda de que quien recibe dólares enviados por el familiar que fue a trabajar a EEUU puede con esos dólares incrementar su consumo. Desde ya lo hace y mejora relativamente su situación personal. Además lo recibe directamente, sin que algún intermediario interfiera, situación que sí preocupa a los organismos financieros que pretenden “orientar” la utilización del dinero. Pero el mayor consumo de los tenedores de divisas se refleja en un incremento de los precios internos locales y ello coloca a los que no reciben remesas en una situación de pobreza y marginalidad mayor. También algunos gobiernos, en función de que las remesas significan que parte de la población que la recibe accede ahora a medicinas prepagas o a colegios privados, deciden reducir sus “gastos sociales” y ello repercute negativamente en la población que no tiene acceso a la divisa extranjera. En algunos países receptores de remesas el recorte a la asistencia social ha sido tan fuerte que hasta los organismos financieros lanzaron un “alerta” donde reconocen que las remesas no solucionan “integralmente” el problema de la pobreza, contradiciéndose con los que ellos mismos postulan como leeremos en el siguiente párrafo.

 

La fabulación conciente (e inconsciente) de que las remesas reducen la pobreza y contribuyen al desarrollo de los países de origen de la migración internacional es llevada adelante por los organismos financieros internacionales, por el Banco Mundial, por el Fondo Monetario, por el BID y por una serie de ONGs cuyos titulares son empleados privilegiados de fundaciones vinculadas, en general, a empresas o grupos financieros. También algunos sectores progresistas, más propensos a ver el árbol que el bosque, consideran a las remesas como una forma de reparación histórica, de que ahora nos vengamos sacándole el dinero a los poderosos.  

 

La migración no es un fenómeno en sí mismo sino la consecuencia de aplicación de políticas que nacen de los centros del poder monopólico. Y no hay coincidencias sino correlación lógica como veremos a continuación.

 

La población de América Latina era, en 1980 de 386,7 millones de personas y en nuestros días llega a 556,2 millones. En algo más de 25 años creció en 169,5 millones, es decir, en un 44%.

 

La deuda externa, en 1980 era de 200 mil millones y, en nuestros días se aproxima a los 900 mil millones. En algo más de 25 años creció en 700 millones de dólares, es decir, en un 350%.

 

En 1970 los latinoamericanos que fueron desplazados de sus países de origen a los EEUU eran 1.725.408, en 1980, tomado como base para esta comparación, eran 4.383.000, para el 2000 se registraban 15.939.770, para el 2005 19.300.000 y en la actualidad superan los 20 millones. En algo más de 25 años creció en 15 millones 700 mil, es decir, en un 350%.

 

No es casualidad, que los datos muestren una relación tan directa del crecimiento de la deuda con la migración. Ambos, y en idéntico período crecieron un 350% mientras la población crecía un 44%.

 

Es la consecuencia de la aplicación de las llamadas políticas neoliberales que se consolida a partir del Consenso de Washington. En ese período se ha ido privilegiando los pagos de los servicios de intereses y asumiendo los costos de las múltiples y fraudulentas renegociaciones y ruinosas reconversiones. Y, simultáneamente se han reducido las partidas destinadas a salud, a educación, a cultura, a las grandes y necesarias obras de infraestructuras. Achicamiento del Estado nacional con despidos masivos y reducciones de políticas macro sociales, aperturas de los mercados mediante tratados de “libre comercio”, donde se coloca un una misma jaula y en igualdad de condiciones a gallinas y zorros, agresión por parte de los medios masivos de comunicación que generaron la idea, real y a la vez ilusoria, de que el camino no pasaba por luchar para transformar la sociedad en una sociedad más justa, sino que el camino para una mejora, individual y no social, pasaba por trasladarse a los países desarrollados, responsables directos del atraso en complicidad con las corruptas dirigencias locales o esperar el “derrame” que provocarían los cambios que nos convertían en “competitivos”..

 

La creciente migración ha dado lugar a cuantiosas violaciones de los Derechos Humanos. Basados en la desprotección y vulnerabilidad de la persona migrante, en la intolerancia de la mayor parte de la sociedad civil del país receptor que deriva en discriminación racial, xenofobia, exclusión, registrándose amenazas, ataques con lesiones, asesinatos y destrucción de bienes. A las casi 400 muertes anuales de mexicanos que intentaron cruzar la frontera debemos agregar la “trata” de personas (incluido niños) para servicios domésticos, prostitución, donación de órganos, incluso venta de niños, etc. Y la situación de desprotección, de violación de sus derechos, es más agudizada en los indocumentados;  al encontrarse en una situación que los desampara y facilita el desprecio de los “superiores”; una situación que los convierte en marginal, en proveedor de fuerza de trabajo por cualquier precio, lo que facilita el desprecio de los iguales que los consideran competencia desleal; una situación que facilita también la acción la derecha política que carga sobre ellos los males del propio sistema; una situación que “legaliza” la represión y la persecución y fundamentalmente, una situación que posibilita el incremento de la explotación, del robo de su fuerza de trabajo, robo superior a cualquier otro conocido.

 

Las llamadas remesas no compensan de ninguna manera el enorme deterioro que provoca el traslado masivo de personas de su país de origen a otro donde percibirá “mejores salarios”. Destruyen familias. Destruyen personas. Destruyen vínculos. Destruyen países y los torna más vulnerables y dependientes. Incrementa el consumo de algunos produciendo alza de precios que empobrecen aún más al resto. No fomentan crecimientos ni inversiones en su país de origen mientras incrementan la riqueza de las naciones donde trabajan. E incrementa la cuota de ganancia de los capitalistas que contratan trabajadores migrantes indocumentados o no. Y reduce gastos de educación y sociales de los países imperialistas mientras manifiestan que sucede lo contrario.

 

En el 2005 las remesas de los EEUU a América Latina y El Caribe representaron apenas un 4.6% de la riqueza nueva que generó el migrante con su trabajo.

 

Esas remesas cuantificadas en 53.600 millones de dólares equivalen a sólo el 1,2% del Producto Bruto Interno (PIB) de Latinoamérica, considerado éste a Paridad de Poder Adquisitivo (PPA). Pero la riqueza generada para los EEUU por los migrantes representa el 8,8% del PIB de ese país ¿A QUIÉN BENEFICIA?

 

Si repartimos las remesas enviadas por cada habitante, a cada uno le correspondería 28 centavos de dólar diario mientras que, ANTICIPADAMENTE, por recibir estos centavos cada habitante de Latinoamérica cede a la economía de los EEUU 2.90 dólares diarios. ¿A QUIÉN BENEFICIA?

 

Si además consideramos que 10 millones de migrantes estudiaron y se recibieron en su país de origen con educación terciaria y superior ahorrándoles a los EEUU un millón de millones de dólares y que ello significa que Latinoamérica y el caribe han enviado a ese país, por única vez, 1.800 dólares por cada uno de sus 560 millones de habitantes. ¿QUIEN SE BENEFICIA?

 

 

OSCAR NATALICHIO

Secretario de Extensión Universitaria y asuntos estudiantiles.

UNIVERSIDAD POPULAR  MADRES DE PLAZA DE MAYO

oscarnatalich@fibertel.com.ar

universidad@madres.org

 


 

[1] Secretario de Extensión Universitaria, Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo; miembro del comité científico, Primer Encuentro Nacional e Internacional sobre Economía Política y Derechos Humanos.