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Colección

“ARCHI-PIELAGOS”

 

Coordinada por Gregorio Kazi

 

Esta colección difunde los trabajos de los compañeros que sostienen una praxis contrahegemónica en el entrecruzamiento de la Salud Mental y los Derechos Humanos.

Piélago es aquello inconmensurable: tal el sentido primigenio que se le otorgó a los océanos.

Archi designa aquello que es mucho.

Archipiélago: lo que está “contenido” y forma parte del Todo infinito es, misteriosamente, mucho más que el Uni-verso que lo limita.

 

 

  "Hacia una Psicología Social Histórica.

   Cartografías críticas"

 

  Autor: Gregorio Kazi

  Prólogos: Armando Bauleo y Gregorio Baremblitt

  Edición noviembre de 2006.

  288 páginas.

  ISBN 987-1231-27-X

 

 

 

 

Prólogo por Armando Bauleo

 

La Psicología Social nace de los esfuerzos para entender las interinfluencias entre el psiquismo y el mundo exterior, entre el sujeto y la sociedad, entre el mundo interno y el mundo externo, entre el hombre y su contexto, entre una subjetividad individual y los factores sociales, entre lo que se considera psicológico y lo social, entre el uno y el otro.

Como resultado de esta larga lista de señalamiento (o quasi definiciones) surge que la Psicología Social se ocupa de todos estos "entre", estas vinculaciones que resultan difíciles de desenmarañar, ya que no asistimos a "flechas" que van y vienen de un polo al otro polo, sino a intrincadas combinaciones de contactos, de reacciones y contrarreacciones, complejas percepciones, de organizaciones porosas, de estructuras que por momentos son exteriores y en otros internas, la Psicología Social emerge como una psicología en el social o lo social en plena área psicológica.

La pregunta sería: ¿y si no hay otra psicología que la Psicología Social? esto no es sólo un duro golpe, sino podría provocar el derrumbe y la desaparición de la concepción individualista del sujeto.

La Psicología Social tiene una larga historia europea y también aquí, en Argentina. Quién la estipuló, la organizó como concepción, estableció algunos de sus principios de base y ubicó el grupo operativo como su instrumento princeps, fue el Dr. Enrique Pichon Rivière. Sus discípulos fueron asentando la estructura de esa concepción y su praxis.

La posibilidad de que toda información en una experiencia determinada, por ejemplo el acompañar o colaborar en una gestión comunitaria, se inserte en una dinámica operativa de grupo, potencia aquella información.

Dicho de otra manera, el que una información sea atravesada por diversas opiniones, se enriquezca con variados significados y que adquiera un espesor emotivo, hace que a ella (la información) se la pueda comprender e instrumentalizar de una manera más eficaz y precisa.

La gente que acude al curso que se desenvuelve de Psicología Social en la Universidad de las Madres, no son especialistas, tienen el anhelo del devenir en "agentes de cambio".

Es decir, que puedan entender y ayudar en conflictos de diverso tipo, a los cuales puedan ser llamados. Que se encuentren posibilitados de establecer un "encuadre" para el funcionar de los grupos, en los cuales ellos, nuestros alumnos y ex-alumnos, acompañen (acordarse de que un coordinador no es líder del grupo) a que el conjunto de individuos puedan organizarse alrededor de una tarea o tema. Se trata de lograr que el grupo, en última instancia, pueda autogestionarse. Esta finalidad sería el "sentido", de nuestra idea de qué cosa es un Grupo Operativo.

Gregorio Kazi, responsable del curso, trata puntillosamente en su libro, de trazar las líneas de esta Psicología Social, y ubicarla como una de las concepciones centrales cuando debemos buscar las sendas que llevan a la "Solidaridad".

El poder reflexionar sobre las cualidades materialistas de esta Psicología Social, la necesidad de establecer el "proceso" como "espiral dialéctico" (que significaría pasar del presente al pasado para que luego de elaborarlo nos encaucemos hacia un proyecto), buscar otras definiciones para las vicisitudes en el ámbito de la subjetividad, con las preocupaciones que Kazi desea que se desarrollen en los cursos y que ahora hace presente en su libro.

Como trasfondo, está la cuestión del "Aprender a Pensar" sobre nuestra existencia y la del mundo en el cual vivimos.

 

Prólogo por Gregorio Baremblitt

 

Seguramente los que escribimos estas letras no llegaremos a vivir el momento en que se constate que muchos latinoamericanos, especialmente rioplatenses, tenemos un cromosoma pichoniano.

No obstante ello, estoy convencido, debido a la existencia ya consumada de numerosos y admirables ejemplares, cada uno con los rasgos singulares de sus respectivas configuraciones ecopráxicas, de que aunque los pichonianos nunca nos cuajaremos en una especie, somos una multiplicidad de singularidades proliferantes e inextinguibles.

Este doble/diferente que la "Bios", infinitamente generosa, me ha brindado, Gregorio, acaba de rizomatizarse, es decir, de crecer no sin transformarse, y del Pathos en su vuelo, tan incandescente como sacrifical, nos ha caido este libro.

Escrito que conjuga la sabiduría con la claridad y la elegancia con la combatividad; dramatiza un Pichón Rivière que enseñó, practicó y escribió, en su Epos Aiónico y con sus genoverbos, exáctamente para que milagros como éste, Gregoriano, no dejasen jamás de proliferar.

El autor del texto que va a leerse ha pinzado cada uno de los pichoemas más fecundos y lo ha "repicado" por los más sorprendentes medios de cultivo, para dar en un geno-biotipo único e cincomparable.

Nada puedo yo agregar humildemente, a lo ya pululante de las ideas que el texto inaugura, apenas confesar una afección: me siento portero de un poliverso tan opulento que mi misión se agota en desear al lector un viaje del que salga mutado, irreversiblemente Grego-Pichoniano.

 

"Locos por la vida:

  La trayectoria de la reforma psiquiátrica en Brasil"

 

  Autor: Paulo Amarante

  Edición noviembre de 2006. 

  160 páginas. 

  ISBN 987-1231-28-8

 

 

 

Prólogo por Gregorio Kazi

 

El Doctor Paulo Amarante resulta una referencia ineludible cuando se trabaja críticamente el entrecruzamiento de los campos de la Salud Mental y los Derechos Humanos. Su fecunda trayectoria ética, política y académica, sostenida desde los inicios de la lucha del movimiento de trabajadores de salud mental de Brasil, es relanzada en el libro “Locos por la Vida” que se edita por primera vez en la Argentina. El autor tanto por sus prácticas como por su rigurosa producción conceptual ha contribuido decisivamente en el nacimiento, desarrollo y conquistas del Movimiento Nacional de Lucha Antimanicomial de Brasil siendo su participación activa, solidaria y generosa un analizador de lo más potente e instituyente de tal creación colectiva.

Debe señalarse que bajo ningún punto de vista es deseable reducir las dilucidaciones de este trabajo  a la existencia absurda de la institución manicomial en tanto espacio delimitado de vigilancia, castigo, y control social bajo el supuesto objetivo de “cura y rehabilitación” asilar. Tampoco eludir tal dimensión perversa cuya perduración reconoce la dimensión vinculada a los saberes, discursos y prácticas disciplinarias que legitiman y reproducen “científicamente” las ideologías y prácticas políticas hegemónicas de fatalización del ser social en nombre de la “vida y el progreso social”.

Antes bien, el programa práctico conceptual que Amarante traza dinámicamente es una invitación que resuena intensamente: comprender el devenir histórico social complejo que produce el manicomio, sus procedimentos, dispositivos, mecanismos, territorializaciones en tanto espacio singular de efectuación de la cultura manicomial que trasciende los muros siniestros de los hospitales psiquiátricos. Las torturas, vejámenes, humillaciones, explotaciones, violencias, jerarquías opresoras que constituyen las relaciones e “interacciones” en los manicomios adquieren su complejidad distintiva en las modulaciones, relanzamientos e imposiciones de la “lógica” que rige las relaciones e intercambios generales de la sociedad en la que vivimos.

En este sentido el autor busca elucidar el interjuego complejo entre multiplicidad de planos que son mayormente escindidos en nombre de la “neutralidad valorativa” de las academias y la “racionalidad” de los “discursos políticos” (hegemónicos): los regímenes de producción económico culturales, las formas “normalizadas de relación”, las formas jurídicas que “regulan” las existencias remitidas masivamente a su plano individual, las institucionalidades de reproducción social, la pontificación de los conocimientos que enclavan, desde las Torres de Marfil, la racionalidad despótica, única, irrefutable, e incuestionable del vasallaje “normal” en cuerpos, conciencias homogenizados. Homogeneidad conquistada a través de los más variados re-cursos de aniquilación de los diversidades y los distintos en nombre de las “convivencias pacíficas” y que reconoce en los encierros manicomiales una de sus más aberrantes expresiones: excluir, abolir identidades colectivo singulares, moralizar los desvíos, pedagogizar a los “inadaptados”, desgarrar a los impúdicos sublevados que “desequilibran”, “perturban” la “armonía social” (“sociedad” que celebra el imperio de la propiedad privada, los monopolios de los medios de producción, la fetichización del capital/mercancía y la cosificación “sofisticada” de los seres humanos, etc), torturar a los “insanos” que se han apartado de la “inocuidad comportamental” de los buenos ciudadanos que compiten fratricidamente en la búsqueda de exitosos “ascensos” en las pirámides sociales (pirámides, que no eran, en otras culturas, sino tumbas fastuosas de faraones-emperadores o espacios rituales de sacrificio a los “dioses”). A su vez: ¿Qué clínicas son las que diseminan la lógica manicomial y cuáles son las búsquedas de construcción de clínicas que trasciendan e incluso se opongan radicalmente a modos de relación terapéutica que someten para “curar”?

Por último, suponer que este libro es una cartografía maravillosa de la experiencia brasilera en las dimensiones antedichas es absolutamente justo aunque insuficiente. Amarante dialoga, en su festejo de las poli-ratios, aspirando la reinvención de las rebeldías que, por ser tales, no admiten extrapolaciones mecanicistas.

Es dable reconocer que la acumulación de experiencias, su sistematización y socialización posibilitan no sólo atribuirle el valor histórico, social, político y académico a una obra que funciona como un dispositivo de enunciación colectiva  en el contexto en que se produce y con el que se encuentra en relación dialéctica. Convoca también y decisivamente a la posibilidad de pensar nuestras prácticas, recorridos, horizontes, sus conexiones y diferencias con las realizadas por otros, tanto como el desafío de comenzar a materializar los contactos locales entre experiencias que hagan latir las Utopías Activas donde y cuando las libertades de pensamientos creativos fluyen de las prácticas que no renuncian a las Vidas Colectivas Dignas, Bellas, Creativas.

 

 

  "SALUD MENTAL Y DERECHOS HUMANOS.

  Subjetividad, sociedad e historicidad"

 

  Autores varios.

  320 páginas.

  Edición noviembre 2004.

  ISBN 950-99969-4-7

 

 

 

 

Presentación por Gregorio Kazi

 

El presente libro, puede describirse, inicialmente, como un momento y un lugar singulares en el que convergen multiplicidad de tiempos y espacios que fueron creados colectivamente. Hace unos cinco años comenzamos a soñar con la gestación de espacios de debate crítico, riguroso y fraterno que posibilitaran la construcción dinámica de un colectivo en el que fuera posible concebir , de manera consistente, los lazos entre territorios tan complejos y diversos como los de la Salud Mental y los Derechos Humanos.

Tal búsqueda respondía, entre sus motivos visibles, a lo que considerábamos una serie de necesidades: forjar inventivamente relaciones entre los trabajadores de la Salud Mental, militantes sociales e intelectuales que promovieran interacciones inéditas tendientes a trazar zonas en común en las que poner en juego praxis transformadoras. El establecimiento de tales vínculos devendría de la capacidad de ir configurándolos entre los que transitáramos de modo cooperativo, inquieto y solidario un espacio compartido, cohabitado, que alojara el intercambio de conocimientos, discursos y prácticas. De ese modo, en tanto producción de un grupo que se fue ampliando, modificando y multiplicando, nació el Primer Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos organizado por la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo y por la Asociación Madres de Plaza de Mayo. En tal acontecimiento se dilucidó que nos era indispensable comprender la pluralidad de fenómenos, sus manifestaciones y causas, referidos a la Salud Mental y los Derechos Humanos, en tanto analizadores de lo social histórico en los que advienen. En otras palabras: para comprender los procesos de salud-enfermedad, las concepciones hegemónicas y contra-hegemónicas acerca de los Derechos Humanos, es necesario reconocer que éstos se encuentran determinados primordialmente por la sociedad y el momento histórico en el que vivimos.

 Retomar colectivamente el trabajo de atender a los planos generales de funcionamiento de la historicidad y las formas de organización social en la que ésta deviene, en tanto factores decisivos de los modos concretos, simbólicos e imaginarios de existencia, no significaba ni significa renunciar al entendimiento y acumulación de experiencias que intervienen en las formas de expresión que todo ello adquiere en las dimensiones singulares y particulares de la vida humana. Sin embargo acotar la comprensión, las explicaciones, las formas de “operar en campo” a estos dos últimos vectores escamoteando que el ser humano es “primordialmente, desde su misma constitución, un ser social”, ha ido postulándose, aceptándose y aplicándose a las clínicas en tanto correlato monocorde que “refracta especularmente” ( cuando no se trata de especulaciones deliberadas) la ideología que sustenta los modelos de organización económica y social productores de enajenaciones a aquello que impide, dificulta o directamente atenta contra lo que supuestamente facilita: vivir en relación a otro, semejante, distinto y portador de humanidad. Si nos consideramos trabajadores de la salud mental y militantes sociales no nos es posible dejar de señalar que las pluralidades, las multiplicidades, las heterogeneidades, las coexistencias, las diferencias que las habilitan, en sus manifestaciones genuinas, son combatidas, doblegadas por los más variados actores de la hegemonía que paradójica y ambiguamente proclaman la “convivencia democrática” ( que supone disenso, participación, “conciencia”, etc.) suprimiendo al “divergente” ( nombremos sólo la criminalización de la protesta social, las reclusiones asilares de los “vagos, extravagantes e improductivos”, los planes económicos que tienden a no satisfacer las necesidades primarias de una amplia mayoría, las represiones o, en la escala “global”, las guerras imperialistas).

Fuimos abriendo las cartografías demarcadas por la discusión interdisciplinaria mientras transitábamos el acontecimiento de encontrarnos con la disposición a interrogarnos e indagar nuestro quehacer. Fuimos re-concibiéndonos como sujetos portadores de ideología, productores y producidos por lo social histórico, tal como nuestros conocimientos, quehaceres, trabajos, labores, acciones, instituciones de inserción, dispositivos de aprendizaje, militancia o ejercicio clínico. Tal forma de pensar y practicar la Salud Mental y los Derechos Humanos no es novedosa; sin embargo su reinstalación entre nosotros supuso dos abordajes que hemos experimentado como potenciadores políticos, ideológicos y científicos de nuestro trabajar. Nos dispusimos a socializar la praxis revolucionaria de Enrique Pichón Riviére, Marie Langer, José Bleger, Ricardo Malfé, los comienzos de la Lucha Antimanicomial en América Latina, la ruptura efectuada en 1971 por un grupo de jóvenes con la Asociación Psicoanalítica Argentina por motivos ideológicos que se nuclearon en Plataforma, el trabajo realizado por diversos sanitaristas en la Nicaragua Sandinista, el modelo de Salud que desarrolla el Estado y el pueblo cubano, los dispositivos inéditos de atención , prevención y promoción de la Salud desplegados por los Movimientos Populares, la ardua y digna labor realizada por la Red Solidaria de Salud Mental, el devenir de la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental.

La puesta en juego de la historia de tales programas práctico conceptuales, su reactualización , nos permitió rebelarnos a las “lagunas mnésicas” aplicadas sobre toda posición crítica respecto de los modelos de salud funcionales a los órdenes establecidos (operación compleja que se parapeta en la mayoría de las instituciones de “formación” tanto como en las vías hegemónicas de transmisión y circulación del conocimiento). Tal silenciamiento se constituye, por su vastedad e insistencia, en otra manera de perpetuar (considerando todas las diferencias del caso) la desaparición de los disensos y los disidentes. Tal “olvido” significativo se inscribe sobre fundamentos siniestros del sistema de producción y cultura del capitalismo en todas sus fases y manifestaciones: la reproducción, la diseminación y propagación de tal modo de “organización social” exige la homogenización, moralización, encauzamiento, pedagogización, represión, coerción, llegando a la aniquilación de todo aquello y de todo aquel que difiera, cuestione, se oponga o luche ante la “realidad tal como está dada, de una vez y para siempre”. Tal exterminio sistematizado de la diferencias tiene por objeto mantener ciertos axiomas, entre tantos otros, que en su implementación resguardan una sociedad perversa y violenta que funciona sobre la base de la explotación, las desigualdades, las miserias, las alienaciones y demás mecanismos de dominación que fetichizan las mercancías y el capital cosificando los cuerpos, las “conciencias”, las subjetividades, las interacciones lúdicas, tanto como cada aspecto insurgente, innovador e interrogador del ser humano.

 Las proposiciones políticas de la hegemonía y los procedimientos a través de los que buscan ejecutarlas se centran en la construcción de un “consenso” que alude a una supuesta armonía social, en el individualismo extremo como modo acabado y paradójico de pertenencia social, en la competencia como supuesto refinamiento de formas de cooperación “eficaces”, en la subsistencia en condiciones amenazantes de la vida como modelo de “realización existencial”, en la “sensible” consideración de lo social reducido a un mercado en el que circulan objetos efímeros sin referencia alguna a los sujetos, en la aceptación pasiva y a-crítica de sumisiones, vejámenes y sufrimientos en tanto actitud esperable y “normal” de la ciudadanía “ejemplar”, etc. La reiteración, cada vez más sofisticada y “seductora”, de tal realidad traducida en “nuevos órdenes mundiales” y las masacres que garantizan la “muerte de las ideologías”, el “fin de la historia” y la “finalización de los relatos sociales”, es propuesta como paradigma de “orden y progreso”, “salud para todos” y “respeto pleno por los derechos humanos”. Ello no es metafórico, alude directa o literalmente a la cultura globalizada de los Imperios que hoy, como en el decurso de la historia, se erigen sobre la desaparición de los seres histórico sociales libertarios, siendo tal acción ominosa la base de toda forma Estatal Terrorista. Para imponer tal cosmovisión ligada a la fatalización de lo que supuestamente preserva, las hegemonías demandan saberes, discursos y prácticas cada vez más feudalizadas disciplinariamente, retraídas en sus irreductibles especificidades científicas que transmitan unívocamente la ideología dominante y direccionen  al ser histórico social hacia su “individualidad” más o menos “productiva” y aislada del “otro” (que lejos de advenir, en las propuestas ontológicas vigentes en la “era del vacío”, en un otro fraterno es percibido, en el mejor de los casos de los individuos regidos por el individualismo, como un rival en la “pirámide social”). Las praxis que se contraponen a tales movimientos, tendientes a la quietud, serán descalificadas, combatidas, marginadas, de la misma manera que se ofrecerá el mismo “tratamiento” a quienes ejerzan luchas y oposiciones consistentes hacia lo instituido, el sistema vigente, etc.

De este modo, socializar y debatir lo realizado por otros en las vertientes revolucionarias de las praxis vinculadas a la Salud Mental y los Derechos Humanos, nos re-estableció como colectivo que historiza su práctica comprendiendo que tal asunción nos instala más claramente en lo que, de manera general, se denomina “lucha de clases”.

Tal devenir vehiculizó, la comunicación intergeneracional, pues las ligaduras necesarias para tal fluir entre dos trayectos históricos fueron destrozadas por el Terrorismo de Estado siendo que la recomposición crítica de éstos  (que no suponen reconciliaciones ni pacificaciones con los agresores) no fue producida ni promovida por el sistema democrático procedimental ni por las instituciones que lo legalizan y reproducen. Respecto de esta última afirmación abundan trabajos sobre el rol del Estado (organizado en sistemas “representativos” y no participativos directos que re-apuntalan el régimen de producción económica de “fabricación” de capital) en el renovado ímpetu de montar “formas de Memoria” que funcionan provocando otras napas de “Olvidos Colectivos” respecto de lo que se procura, hipotéticamente, recordar.

 Los Congresos de Salud Mental y Derechos Humanos, fueron experimentados en tanto espacios y tiempos en los que realizar, hasta donde nos fue posible, las elaboraciones colectivas que abrieran los intersticios en las represas de la denegación instrumentada por los poderes acerca de nuestra historia in-quieta, nuestras identidades combativas y por tanto de nuestras capacidades actuales de pensar, decir, sentir y hacer otros vínculos en el ir forjando las luchas y resistencias que gesten otro mundo. En este sentido no estamos en condiciones de aceptar ninguna definición de la Salud Mental como tampoco de los Derechos Humanos que no contemplen la necesidad ineluctable del sujeto de, al menos, rechazar aquello que lo somete, oprime, explota e incluso extermina. Ello tampoco es inédito ni patrimonio de esta época, ya Erasmo de Rotterdam desarrollando una ironía profunda, advirtió hace siglos que la “locura” (en términos sociales) se constituía sobre la idealización y aceptación de lo que somete y por tanto destruye.

Es destacable la participación activa, en los Congresos previos de Salud Mental y Derechos Humanos, de una gran cantidad de compañeros de América Latina, siendo tal presencia intensa, noble y honda otro de los aspectos que posibilitaron los encuentros genuinos, las pasiones alegres, los enseñajes indomables, la coordinación y planificación de actividades comunes, la reinvención de utopías, el relanzamiento de las hebras de sentidos histórico sociales con los que hemos ido entretejiendo nuevos conocimientos, nuevas palabras, nuevas prácticas emergentes de dispositivos colectivos de enunciación. Acaso de los logros más tangibles de tales interacciones puedan destacarse en las relaciones fértiles y de cooperación permanente establecidas entre la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, el Movimiento Sin Tierra (Brasil), la Fundación Osvaldo Cruz ( Río de Janeiro, Brasil), el Instituto Félix Guattari ( Belo Horizonte, Brasil), el Laboratorio de Psicología Social de la Universidad de Sao Paulo ( Brasil), la Fundación Gregorio Baremblitt ( Uberaba, Brasil), los estudiantes de la Universidad Estadual de Londrina ( Paraná, Brasil), el Instituto Sedes Sapientae   (Sao Paulo, Brasil), el Movimiento de Lucha Antimanicomial (Brasil), el Centro Félix Guattari ( Montevideo, Uruguay), la Comisión de Derechos Humanos de la Coordinadora de Psicólogos de Uruguay (Montevideo, Uruguay) y el SERSOC (Montevideo, Uruguay).

Asimismo la concurrencia masiva, comprometida y generosa intelectual y afectivamente de estudiantes de muchas Universidades de Argentina, tanto como de trabajadores de la Salud Mental, militantes de los Derechos Humanos y Sociales han aportado inmensidad de elementos que liberaron la fuerza instituyente indispensables para navegar nuevas travesías que admitan diversos horizontes. En la Argentina la territorialidad interinstitucional, de perímetros variables, fue y es sostenida con el EATIP ( Buenos Aires- Tucumán), el Frente de Artistas del Borda ( Buenos Aires), La Casa de los Trabajadores (Córdoba), el Servicio de Psicología Aplicada y Orientación Profesional Número 54 del Hospital Borda (Buenos Aires), la Fundación Centro Psicoanalítico   (Buenos Aires), la Asociación de Profesionales del Hospital Borda ( Buenos Aires), el diario Pág/12, el Centro de Investigaciones Psicológicas y Psicoanalíticas ( Buenos Aires), los trabajadores de la Colonia Psiquiátrica Oliveros  ( Rosario, Santa Fe), la Fundación Vivir y Crecer ( Castelar, Provincia de Buenos Aires), el Grupo de Apoyo Político a las Madres de Plaza de Mayo ( La Plata, Provincia de Buenos Aires), la fábrica Zanón bajo control Obrero (Neuquén), la Revista Topía y el Hospital Escuela de Salud Mental de San Luis (San Luis). Organizaciones que ardua, amistosa e incondicionalmente han bregado día a día por la constitución de un nosotros científico-político que albergase la vastedad de fuerzas deseables y necesarias para “pensar en lo que hacemos para hacer lo que pensamos”.

Todos estos movimientos, sus despliegues, pliegues y repliegues se sintetizan, marcando un plano de consistencia y organización plausibles de palparse, durante los Congresos aunque felizmente la vitalidad que les da origen los trasciende. Ello alude no sólo a las “líneas de fuga” que se disparan al interior del Congreso en tanto recorte en el tiempo y el espacio, o a las reformulaciones que cada sector realice de su experiencia a posteriori del acontecimiento, o a las cavilaciones particulares que cada cual pueda efectuar; antes bien apunta a las instancias de contacto continuo, que como colectivo vamos creando y que pueden nominarse como los “entre-congresos”. Registros no estancos que van mutando de acuerdo a los interrogantes que nos van atravesando y que ponemos en juego en/ entre las vincularidades que surgen cuando es posible definir las pertenencias y las pertinencias a partir de la entrega a lo que nos unifica amorosamente en la lucha; zonas compartidas que como tal no son de “uno” ni del “otro” exclusivamente.

Los textos que pueblan este libro, han sido charlados, debatidos, fantaseados durante los espacios y tiempos de transición entre un congreso y otro. Es posible pensar a sus autores como “voceros” o “portavoces” del colectivo al que me he referido en varias ocasiones en esta presentación sin que ello suponga diluir la singularidad de las producciones a una totalidad abstracta. Antes bien compartimos la convicción de Enrique Pichón Riviére acerca del proceso creador: además de la “verticalidad” desde la que se plasma un proceso ( en este caso de escritura y reflexión) interviene de forma determinante la “horizontalidad” que ofrece los límites y alcances situacionales a cualquier actividad humana. Vocería distintiva del “cada cual” que se entrama dinámicamente a la polifonía heterogénea de lo grupal. Bricoleur que se va armando y re-armando en cada nueva lectura, re-lectura, debate, disenso, acuerdo, acción y pensamiento.

He escrito varias veces la palabra “lugar” y “colectivo”. Según nuestras vivencias sin lugares no es posible interactuar y sin interacción creativo-solidaria no existirían los colectivos revolucionarios. Tal como compartiera con nosotros el Doctor Ricardo Rodulfo al citar a H. Michaux: “Amar es dar espacio”. Los Pre-congresos, los Congresos, la Editorial, la Universidad, el Periódico de las Madres, el Café Literario Osvaldo Bayer, la Biblioteca, son las sedes materiales, simbólicas e imaginarias desde las que fuimos y vamos creando pluralidad de topologías en las que modificar el mundo modificándonos. Espacios que han emergido, a su vez, de y entre las Marchas natales de las Madres de Plaza de Mayo. Ellas, las “locas”, no son sólo para nosotros la referencia ético-política que nos orienta, ni sólo ponen en juego la posibilidad de refundar críticamente las prácticas transformadoras o la fuente de “constatación” de la existencia de re-subjetivaciones y re-alterizaciones; son la Aparición de lo Maravilloso que bulle con vitalidad ante cada gesto que se subleva ante lo siniestro. Silencios desérticos que han sucumbido ante la Poética de la Liberación de nuestras Madres que, al amar, van pariendo lugares para volver a vivir.

 

 

"EFECTOS PSICOLÓGICOS Y PSICOSOCIALES

  DE LA REPRESIÓN POLÍTICA Y LA IMPUNIDAD.

  De la dictadura a la actualidad"

 

  Autores: Diana Kordon, Lucila Edelman, Darío Lagos y Daniel Kersner

  560 páginas.

  Edición Agosto 2005.

  ISBN 987-1231-08-3

 

 

 

Introducción por Diana Kordon

 

Trabajar en la producción de este libro no fue  tarea sencilla. Teníamos la propuesta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, de editarlo, y de una u otra manera, las urgencias de las necesidades cotidianas parecían postergar su realización. Ahora, inmersos en ella, comprendemos que los obstáculos no eran esencialmente externos; en realidad, encontrarnos con parte de nuestra producción escrita a lo largo de más de 25 años implica un movimiento subjetivo profundo: nos confronta con la necesidad de apropiarnos, de reencontrarnos, no solo con la letra escrita, sino y sobre todo, con nuestra propia experiencia. Nos plantea un movimiento de historización personal, grupal y colectiva.

Algunos de nosotros somos parte de una generación que soñó con cambiar el mundo, de una época de grandes conmociones sociales,  de revoluciones  y movimientos emancipadores, que estuvo marcada por la gigantesca influencia de la Revolución Cubana, de la guerras anticoloniales como la de Argelia, de la Revolución Cultural China, de Vietnam, del modelo del Che, del Mayo Francés del 68, de la experiencia de lucha de las masas peronistas, del Cordobazo.

En el campo de la salud mental  este fenómeno tuvo su expresión en un movimiento en el que participamos miles de profesionales (médicos, psicólogos, asistentes sociales),  hacia fines de los 60 y  principios  de los 70, que nos autodenominamos trabajadores de la salud Mental (TSM).

Este movimiento  surgió como producto de la crisis y cuestionamiento a las instituciones psi hegemónicas, y sus objetivos fueron, en lo fundamental, insertarnos  en el movimiento social liberador y  poner nuestros instrumentos  teóricos y técnicos al servicio de las necesidades de nuestro pueblo.

La dictadura militar se propuso destruir el protagonismo social transformador y revolucionario de aquella época, de la que hemos sido testigos y partícipes; y profundizar un  modelo de país que garantizara el poder de las clases dominantes. Ese fue el fundamento de la sanguinaria represión dictatorial, que nos dejó como marca indeleble los 30.000 compañeros detenidos desaparecidos y otros miles de muertos y represaliados.

Pero también durante la dictadura, en las peores condiciones de la represión fascista, la resistencia fue heroica. Las Madres fueron su voz y su símbolo. Con esa significación el pañuelo blanco se inscribió en la memoria colectiva y hoy  constituye un referente para miles de jóvenes, que no han vivido aquel período, y que buscan encontrar ideales y modelos identificatorios.

La resistencia antidictatorial abarcó también a trabajadores, estudiantes, militantes, y tantos otros que expusieron su vida y su libertad en los más duros momentos del terror de Estado.

Posteriormente, a pesar del pasaje a los gobiernos constitucionales, se  mantuvo el modelo socioeconómico y se garantizó la impunidad de los genocidas, impunidad que se amplió a los responsables de los delitos económicos que arrasaron con el patrimonio nacional y que sólo produjeron más penurias a la inmensa mayoría de la población.

Este período se correspondió con una ofensiva imperialista en el mundo, que tuvo como correlato en el plano  de la cultura, la hegemonía de las ideas de las posmodernidad, que pretendieron inducir nuevas formas de alienación, bajo la máscara de una supuesta libertad, y la búsqueda de imposibles salidas individuales a la crisis contemporánea, que terminaran con  los ideales colectivos  de cambios sociales.

 Sin embargo, en los últimos años, cuando los poderosos definían el "fin de la historia", consideraban impuesta la teoría de la globalización, y confiaban en la impunidad de sus hegemonismos, renacieron nuevas respuestas sociales. La  heroica resistencia iraquí, la oleada que sacude nuestra América y en  nuestro país, el argentinazo del 19 y 20  de diciembre de 2001, nos indican  que, a pesar de la prepotencia de las metrópolis, comienza a gestarse una nueva direccionalidad en la dialéctica social.

A pesar de las enormes dificultades, durante todos estos años, la lucha popular contra la impunidad de los crímenes de la dictadura, anclada en un profundo sentimiento de justicia,  se desplegó sostenidamente, construyendo desde ese espacio la memoria colectiva y  logrando hace dos años la anulación de las leyes de punto final y obediencia debida.

Nuestro acercamiento a las madres se produjo, al comienzo de la dictadura, a partir de la solidaridad en la lucha. La posibilidad de colaborar en la especificidad profesional surgió a posteriori. En la búsqueda de recuperar amigos y compañeros secuestrados, de tratar de hacer público aquello que íbamos descubriendo de la represión dictatorial, colaborando con algunas compañeras cuyos parejas o familiares habían sido desaparecidos, y como parte de un colectivo que había decidido quedarse en el país y participar de la resistencia antidictatorial, conocí a quienes luego serían las Madres de Plaza de Mayo. Recuerdo que, en pleno 76, un  compañero me relató acerca de un grupo de madres que, en Cuba, antes de la revolución, se habían convocado  en la plaza pública, para exigir a Batista el cese de la represión. “¿No sería posible que eso pudiera organizarse aquí?” - me preguntó. "Imposible" -le contesté- "aquí  la represión es demasiado terrible para que eso pueda hacerse". Evidentemente, estaba equivocada: las madres demostraron que eso y mucho más era posible.

Comencé, junto a aquellas compañeras, a compartir con las madres sus recorridas por instituciones oficiales, encuentros en las iglesias, luego en la plaza. Con el tiempo y la confianza generada en esos momentos tan difíciles, y cuando ya conocían mi profesión, me solicitaron que atendiera algunas situaciones de emergencia que se presentaban continuamente. Aún recuerdo las primeras experiencias, darle la información a un hijo sobre lo ocurrido con sus padres, o atender algunas madres que no toleraban el dolor por la pérdida. Cuando las necesidades de colaboración psicológica se incrementaron y las madres contaban ya con un pequeño departamento, se hizo necesario formar un equipo de trabajo. Se integraron así Lucila Edelman, Darío Lagos, Elena Nicoletti y Ester Kandel. Con los dos primeros veníamos discutiendo esta problemática desde tiempo atrás. Este fue el momento fundacional del Equipo de Asistencia Psicológica de Madres de Plaza de Mayo, al que se fueron incorporando otros profesionales, entre ellos Daniel Kersner y que funcionó hasta 1990.

A partir de ese momento, algunos de sus miembros conformamos un nuevo equipo: el Equipo Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial (EATIP), en el que seguimos trabajando hasta la actualidad y al que se fueron incorporando nuevos colegas. Continuamos, en lo fundamental, abordando problemáticas psicosociales y psicológicas vinculadas a derechos humanos, pero a su vez, hemos ampliado nuestras intervenciones a otras situaciones criticas, de emergencia o traumáticas de origen social. En estos años hemos intercambiado experiencias con equipos de otros países, especialmente de América Latina comprometidos también con los movimientos sociales de sus pueblos y estuvimos en Chiapas acompañando y aprendiendo de las comunidades Zapatistas levantadas en armas. 

Nuestra  tarea en la asistencia psicológica a las madres y el abordaje psicosocial de ese período marcó un punto de inflexión en nuestra práctica profesional y en  nuestras conceptualizaciones.

A medida que avanzamos en experiencia fuimos cuestionando y complejizando nuestras ideas, pero al mismo tiempo, y esta revisión nos lo confirma,  sostenemos  hasta hoy algunas líneas fundantes de nuestra comprensión y abordaje de esta temática, formuladas en aquel período.

Demandados por una práctica en la que nos sentíamos profundamente  implicados, comenzamos a  reflexionar en la especificidad de nuestros instrumentos. Sobre la base de concebir la subjetividad en un espacio de articulación  entre lo psíquico y lo social, factores ambos en un movimiento de relación interna y recíproca, entendemos que la matriz social cumple funciones estructurantes y resignificatorias de los sentidos de la existencia, del modo de pensar, sentir y actuar de cada sujeto.

Cada uno de los libros y artículos que aparecen compilados en esta edición constituyen una síntesis de esas reflexiones,  producto de varios años de práctica clínica y psicosocial.

En la elaboración del libro seguimos los criterios que ya utilizamos en Efectos Psicológicos de la Represión Política. Respetamos el orden cronológico de los artículos,  porque permite seguir el proceso de producción conceptual, sus líneas de desarrollo y también sus contradicciones. Asumimos, por supuesto, el riesgo de evidenciar repeticiones e incompletudes. Apelamos a la comprensión del lector, en reconocimiento de que en Argentina no tenemos año sabático, ni en el plano laboral ni en las exigencias que nos impone  la escena social, y debemos reconocer que, en su confección, el libro está imbricado con el movimiento  mismo de la vida.

En la realización de esta tarea a lo largo de tantos años y en los más diversos  ámbitos, sentimos una gratificante realización personal y de equipo.

Por ultimo, reafirmamos nuestra certeza de que sigue siendo necesario y posible terminar con la explotación del hombre por el hombre, y que en ese camino se construirán nuevas formas de subjetividad, en su doble dimensión, personal y colectiva, abiertas a la creatividad y a la libertad, en cuanto conciencia de la necesidad.

 

  "Diagramas de psicodrama y grupo.

    Cuadernos de Bitácora"

 

    Autores: Ana María del Cueto, Liliana Donzis, Maricel Eiriz, Florinda Hara, Ernesto Hernández,

    Gregorio   Kaminsky, Vida Rachel Kamkhagi, Roberto Marcer, Alberto Mendes, Eduardo Pavlovsky,

    Osvaldo Saidón, Carlos Scardulla.

    272 páginas.

    Edición abril 2005.  

    ISBN 987-1231-02-4

 

 

Introducción por Ana María del Cueto

 

Este conjunto de textos, algunos inéditos y otros que ya han sido publicados intenta ser la expresión de aquello que quisiéramos trasmitir en trazos de ideas que contemplen lo que pensamos,  acerca de los grupos y el psicodrama. Surgen en la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo a partir del dictado de la Carrera de Psicodrama  ya sea como bibliografía, ya sea como producción en los  Congresos de Salud Mental y Derechos Humanos que todos los años  organiza la Asociación Madres de Plaza de Mayo,  ya sea en los seminarios dictados en las Materias Complementarias de la carrera durante estos dos años.

Cuando hablamos de Psicodrama y Grupos   el Psicoanálisis está siempre presente.

Un psicoanálisis social e histórico atravesado por las nuevas conceptualizaciones sobre el inconsciente y sus producciones deseantes.  Notas, estelas,  bocetos inacabados que nos hablan de los grupos y el Psicodrama hoy y que sólo intentan dar cuenta de una producción, del “entre” de  este colectivo libro, que de lugar a otras producciones, que sea desmenuzado, agenciado y pulverizado por otros pensamientos que se aparten de la línea, que no hagan parroquia  pero que todos hablen de una cierta práctica, de un cierto matiz de conexión , de un cierto pensamiento teórico en esto que se a dado en llamar Lo grupal, aquí en la Argentina.

“El gran secreto del régimen monárquico y su interés vital consiste en engañar a los hombres disfrazando con el nombre de religión al miedo, con el que se los quiere mantener a la rienda, de manera que combaten por su esclavitud como si fuera su salvación”  TTP. Prefacio, II; Página 87.  Baruch Spinoza.(1632-1677)

Corría el siglo XVII y un filósofo maldito, mil veces maldito se pregunta sobre el sentido de los actos sin  sentido de los hombres.  De ahí en más esta cuestión que tiene que ver con la historia de las mentalidades, el imaginario social, las representaciones sociales, las significaciones simbólico-imaginarias, la producción de subjetividad   preocupó por igual a distintos campos del conocimiento. La filosofía, la sociología, el psicoanálisis, la economía política.   Cómo lo colectivo producen iguales y distinto tipo de subjetividades.

No hay sociedad sin imagen de pensamiento que devenga  de una máquina abstracta  controlando los agenciamientos de deseo y de enunciación. Esta máquina abstracta no se confunde con el Estado, su papel es organizar los enunciados dominantes y el orden establecido, las lenguas y los saberes, las acciones y los sentimientos adecuados a dichos órdenes. Tienen relaciones de interdependencia con el estado. Es así como se crea y se produce la subjetividad capitalista que corresponde en este momento al Capitalismo Mundial  Integrado. Que es diferente a la subjetividad de la modernidad y a la subjetividad producida durante el feudalismo. 

Nos ilusionamos pensando que aquello que denominamos lo social, el estado, la política, la moneda, los modos de producción  están por fuera del individuo. En realidad son constitutivos de nuestra producción subjetiva.  No estamos designando  a una suma de subjetividades individuales sino a  un modo de ser producida, en donde  intervienen  desde los complejos procesos de identificación que ocurren    en el seno de las relaciones familiares, hasta lo económico, lo social, lo histórico,  los medios de comunicación de masas, el momento particular. Esta subjetividad así entendida es en realidad   fabricada, modelada, consumida y producida, En cada paso que damos. En cada paso que nos hacen dar.   En este sentido el individuo es el resultado en realidad de una producción de masa. En este sentido es serializado. Es así como la subjetividad circula en lo social asumida y vivida por los

individuos en sus existencias particulares. Las personas en sus vidas particulares ponen en juego sus procesos subjetivos ya sea repitiendo el molde que reciben, ya sea desde una   relación creativa apropiándose “singularmente” de los componentes subjetivos. La subjetividad no se sitúa en lo individual, circula en lo social, histórico, medios de comunicación de masa, modos de producción, en la familia. Abarca sí lo individual, lo colectivo y las instituciones.   No es un recipiente, es creativa y expresiva. No está conformada por elementos exteriores. Sino que estos elementos son constitutivos de la propia subjetividad. La producen. En la persona existen múltiples subjetividades. Según como organice en ese momento su conexión con los otros y consigo mismo aparecerá una u otra. Según su régimen de afectación. En este sentido es punto de cruce, intersección, empalme, bifurcación de heterogéneas subjetividades.   Podemos hablar así de una subjetividad colectiva, serializada que opera en el sujeto ciegamente ,  en el mismo momento que los procesos singulares que creativamente organizan otras ideas, otros sentimientos, otras acciones.

Dice Félix Guattari:

“La consideración de estas dimensiones maquínicas nos mueve a insistir en nuestra tentativa de redefinición sobre la heterogeneidad de los componentes que agencian la producción  de subjetividad. Encontramos así 1. componentes semiológicos significantes manifestados a través de la familia, la educación, el ambiente, la religión, el arte, el  deporte....2 elementos fabricados por la industria de los medios de comunicación, del cine, etc. y 3 dimensiones semiológicas a-significantes que ponen en juego máquinas informacionales de signos, funcionando paralelamente o con independencia del hecho de que producen y vehiculizan significaciones y denotaciones, y escapando, pues, a las axiomáticas propiamente lingüísticas. Las corrientes estructuralistas no dieron a éste régimen semiótico a-significante su autonomía ni su especificidad, aunque autores como Julia Kristeva o Jacques Derrida hayan arrojado    cierta luz sobre la relativa autonomía de este tipo de conceptos.”

Subjetividad parcial, prepersonal, polifónica, colectiva y maquínica. Una cura analítica, un análisis institucional, una intervención en grupos  nos confronta con multiplicidades.  Todo está ahí. No es externo al sujeto: coordinador/grupo- analista/analizado,  analista institucional/Asamblea Socioanalítica, No está por fuera. No irrumpe. Esta ahí. Estos  pensamientos masificados, verticales, eclesiásticos no están por fuera del sujeto. Existen en los pequeños detalles cotidianos. En lo nimio, en lo banal, en las pequeñeces.

En cómo miramos., en cómo amamos, qué deseamos ser.   Ya no son los otros. Somos nosotros.  Solo poniendo en cuestión tales ideas, pensamientos y acciones nos comenzaremos a despegar de las  significaciones dominantes.  Construiremos así  nuestro territorio, singular, colectivo, único.

Pensar, vivir, conocer y desear de otra manera.

Imaginemos un  plano para recorrer los movimientos infinitos, las diferentes intensidades. Velocidad, elasticidad, fluidez,  volumen detenciones.  Trataremos de armar un medio indivisible en dónde los conceptos se repartan ocupando un espacio sin describir.   El plano es lo que garantiza el contacto de los conceptos.

Plano de  organización /de trascendencia

Plano de  inmanencia/de consistencia

Nuestra práctica clínica deberá orientarse a pensar e intervenir sobre la producción subjetiva. Las transformaciones posibles proceden de las mutaciones de subjetividad que puedan producirse a escala molecular.  Una singularidad, una ruptura de sentidos, un corte, una fragmentación, el desprendimiento de un contenido semiótico, pueden originar focos mutantes de subjetivacion. El análisis pensado como invención continua que evita la masificación del camino recorrido, creando otra geografía.

Pensar singularidades atendiendo a las fugas que escapan a sus determinaciones. Traicionando. Siempre traicionando.  . 

 Para esta concepción de la clínica, el tiempo cesa de ser sólo padecido, rememorado , es actuado, orientado, objeto de mutaciones cualitativas. El tiempo no es el tiempo del reloj, ni es  el tiempo real.  Es tiempo hoy  Es tiempo bloque, congelado a veces  en otros años con otras sensaciones. Y algo, un olor, una caricia, una ausencia, hacen  volver  ese tiempo pretérito, lleno de sensaciones primarias, de infancia perdida, de rememoración de encuentros o desencuentros, de peleas, pasiones y descensos. Es hoy, lo siento hoy, me afecto hoy.  Se  hace presente en el hoy y es  actual.  Es tan intensa la sensación que es presente y  ese instante pasado/presente nos trae la misma soledad....la misma angustia.....la misma ternura....el mismo desasosiego.....  Como si fuera presente.......Atravesar el pasado, convocarlo,  de  la  memoria pasada es actual.   Psicodrama/Grupo.    Se recomponen así  los universos de subjetivación a través de universos parciales múltiples. Es posible ir creando molarmente focos mutantes de subjetivación. Que nos permita transitar hacia ser otros. Otros singulares.  No importa la línea dura de entrada, lo importante es  encontrar las múltiples salidas singulares. Evitar poniendo en cuestión ideas y sensaciones en nosotros y en nuestros alumnos, los invariantes que nos muestran el camino de entrada y la ruta de salida. Camino conocido, recorrido, masificado. Plagado de lugares comunes, de pensamientos ya pensados, aplicación de teorías sin pensar en el sujeto individual, singular que olvidan la orfebrería mínima en la que nos enfrenta todo análisis Habrá que recorrerlo  al sólo efecto de singularizarlo en múltiples objetos parciales únicos, singulares.   

Dice Virilio  que todo lo que disminuye nuestra potencia de obrar, pensar y actuar administra y organiza nuestros pequeños terrores cotidianos

Todos somos esclavos. De la lógica de la ganancia, del control social, de la idea de representación.  De lo que pensamos que está bien. De tolerar que hay ciudadanos de segunda pensando que somos de primera o que somos de segunda. Todos somos de segunda. Una mano tendida. Una mano alzada. Un puño cerrado. La silueta   de una mano vacía.  Enuncian la heterogénea  búsqueda de un pensar y vivir de otra manera. Una información que no circula, una mano que escondo, una palabra que callo  o hago callar, lo que no comparto, la compresión de las diferencias, un lugar que no doy o que no me doy. 

Plano, pliegue, surco, grieta. Armar otra geografía Construir la singularidad en plano de inmanencia, todos los días. En cada acto, en cada momento,  en mí y en otros. En nuestra práctica clínica, en nuestra teoría.

La verdadera pelea y diferencia está en el terreno de las ideas  y de los actos singulares y colectivos. Singular no alude a lo individual. Sino al abandono en      los actos y su correlato en el terreno de las ideas o viceversa,   de los mitos capturantes del capitalismo

 Una multitud camina hacia la plaza.

Las cabezas forman un manto casi compacto. Rubias, morenas, pelirrojas,  con chispitas, blancas. Con gorras, descubiertas, con pañuelos. La multitud,  vista así al ras de sus cabezas,  adquiere distintas formas, desniveles,  allí y acá un surco, una grieta. Por allí un espacio  vacío, abismal. Organismos acoplados. Los sonidos, las palabras,  el costado sonoro del vocablo, su aspecto musical, su tono, sus aspectos de conexión verbal, emocional, volitiva, la mirada, los gestos, las  mímicas, los olores. Sonidos significantes que comportan elementos motores de significación. Diferentes e iguales cuerpos. Gordos, flacos, redondos. Rostros grandes, pequeños en forma de corazón, en forma de pera, puntiagudos, chatos. Negros, blancos, rojos.  Iguales. Diferentes. Amontonados.

Inconsciente de flujos y máquinas abstractas.

Una concepción ética de nuestra   práctica  consiste en develar todos los mitos capturantes del capitalismo  que expropian a las personas, a  sus afectos, pasiones y ambigüedades normalizando sus cuerpos y sus mentes equiparando sus modos de percepción y de deseo

Tanto las maquinas sociales como las máquinas tecnológicas de información y comunicación operan en el corazón de la subjetividad humana, no sólo en el seno de su memoria y su inteligencia sino también en su sensibilidad,  sus afectos y sus fantasmas.

Nuestra interrogación no es simplemente de orden especulativo sino que se nos plantea en nuestra práctica cotidiana  interpelando nuestras teorías  Nada cae por su propio peso. Son nuevas modalidades creativas. Inciertas.

 

 

  "Compendio de análisis institucional"

 

  Autor: Gregorio F. Baremblitt

  228 páginas.

  Edición Noviembre 2005.

  ISBN 987-1231-10-5

 

 

 

 

 

Prólogo por Gregorio Kazi

 

Deberíamos escribir acerca del devenir de la escritura en el Doctor Gregorio Franklin Baremblitt buscando destacar los modos de consumación de ésta en el presente libro.

Para ello se prescribe que es necesario, entre otras cuestiones, distinguir esta obra de otras del autor; y a la vez, diferenciarla de las producciones de “otros” que abordaron esta temática “específica”, destacar los conceptos decisivos de cada capítulo, subrayar su peculiar estilo, circunscribir la metodología adoptada en la construcción teórica, jerarquizar los objetivos que rigen este trabajo esclareciendo cómo se subordinan a éstos las hipótesis y cada una de las “demostraciones”, etc.

Renunciaremos a tal forma de presentar este libro dado que siguiendo los formalismos y procedimientos de “prologar” encontraríamos el amparo para diseccionar intensidades, potencias, fuerzas instituyentes que fundamentan no sólo “este” libro, sino los procesos de producir producción inventiva con los que nos sorprende desde hace cuarenta años el Doctor Gregorio Franklin Baremblitt.

En esta dirección concebimos este libro en tanto instauración singular de territorios de dilucidación crítica que se vinculan entre sí de formas no unívocas, al tiempo que abre conexiones novedosas con otros libros-cartografías (de diversidad de producciones dado que rechaza de plano cualquier monó-logo) y otras experiencias-travesías. Tales territorios han sido recorridos nomádicamente por el autor dado que los trayectos demarcados dejan de ser “rutas obligadas” pasando a ser estelas zigzagueantes que se disponen a ser recreadas tal como quienes así lo deseen, puedan hacerlo. En repetición y diferencia encontramos en el “Compendio de Análisis Institucional” invitaciones y provocaciones a entregarnos a los movimientos de las praxis instituyentes, insurgentes, revolucionarias.

Movimientos que advienen, entre inmensidad de dimensiones, no sólo en interpelaciones y críticas hondamente sostenidas a las nociones ortodoxas de “encuadre”, “instituciones” e incluso las de “necesidad-deseo” o a los desarrollos generosos acerca de la “transversalidad”, “las líneas de fuga”, “lo molar y lo molecular”, sino también y acaso primordialmente, a modos de experimentarlos en variados campos concretos y cotidianos en los que  reinventamos  las prácticas y las herramientas con las que operamos trans- formando/ trans- formándonos (o en términos del autor “desplegando procesos de subjetivación- realterización”). Nomadopraxis que no se reduce a atravesar las unidades/ construcciones/ deconstrucciones práctico conceptuales en tanto recorridos “propios” del “profesional” que se parapeta en el trabajo científico considerado la “faz superior” de sus quehaceres. Alude a un modo de vivir en el que dicho trabajo es uno más al que se lo asume como otra dimensión de las rebeliones continuas ante las formas y regímenes  de producción cuyos “procesos dignos de producción antiproductiva y sus maravillosos productos” de consumo económico-cultural requieren, para su diseminación y perpetuación, de quietudes, instituidos perversos, molaridades pétreas, compartimentos estancos, escisiones brutales consideradas como sutiles unificaciones, sumisiones y esclavitudes propuestas como la materialización de la libertad; explotaciones, represiones, humillaciones y desigualdades en tanto máximas expresiones de la vida “social”. Mecanismos institucionalizados de producción del sufrimiento, e incluso la muerte del ser histórico-social, destacados como “fuentes de salud” por sedentarios “científicos” cuya “neutralidad valorativa” y sus “verdades validadas con asepsia” no son sino indicación de su compromiso con las certezas de las hegemonías, su condición de “protegidos” por las institucionalidades de los Imperios aun en sus roles netamente bufonescos, de su funcionalidad a las maquinarias que fabrican sufrimientos colectivos y de lo imperioso que resulta para el no-cambio la edificación de los dogmas de “pensamiento único” que escamoteen las diversidades, las multiplicidades, las heterogeneidades. Nos encontramos, entonces, ante un libro incisivo en sus desarrollos conceptuales dado que estos devienen de los compromisos radicales del autor con modos libertarios de pensar, hacer, sentir, decir, imaginar que se ponen en juego en las praxis que sostiene y lo sostienen en su gestación permanente de regímenes de co- afectación.

Obra en curso y re-curso que no se detiene por, en y desde vitalidades revolucionarias que relanzan una y otra vez los “viajes” permanentes (tránsito entre prácticas, conceptos, sensaciones, acciones), cartografías (trazos singulares de cada movimiento “entre” las instancias de las que se trate), horizontes (líneas de orientación móviles), puntos de partida y puntos de arribo (que sólo son considerados en su transitoriedad) que son confrontaciones lúcidas y apasionadas a los modos de efectuación corrosiva de la “vida” que los poderes de nuestras sociedades reclaman para su “buen y correcto funcionamiento”.

Libro ineludible para Militantes Sociales y Trabajadores de la Salud Mental ya que si bien el autor es el Doctor Gregorio Franklin Baremblitt el texto (con sus inagotables intertextualidades y variedad de texturas) funciona como un dispositivo crítico de enunciación colectiva cuyos miembros son seres histórico-sociales que intervienen en “los campos de trabajo” buscando transformar las pluralidades fenoménicas y las multideterminaciones que erigen los muros que direccionan las vigilancias, los castigos, moralizaciones, encauzamientos, correcciones, pedagogizaciones, asimilaciones, enajenaciones, procesos y procedimientos de supuestas “normalizaciones” que re- propagan el modelo de hombre “adaptado” y desaparecido en las prerrogativas del individualismo internado terminalmente en “la” identidad y en la propiedad privada, bases de sustentación de sistemas instituidos de relación que, dicho de modo simple y transitorio, impiden los vínculos y encuentros. Correlativamente es dable señalar que los textos del autor de esta obra emergen de las entre-territorialidades que se gestan autogestiva y solidariamente entre seres histórico-sociales que no han claudicado a las capacidades desde las que es posible gestar Nuevas Vidas y Nuevos Mundos.

El Doctor Gregorio Franklin Baremblitt, como ya dijimos en otra ocasión, no restringe sus modos de comunicación a los diálogos (razón junto a otros) sino que los penetra con diánomos (movimientos junto a otros) constituyendo los ámbitos dinámicos en los que las Utopías Activas pulsen palabras en los cuerpos latiendo polifónicamente como cuerpos de palabras siendo no sólo las “intelecciones” sino la “lógica de las sensaciones”, la usina generatriz de los cambios-cambiar. Corporeidades colectivas no identificables sino a través de sus potencias rebeldes que no son susceptibles de ser recuperadas hacia la reproducción de sumisiones y vasallajes cuya máxima “virtud” es la de perpetuar la axiomática del capital y sus soportes materiales, simbólicos e imaginarios (entre los que las instituciones encuentran funciones preponderantes).

“Corpus” que muta de modo imprevisible en sus estocadas a los “Dominus” que fagocitan la pulpa magmática de la natalidad del ser histórico-social que subvierte los mandatos, mandamientos, códigos, sobrecodificaciones y demás “instructivos correctivos” que exigen que las existencias se consuman en la fetichización de los supremos valores de la fatalización ritual de lo maravilloso en los altares de los “supremos y puros” agentes de poderes tan luminosos como enlarvados.

Invención de espacios intensamente humanos; humanidades de  cuyas perplejidades, convicciones, incertidumbres, conclusiones e inconclusiones, estremecimientos, significancias e insignificancias fluye lo novedoso, lo inconcebible con antelación en los espacios balizados por el “Orden y el Progreso” cuyas normas y avances también contemplan y activan genocidios en sus más diversas modalidades.

El autor del libro también con-versa en cuanto estrategia compleja a través de la cual hace presentes a otros colectivos (aunque mayormente se los “identifique” en “personas individuales” que seguramente tuvieron la posibilidad de formalizar procesos de producción inventivos que los trascendían) que ensayaron fundar territorialidades emancipadas y emancipatorias dado que en tal forma de hacerlos reaparecer se re-instalan planos recorridos y paridos por praxis que se conectan abriendo, en otra dimensión del mismo movimiento, intersticios, brechas que dan lugar a la producción de relaciones inéditas y por tanto pro-motoras de nuevas búsquedas.

Con-versar en tanto modo de conexión agudo de aquello que se presenta y re-presenta “naturalmente” escindido en los discursos, saberes y prácticas que se serializaron  en las fábricas de “conocer” de las hegemonías de cuyas disposiciones se han incrustado en los “mercados académicos” productos sobrevaluados: el pensamiento único, ave fénix que efectúa sus vuelos carroñeros en los supuestos cadáveres de la(s) Historia(s), los relatos sociales y las vivencias cotidianas e intempestivas de los movimientos populares. El Dr. Gregorio Franklin Baremblitt no necesita resucitar tales categorías, simplemente se niega a reproducir los anatemas que, sobre las usinas de la heterogeneidad y los procesos de subjetivación que se desarrollan entre lo instituido y lo instituyente, lo molar y lo molecular, lo liso y lo estriado, han berreado destacados “intelectuales” que se comportan efectivamente como monaguillos en las ceremonias en las que los “enviados” de dios en la tierra pretenden festejar los banquetes de los exterminios.

En otro plano, esta obra, como otras del mismo autor, se ofrece como testimonio y en tanto legado a otros, y cuya sustancia puede y debe ser re-inventada, trascendida, re-habitada, re-experimentada y por tanto re-lanzada en cualquier dirección que posibilite las liberaciones de todo aquello que se adhiera a las desigualdades fatídicas que componen la iconografía grotesca de las sociedades de la violencia susurrada como método fundamental de la “armonía y convivencia”. Las tautologías ominosas sobre las que las hegemonías han edificado sus dominios son colocadas en entre-dicho por el autor y su vastísimo acervo de personajes conceptuales accediendo a una radicalidad científico-política que no da “ni un paso atrás” ante las mistificaciones a las que se apela para justificar aquello que no tiene justificación.

Evoco aquí una lectura compartida con el autor de esta obra. El Conde de Lautreamont propuso desenajenaciones de aquello que ambiguamente propone formas de existencia social destruyendo al ser histórico-social al exclamar que “la poesía debe ser hecha por todos”. Acción que no se reduce en modo alguno a la escritura de poemas sino al poder hacer colectivo que funda los tránsitos desde existencias coaguladas que vitrifican  nuestros movimientos hacia la trasmutación de lo establecido y sacralizado, no sólo en lo estético sino también en las conexiones novedosas de lo ético, lo político y lo ideológico. Programa en reformulación incesante que el Dr. Gregorio Franklin Baremblitt se ha dispuesto a socializar entre todos nosotros con este libro que condensa y libera vida siendo deseable que las vidas liberen aquello que posibilite nacer una y otra vez.

 

 

  "hacia una psicopatología de la pobreza"

 

  Autor: Angel Fiasché

  Prólogos de Eduardo Pavlovsky y Hernán Kesselman.

  288 páginas.

  2da  Edición Noviembre 2005.

  ISBN 987-99610-8-0

 

 

 

 

Prólogo por Eduardo "Tato" Pavlovsky

 

Este magnífico libro del Dr. Fiasché no sólo es un libro para opinar sobre psiquiatría sino que es un libro que todo joven psiquiatra, psicoanalista, psicólogo o psicólogo social debería leer. Se hace necesaria la lectura de un libro que sostiene la multiplicidad de las intervenciones psicoterapéuticas y que apela permanentemente al pensamiento creador como modelo terapéutico,  a veces a inventar, en cada una de sus intervenciones. Una idea básica que rescato del libro y que si bien podría tener la paternidad del Dr. Pichon Rivière -uno de sus maestros predilectos- es también y por sobre todo una resonancia conceptual teórica, clínica, psicoterapéutica, de  Fiasché sobre ideas de su maestro, donde la "marca Fiasché " es la ampliación de los conceptos a través de múltiples experiencias y prácticas concretas psiquiátricas y psicoterapéuticas.

No existe en Fiasché ninguna concepción teórica que no esté avalada por su experiencia clínica. Ese es el rigor científico de Fiasché. Lo que siempre realiza es la conceptualización de sus prácticas, donde no sólo se percibe su profundo conocimiento clínico y su extensa formación en psicoanálisis, psiquiatría y psiquiatría social, sino  además -lo subrayo- un riguroso y a veces arriesgado e impredecible espíritu creativo innovador. Ejemplo de esto es el relato de su experiencia con adolescentes marginados en Nueva York, con quienes participó en una doble experiencia existencial . El, enseñando a los adolescentes y aprendiendo al mismo tiempo  los regímenes de afección de los jóvenes y sus micrológicas. Voy a la frase pichoniana "el punto de partida para entender la patología es el proceso de aprendizaje. Este aprendizaje , en la medida en que estimula el crecimiento de la epistemofilia y que proporciona mejores herramientas estratégicas para dicho conocimiento del mundo, enriquece los  sentimientos y con ello favorece el desarrollo de la salud mental".Para mí, ésta es la frase que acompaña la ideología conceptual y estratégica de sus 21 capítulos. Como diría Stanislavsky, el superobjetivo de todo libro.

Porque Fiasché -lo dice numerosas veces- insiste en  que esta epistemofilia, que enriquece los sentimientos y el desarrollo de la salud mental, no la coloca sólo del lado de los pacientes sino  también del lado de los terapeutas, los cuales amplían de esta manera su cadena de significaciones a través de prácticas y conceptualizaciones diferentes.

Vía doble: cuando se cura el paciente es porque el terapeuta ha aumentado su régimen de conexiones, su régimen de afectación. En otras palabras, su conciencia.

Lo opuesto a Fiasché es el psicoanalista cuya única práctica ha consistido siempre en su práctica de diván  y que a través de los años lo percibimos con un bajo nivel intelectual y de creatividad.

Con ellos sólo se puede hablar de psicoanálisis, y del psicoanálisis  sobre todo como una compresión del mundo.

Una especie de patología de la hermenéutica, capaces de interpretar desde el psicoanálisis arte, política, economía, etc. Sólo que entienden poco. Allí el psicoanálisis adquiere un alto nivel de "religiosidad".

Con Fiasché se puede hablar de todo, porque la Universidad de la calle también formó parte de su experiencia. Se puede hablar de literatura, de cine, teatro, política, de psicoanálisis y de psiquiatría, pero siempre abordando estos temas desde su singularidad específica.

Al pasar se puede decir, además, que su infancia fue matizada con la convivencia de grandes jugadores de fútbol argentinos que habitaban su hogar cuando venían del interior a la capital. Martino y Pontoni vivían en su casa cuando jugaban en San Lorenzo de Almagro.También su rica experiencia como bailarín  de tango en "Caño 14", lugar tradicional del tango porteño. Fue además un alto ejecutivo de una importante agencia de publicidad.Debemos  destacar su paso como Director Nacional de Salud Mental en 1991, en la Argentina; su relevante experiencia en el Hospital Maimónides (Nueva York) como director del entrenamiento en psiquiatría. Entre otras experiencias, cabe mencionar  también su fructífera estadía en Suecia (en la ciudad de Gotemburgo) donde fundó, con la colaboración de su esposa, un Instituto de Psicoanálisis y Psicoterapia.

Allí Ángel y allí siempre Dorita Fiasché, porque resulta difícil deslindar a veces los miembros de la pareja diferenciados de todo este potencial creativo. Este "entre" de la pareja donde, como dije antes,  a veces resulta complicado deslindar la paternidad de las ideas. Deleuze y Guattari, creadores  de dos libros excepcionales -Capitalismo y Esquizofrenia y Mil Mesetas- afirmaban que habían perdido la noción de la paternidad de sus ideas. Tal era la experiencia existencial de un trabajo mutuo donde se pierde la noción de sujeto, para ampliar el nuevo concepto de "individuación". La individuación es el "tercero" creado entre los dos. Podría afirmar en este caso que la psicoanalista Dora Fiasché (también filósofa y pintora) tiene un  papel fundamental en la creación excepcional de Ángel. Lo aclaro en mi experiencia personal:  sin mi mujer Susana Evans yo no podría crear permanentemente como todavía lo hago hoy. Hacemos una máquina "invisible" entre los dos. Sería injusto no nombrar a ambas mujeres, por la preponderancia del papel que ambas tienen en nuestra labor creadora. En la de Fiasché y en la mía.

Vuelvo al libro: la cotidianeidad de su relación con Franco Basaglia y sus innovaciones en la psiquiatría italiana; también con Laing y con Cooper, ambos creadores de la antipsiquiatría, donde Fiasché tuvo también una importante intervención. Sus múltiples participaciones en Congresos Internacionales de Psicoanálisis y Psiquiatría en Europa y Estados Unidos.

La profunda gratitud que Fiasché expresa hacia el Dr. Cabred, a quien considera un verdadero pionero en la psiquiatría hace cien años, es emocionante.

Fiasché, como el pintor inglés Bacon, va arrojando "manchas", ideas sueltas sobre las páginas del libro. Como dice Bacon cuando pinta  que de todas las múltiples manchas que arroja sobre la tela "elijo una sola, a la que llamo accidente, y sobre ese accidente sigo trabajando todavía sin buscar la representación. Esta improvisación que hago la defino como imaginación técnica, donde después, y sólo después, llegará alguna forma, si la encuentro."

Es el "viaje" que anhelo que hagan los lectores con éste libro,  que se conviertan en viajeros en algunos de los múltiples fragmentos que les propone Fiasché y desde allí realicen la experiencia del "fragmento" que los conducirá a la vivencia existencial que les permita encontrar su  singularidad individual. No existe la experiencia delegada. La experiencia de Fiasché es única y excepcional.

Pero les sugiero que lean el libro como campo de "experimentación". Porque es allí donde se pueden multiplicar sus conceptos. Como él lo hizo con su maestro predilecto.

El lector debería multiplicar literariamente, la multiplicación literaria que realizó Fiasché  con Pichon Rivière.

Último comentario: su profundo conocimiento a través de todos los capítulos de su gran maestro teórico Sigmund Freud. Porque como dice siempre Fiasché, "yo soy siempre psicoanalista". Y es verdad. Doy fe de ello. Pero de un psicoanálisis liberador y potenciador de ideas y no atrapado en instituciones que lo ahorcan y le restan creatividad. Las instituciones psicoanalíticas oficiales argentinas no podrán nunca comprender cabalmente las ideas que Fiasché propone en este libro, porque en general vuelan a ras del suelo. Los conozco bien.

Hubo otro grande, Samuel Beckett, que escandalizó hasta a Borges, que nunca entendió su literatura "desterritorializante" y llegó a decir que a un irlandés loco lo habían premiado con el premio Nobel.

Pero Beckett desde su marginalidad se convirtió en el más grande dramaturgo del siglo. No necesitó demasiado de Academias ni Instituciones que lo apoyaran durante su carrera. Sólo su genio y su coherencia fueron premiados y reconocidos al final.

Allí Fiasché y allí Beckett. Y no seamos ingratos. Allí también Borges.

Debemos agradecer al Dr. Fiasché este libro tan singular, producto de su vasta experiencia, su enorme creatividad y su sólido arsenal teórico.

Ojalá los jóvenes puedan leerlo y experimentarlo -a veces tan remisos a leer temas que los aparte de Lacan y cerrados a un autismo frente a lo social- y siempre preocupados por el mercado del psicoanálisis y su enseñanza.

Gracias, Dora Fiasché, por saber muchas veces ser la partera del genio de Ángel. Un sincero agradecimiento y reconocimiento a los dos.

 

 

Prólogo por Hernán Kesselman

 

Al comienzo de la década de los años 60 conocí al Dr. Ángel Fiasché personalmente. Yo sabía de su trayectoria como figura sobresaliente en el elenco de profesionales, de psicoanalistas avanzados que acompañaban al maestro Enrique Pichon Rivière en sus gestas y episodios pioneros de la psiquiatría social progresista de aquellos años. Y que culminó con la creación de la Primera Escuela Privada de Psicología Social en la Argentina.

Por aquel entonces, yo era el encargado -junto con la Dra. Lía Ricón- de la Sala de Internados del Servicio de Psicopatología que dirigía el Dr. Mauricio Goldenberg, en el Policlínico de Lanús. Me analizaba con Marie Langer y supervisaba el trabajo con los pacientes internados con el Dr. José Bleger, con quien supervisaba, a la vez, a los pacientes que atendía en mi consultorio privado.

Recuerdo el caso de una paciente, aquejada de severas crisis de carácter hipocondríaco, que había generado situaciones de peligro para sí misma y para sus hijos, tras lo cual decidí proponerle a su familia continuar su atención en internación, en un sanatorio psiquiátrico. Yo concurría diariamente a darle sesiones en el centro asistencial y supervisaba cada paso con el Dr. Bleger. Éste me sugería que insistiera especialmente en el trabajo de la interpretación transferencial, además de la medicación antipsicótica que le era suministrada.

Pero los días pasaban y la paciente no mejoraba. Además, fueron en aumento sus ataques agresivos contra mi persona, incluyendo dos intentos de homicidio, que hicieron que incrementara la dosis de ansiolíticos que yo tomaba antes de ir a verla y la cantidad de horas de supervisión que solicitaba al Dr. Bleger, para ver si se producía alguna tregua entre esta paciente y yo. Hasta que un día convinimos con Bleger en que yo no podía seguir conduciendo esa terapia con tal montante de transferencia negativa.  Le pregunté a José -que era como mi hermano mayor en psicoanálisis y un maestro admirado, de quien esperaba que me sacara de cualquier oscuridad en la que pudiera caer- "Si usted, doctor,  estuviera en mi situación ¿qué haría?". Él reflexionó un instante y respondió: "Yo, en su lugar, le pediría al Dr. Ángel Fiasché que me acompañara para hacer el traspaso del timón de la terapia".

Entonces, llamé al Dr. Fiasché, le expliqué la situación y él me dijo: "¿Cuándo tiene que ir a verla?". "Mañana" -le respondí yo- "Bueno, avísele a la familia y a la paciente que yo iré con usted mañana a las 6 de la tarde; previamente nos encontraremos nosotros dos unos minutos, y luego pasaremos a verla juntos a la habitación".

Ese día no tomé los ansiolíticos, pero pedí una sesión adicional con Marie Langer, mi psicoanalista, y me dirigí al sanatorio acompañada por Susana, mi esposa, que estaba embarazada de nuestro primer hijo. Eramos una joven pareja; yo atendía en el hospital, estudiaba para mi carrera de psicoanalista y trabajaba a brazo partido en mi consulta privada. Así que llegué al sanatorio en mi automóvil y mi esposa se quedó esperando que termináramos la entrevista, para luego volver juntos hacia nuestra casa. A los pocos minutos llegó el Dr. Fiasché, que me hizo algunas preguntas y a quien interioricé sintéticamente  acerca de la paciente en cuestión. Guiados por la enfermera, nos dirigimos a la habitación y, tras golpear para anunciar nuestra entrada, el Dr. Fiasché abrió la puerta de par en par con un gesto firme. Entonces, se escuchó un estallido de cristales, y al comenzar a cerrar la puerta -estando ya no-sotros dentro de la habitación- apareció la paciente de cuerpo entero, detrás de la puerta, encaramada a una silla y sosteniendo aún trozos de cristales en sus manos, pálida de furor y de asombro por el imprevisto. Ya que, como luego supimos, ella había destornillado el espejo del toilette esperando mi ingreso para agredirme.

Entonces, sucedió la escena inolvidable: el Dr. Fiasché le preguntó: "Pero, ¿qué hace usted allí con este vidrio, que casi se corta toda al abrir yo la puerta? ¿No se da cuenta de que es peligroso? ¡Bájese de ahí! Siéntese en la cama, que vamos a charlar un rato sobre qué es lo que tenemos que hacer para que usted pueda mejorarse. Y poder pelear contra el mal que la hace sufrir, y no con este muchacho, que está trabajando y su mujer lo está esperando afuera para volver a su casa esta noche". Ahí, la paciente le entregó los trozos de espejo a la enfermera, bajó los ojos con pudor y tomó asiento para empezar a dialogar con el Dr. Fiasché.

 Este shock de sentido común y sabiduría psiquiátrica fue el debut de un camino de creciente admiración y respeto que he sentido siempre por Ángel y por Dorita, su mujer, que había sido también una de mis docentes de Psicoanálisis de Niños durante mi carrera cursada en la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires.

La paciente siguió el tratamiento con el Dr. Fiasché y aunque han transcurrido muchos años, aún la recordamos. Y suelo rememorar este episodio cada vez que me solicitan un ejemplo de intervención psiquiátrica psicoanalítica operativa.

Tiempo más tarde, Fiasché emigró para trabajar en el Hospital Maimónides de Brooklyn, Nueva York, y durante algunos años dejamos de vernos, pero nuestra relación en común con Eduardo Pavlovsky ha ido motivando reuniones personales y profesionales, tanto en Buenos Aires como luego durante nuestro exilio en España. En ese lugar yo fundé, en 1978, una Escuela de Psicología Social sobre las ideas de Pichon Rivière. Y allí Ángel realizó supervisiones con colegas argentinos y españoles residentes en Madrid.

Fue también por su gestión que Tato y yo pudimos trabajar "Escenas temidas del coordinador de grupos y multiplicación dramática" en el Göteborg Psykoterapi Institut (Suecia), donde Dora y Ángel vivieron y crearon un instituto de psicoanálisis, que hoy goza de gran prestigio en Europa.

Por otra parte, fueron los Fiasché quienes organizaron para mí en 1987 un taller-maratón de "Escenas temidas del coordinador de grupos y multiplicación dramática", en su Centro de Arte, Ciencia y Tecnología en Los Cocos (Córdoba), cuando regresé al país repatriado junto a mi familia.      

Los Fiasché siempre estuvieron presentes antes, durante y después de mi exilio, para compartir diálogos acerca de todo lo personal, lo profesional, lo cultural. Han sido y son interlocutores de los cuales uno siempre sale enriquecido y reconfortado.

Este libro sobre psicopatología de la pobreza contiene evocaciones de la práctica concreta de su autor y afirmaciones surgidas de esa práctica y de su vasta experiencia profesional en distintos continentes, algunas de las cuales trataré de subrayar, pues, a mi entender, pueden echar luz sobre la falta de información en las historias oficiales de nuestra especialidad, además de que por su carácter severo suelen desatar polémicas y opiniones en favor o en contra de sus asertos.

Yo, que pertenezco al grupo de discípulos directos de Pichon Rivière en su última etapa, escucho y tomo nota de las afirmaciones que hace este otro discípulo de la primera época,  que no participó de la última porque desde el año 1967 se radicó en los Estados Unidos, debido a lo cual no pudo compartir el período de su enfermedad y las vicisitudes de la fundación de la Escuela de Psicología Social que fundó con Ana Quiroga, -tema que aclara el autor en el inicio de este libro-.

Algunas observaciones de nuestro autor que cabe señalar y que mucha gente desconoce:

a) Una de las razones profundas por las que Pichon Rivière introdujo y difundió a Melanie Klein en la Argentina es que encontró en ella y su grupo el único movimiento interesado en investigar alrededor de la psicosis.

 b) Por su admiración por Sullivan, y sin que él se hubiese postulado así, Pichon fue el primer psicoanalista culturalista que tuvo la Argentina. En ese sentido, Fiasché (miembro dilecto del Alanson White Institute) propone plantear el diseño de una psicopatología desde la cultura. Y ello  significa entender y explicar el modo en que ésta juega un papel importante en los mecanismos psicopatológicos de que disponemos en nuestra interioridad y a los cuales no podremos renunciar porque, de hacerlo, entraríamos en la contracultura (que tiene, en su opinión, una vertiente creativa y otra autodestructiva).

 c) Los adolescentes constituyen una trama que evidencia que Fiasché trabajó no sólo desde las lecturas, sino desde el contacto directo singular y grupal, desde el diario convivir, lo cual lo lleva a decir que el adolescente representa un eje móvil de transformación de nuestra sociedad, y nuestro trabajo consiste en analizar la dirección hacia lo creativo o hacia lo destructivo que tomen sus proposiciones. Y afirma: "Nosotros no debemos ser promotores de las proposiciones, sino protectores de las proposiciones que los adolescentes tienen, para evitar que entren en el campo de la enfermedad". La psicopatología de la pobreza se desarrolla en cada capítulo de este libro. Para ejemplificar que la pobreza enferma, recuerda el caso paradigmático de un paciente nacido en una provincia del interior de la Argentina, con escasos recursos económicos y culturales, que todo lo que pensaba lo sacaba del libro Martín Fierro, de José Hernández. Años más tarde, este hombre llegó a hacer fortuna en los Estados Unidos, pero no pudo enfrentar una crisis existencial, ya que siempre que hablaba lo hacía desde el otro, y este otro no era sino Martín Fierro. La pobreza enferma. Deja huellas definitivas. Pero aclara un postulado básico:

 d) La pobreza no enferma en sí misma,  es su cultura la que enferma. Y más grave aún es la cultura de la miseria debido a los elementos básicos de su ecología: el hábitat, la villa miseria, el analfabetismo, la promiscuidad y el alcoholismo. Y por ello no podemos ver la psicopatología de la pobreza, en términos de salud y enfermedad, de acuerdo con el sistema adaptativo, que sí sirve para la sociedad burguesa.

 e) Otro postulado: El psicoespacio es un elemento para tomar siempre en cuenta cuando estamos frente a una patología determinada, puesto que ella se da en un espacio determinado. Y debemos preguntarnos cuán grande es el espacio que cada persona necesita para sentirse acompañada y, a la vez, tener la libre elección existencial para estar sola. 

La calle y la noche, como el psicoespacio, han ido perdiendo la posibilidad de ser disfrutados como espacios de extramuros, a causa de la violencia, el robo y la inseguridad. Allí descubrimos la patología, y se observa una correspondencia entre la menor disponibilidad del espacio y el aumento de la delincuencia.

 f) El retardo mental es una enfermedad que prevalece en la miseria. Y esto está más referido al nivel de la miseria, porque en la clase proletaria, por lo general, la pobreza  logra una organización familiar que es muy importante y se mantiene en forma cohesiva; cosa que no se logra en el nivel de la miseria, que lleva a adoptar actitudes exasperadas a quienes padecen la exclusión en el grado más intensivo de vulnerabilidad. Fiasché ilustra esto con la idea de que en Harlem, por ejemplo, todo lo que la sociedad les permite a los negros pobres es obtener autos de marca y aparatos electrónicos accesibles. "El Cadillac que ellos ostentan con gran orgullo, sienten que es lo más valioso que tienen, no es operativo, es un Hilton Hotel, es su novia, es todo, porque valoriza su autoestima lastimada.”

Son también numerosas las epileptoidías que se producen por carencia de espacio: la epileptoidía es una de las enfermedades de la miseria, pues en poco espacio conviven diez o más personas, parientes o con vínculos entremezclados, con una fuerte carga incestuosa; no siempre se sabe quién es hijo de quién, y esto promueve la indiferenciación y la confusión. También la cultura de la anomia genera una patología especial vinculada con el psicoespacio: la esquizoidía, y puede coadyuvar al desarrollo de una de las enfermedades más graves, desde la esquizoidía por migración (interna o externa) hasta la criminalidad de la esquizoidía epileptoide. 

 g) El concepto de "ecoespacio" es un eje central, según el autor, para comprender la psicopatología presente y cambiante, con la incidencia de la anomia de las grandes ciudades y las vicisitudes que origina el hábitat en que se desarrolla el comportamiento humano. 

Fiasché se juega por una psiquiatría social humanista y horizontal, ya que privilegia la función del liderazgo por encima de las jerarquías disciplinarias, que pervierten las relaciones humanas en las instituciones del campo de la salud, cuya cuestión central es el humanismo versus el antihumanismo.

En el racconto de sus navegaciones alrededor del mundo, el libro está sazonado por sus experiencias personales en toda América y en Europa, siendo compartidas, algunas de ellas, con psiquiatras y psicoanalistas pioneros en la psiquiatría social y en la contracultura (Maxwell Jones, Franco Basaglia, por ejemplo). En otras circunstancias, sus investigaciones como director de hospitales psiquiátricos o de salud mental -ya sea en el Hospital Boros de Suecia, o en el Hospital Moyano de Buenos Aires, o desde el Maimónides de Nueva York hasta un Hospital Neuropsiquiátrico de Oslo, (Noruega)- están siempre refrendadas por su carácter de explorador directo en los campos que decide investigar. Fiasché no sólo consulta libros y estadísticas, sino que también habla con enfermeros, pacientes y familiares, comparte almuerzos, discute persona a persona con los pacientes, ya que el combate que libra es contra el asilismo y las enfermedades, que son producto de la cultura de la miseria y de la cronicidad.

Fue un adelantado en el tema de la desmanicomialización y advirtió sobre los peligros de que esta corriente quedara reducida a un discurso político o a que los pacientes liberados de los hospitales fueran abandonados a las calles y expuestos a ser explotados y maltratados.

En esta lectura nos queda la sensación de que en los últimos cuarenta años de la historia de la psiquiatría social, Fiasché estuvo siempre en contacto con los pioneros de cada corriente, en el lugar indicado y en el espacio más conveniente.

Como antes dije, en 1987 tuve la oportunidad, en mi retorno, de conocer la institución que Ángel y Dora habían creado con el Dr. Navedo en las sierras de Córdoba. Un centro ubicado en un pequeño hotel en desuso en Los Cocos,  vinculado más con el modelo del aprendizaje que con el modelo médico tradicional, con talleres, huertas y carpintería, donde espontáneamente se establecía una corriente de comunicación entre los turistas que paseaban por los negocios, los cafés y el cine y los pacientes que se movían libremente por el pueblo. Con experiencias de este tipo, los Fiasché ponían en evidencia que el tema de la salud mental estaba enmarcado en un estereotipo, que es el prejuicio de la enfermedad mental, ya que los pacientes no diferían de los que se acostumbra a ver en los cronicarios. En sus centros ya no había "pacientes", sino gente que vivía en el hospedaje al estilo del "Arbours Crisis Center" de Londres, que dirige Joe Berke y del cual yo mismo fui profesor invitado y miembro honorario. 

Así, Fiasché propugna intervenciones antes que interpretaciones. Intervenciones que cambian de protagonistas según la situación y las necesidades operativas. Esto se integra a su idea de que el campo de la psiquiatría social debe dirigir su enfoque hacia las consecuencias que genera la injusticia social, lo cual recorta claramente el compromiso político del autor.

En el libro también se narra la puesta en marcha del plan de externación que llevó adelante el Dr. Jorge Pellegrini, en la provincia de San Luis (Argentina). Y en el transcurso de sus páginas campean ácidas críticas hacia los popes internacionales y los aspectos nefastos de los congresos de profesionales en nuestro campo, intentando develar los juegos de poder que se fagocitan las propuestas revolucionarias de los movimientos con germen revolucionario, de las que no se salvan ni "Plataforma" (de la cual yo mismo he sido miembro fundador) ni "Documento" en la institución psicoanalítica, ni Franco Basaglia en la institución psiquiátrica.

Rescata la vigencia del E.C.R.O. pichoniano, integrándolo a la teoría general de los sistemas, y la valiosa experiencia que tuvo en el Alanson White Institute de Nueva York, instituto culturalista norteamericano, que pude conocer personalmente gracias a su gestión.

Por todas estas razones, recomiendo, tanto a colegas y discípulos como a trabajadores de la  salud mental y estudiantes, la lectura a fondo de este libro, que desarrolla en todas sus dimensiones las herramientas para comprender e instrumentar la psicología y la psicopatología de la pobreza, desarrollada por este riguroso investigador, que ocupará con justicia un lugar de privilegio entre los precursores de este campo en la Argentina y en el mundo.

 

 

"Psicoanálisis y ezquizoanálisis.

  Un ensayo de comparación crítica"

 

  Autor: Gregorio F. Baremblitt

  Prólogos: Gregorio Kazi y Jorge Golini

  320 páginas.

  Edición agosto 2004.

  ISBN 950-99969-3-9

 

 

 

Prólogo por Gregorio Kazi

 

Entre diá-nomos y pró-nomos

Son diversos los motivos que convocan a escribir estas palabras. Muchas veces se prescribe que debemos sostener un “diálogo” con la obra del autor en los prólogos que efectuamos acerca de su devenir escrito, cumpliendo así, de maneras más o menos rigurosas, con los ceremoniales de “iniciación” que pretenden ungir con los óleos sofocantes de las academias a la dignidad lógico formal, a la sabiduría sacerdotal, a las elevaciones eruditas, a las revelaciones provenientes de la clarividencia científica a la que arriba la individualidad de quien ha tenido la disciplina necesaria para romper los nexos entre la “vida activa y la vida contemplativa”. Sin atenuantes: los prólogos son liturgias análogas a las acciones misteriosas que repiten con asombrosa identidad los diáconos y monaguillos en tanto preliminares que anteceden una y otra vez a la penetración anticipable, en escenarios inmutables, de prelados, padres, o cualquier ser autorizado a representar y transmitir de modo monopólico el “verbo” y la “palabra” incuestionable.

Sin inimputabilidades: los prólogos también se asemejan a los desfiles marciales cuya dudosa pomposidad precede a los discursos de las “jerarquías superiores” que, sin variación, se autovalidan en la insistencia y exigencia de obediencias debidas de los subordinados hacia los honores que suponen, por ejemplo, los asesinatos planificados en nombre de la “libertad y la vida”. Además de los “diálogos” bíblicos sostenidos entre los “hijos virtuosos” y un dios omnipresente en sus monólogos, no nos son ajenos, aunque nos ajenicen, los diálogos platónicos que “recrean” las palabras de un maestro homenajeado luego de ser “suicidado” por los nobles designios de la Polis. Homenaje que otorga celebridad a los discípulos que sobreviven las acciones “inadmisibles” de Sócrates. “Alumnos” instruídos e iluminados por la Mayeútica que pervierten los testimonios y legados del “evocado”. Pensadores “escrupulosos” que, en tanto “sobrevivientes”, se auto-asignan un rol de “privilegio”: ser “consejeros de príncipes”, disfraz “tolerable” de los “justos” legisladores y conciudadanos influyentes que impusieron la gentil condena al “festejado filosóficamente”. Diá-logos que se vierten en pró-logos. Re-poniendo escrituras y con-versaciones del y con el autor de este libro, el Doctor Gregorio Franklin Baremblitt, trataré de no “caer en la tentación” virtuosa y elogiada, en las catedrales diseminadas de la “intelectualidad”, de “dialogar” en tanto uno de los recursos privilegiados de los pro-loguistas que acallan las dimensiones no mercantiles, que no producen lucros ni capitalizaciones, de la escritura que emerge entre convicciones e interrogaciones.

 El autor nos convoca y desafía hacia la producción de acontecimientos moleculares que advienen de los diá-nomos, que pueden ser antecedidos o no por pro-nomos, cuya materia en movimiento se fuga y se aposenta en el “cebar los deseos y pasiones”. Nomos o nomadismo sin el que no es imaginable el trazado de las cartografías, siempre parciales y singulares, que nos orientan entre un territorio en el que apacentar y otro. Tales travesías alteran los mandamientos que sepultan las búsquedas de territorialidades deseadas dado que se debe aprisionar cualquier aspiración emergente de las utopías activas en las tierras prometidas por los padres poderosos propietarios del saber y el hacer.

 El Doctor Gregorio Franklin Baremblitt comparte, en este inter-texto puesto a trabajar en con-textos trazados en multiplicidad de planos, un elogio de lo que acaece entre puntos de partida y puntos de arribo sin detenerse ceremoniosamente en uno u otro.  Orientación que no se somete a las per-signaciones, pre-asignaciones y pre-signaciones a los puntos cardinales inmóviles que se incrustan en los horizontes absolutos cristalizados por dogmas, sectarismos, arribismos y oportunismos. Cuatro términos posibles por las quietudes requeridas para la perpetuación de los establecidos fundados y fundidos en asimetrías bestiales que se han inoculado en los cuerpos y conciencias “normalizadas” en tanto “escencia de la humanidad”.

 Las dominaciones, coerciones y los doblegamientos, perceptibles e imperceptibles, de los “entre”, han sido tácticas privilegiadas para el cumplimiento estratégico de la imposición de los Imperios. Cada afirmación de éstos en los distintos momentos de la historicidad y “dentro”de las diversas maneras de organización “social”, desde las más sutiles y seductoras a las más grotescas y “repudiadas”, han significado persecuciones, suplicios ejemplificadores directos e indirectos sobre las discrepancias singulares que se producen entre seres histórico sociales. 

 Intentando realizar una enunciación de las “pasiones alegres”  es posible escribir/ decir que en este libro, entre algunos de sus aspectos singulares, convergen multiplicidad de proyectos y trayectos que se potencian vitalmente.       

Fuerzas inventivas que en su singularidad han ido trazando las territorialidades dinámicas de las identidades colectivas insurgentes, de las enunciaciones rebeldes del ser histórico social, de las travesías inéditas sostenidas y liberadas en cada paso hacia los horizontes de transformaciones necesarias y deseables, de las búsquedas creativas estético-emancipadoras, de las producciones teórico prácticas que se realizan cotidianamente en cada acción implicada con la belleza, la justicia, la ternura, la natalidad, las in-quietudes, el conocimiento crítico  gestados por las pluralidades, alteridades puestas en juego en y entre los “nosotros” revolucionarios.

Devenires incapturables que han puesto en juego las Madres de Plaza de Mayo y sus 30000 hijos, los movimientos rebeldes de América Latina y el mundo, el colectivo implicado en la construcción de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo y cada gesto en el que laten los sueños, utopías y realidades que se contraponen al Imperio de la Homogeneidad, a la sociedad de la violencia, a la perpetuación de genocidios, explotaciones, alienaciones, controles y castigos, a la propagación y normalización de lo aberrante, a las “adaptaciones” a un “orden” bestial proclamado y ejecutado en nombre de la “armonía”, “paz” y “convivencia nacional o mundial”. Convergencias que reconocen diversidades, acuerdos y desacuerdos, encuentros y desencuentros, continuidades y discontinuidades, repeticiones y diferencias. Entre-cruzamientos que no suponen la instalación de planos de certezas, ni la constitución de tautologías, ni la urdiembre de redes de captura, ni la institucionalización de modos uniformes, ni la configuración de disciplinamientos, encauzamientos y direccionamientos hacia subjetividades pre-figuradas. Entre-vistas, inter-locuciones polifónicas, entre-tejidos , entre-puentes, entre-surcos,  entre-suelos, entre-tantos, entre-vías, recorridos de transición entre un espacio lúdico y otro, pluri-topologías en y desde las que emanciparse de decretados sedentarismos;  instancias que advienen en tanto realidades compartidas o instauradas entre unos y otros. Co-operaciones que establecen planos de inter-acciones zigzagueantes en y de cuyos pliegues y repliegues se alojan al tiempo que se liberan subjetivaciones originales, re-subjetivaciones cobijantes e intempestivas.

 Así como la funcionalidad de las racionalidades intrínsecas a las inercias , que eternizan los vasallajes y sometimientos,  encuentran un fundamento inmutable en las quietudes, el nomadismo entre los seres in-quietos des-cubre nuevas conexiones entre los elementos que se hallaban recubiertos de significaciones pétreas, tanto como instituye trayectos que aún reiterándose son novedosos en y por re-posiciones, disposiciones, intensiones, velocidades, inclinaciones, dimensiones. Zonas comunes que no son de uno ni de otro, espacios no asimilables a los diagramas fetichizados de los que surgen las propiedades privadas. Privatización en tanto factoría implacable de individualismos-feudos que reproducen de modo ominoso los templos en los que dios bendice, en tanto faz metafísica que “milagrosamente” se replica en la materialidad de las relaciones regidas por el desconocimiento o humillación a todo otro como tal, a un rebaño que paradojalmente es tal por que su cualidad comunitaria se retrae, hasta la saturación vacua, al individuo cuya única orientación es la auto-referencia. Los “intramuros” que han emplazado los poderes de la fatalización, tortura y desaparición de las disidencias e interrogaciones radicales , son estructuras duras pero su función discriminadora, en las significaciones lacerantes de tal palabra, adquiere renovadas funciones. La fortaleza que “resguarda” a los vasallos de la “amenaza” que representan los “desviados”, “enfermos”, “vagos”, “indeseables”, “insensatos”, extravagantes” y demás seres “verminosos” es la función más reconocida, aclamada y pontificada en Occidente desde el régimen feudal hasta hoy, con los virajes y recategorizaciones complejas que el capitalismo ha logrado inscribirle sin las linealidades que muchas veces se le atribuye a tal proceso. Los siervos, cuyas voluntades, deseos, sensibilidades, pensamientos y autonomías son pulverizados por los señores, han sido también “protegidos” de sí mismos, de su potencial “animalidad”, de sus intrínsecas posibilidades “subversivas”.

 Considerar que las murallas sólo excluyen a quienes son evidentemente excluídos es una de las conquistas más avasallantes de los poderes de la fatalización que se re-distribuyen, re-direccionan en la victoriosa ritualización de la razón, cuyos procedimientos de validación inequívoca se consolidan en el “socius” de la modernidad que sustituye la positividad religiosa por la unidad del Estado. No se trata de confundir los suplicios que padecieron y padecen los “leprosos” de antaño y los estigmatizados de la actualidad, ni diluir las represas divisorias entre éstos y los “aldeanos” y “ciudadanos útiles”.

 Sino de dilucidar las membranas impermeables que se han consolidado entre éstos últimos y entre sus correlativos “dominus” interiorizados. El “preservado” de los contagios con los que otro arrojado “afuera” lo amenazaba, se encuentra a “salvo” de las contaminaciones que el contacto con cualquier “semejante” puede provocarle y a “resguardo” de la “impropiedad” de sus propias tendencias “disruptivas”, “alteradas”. Muros que se extienden y re-definen ,en su “claridad y distinción”, desde la epopeya “democrática” griega, el oscurantismo del medioevo, la “ilustración” moderna, hasta la “transparencia” posmoderna; considerando que cada una de las rocas enclavadas en los balizamientos de la “pureza y precisión” de lo “Uno”, es condición pre-determinada para la abolición de lo definido como “otro” y “otros”.   Es posible escribir, a grandes rasgos, que el magma bullente que fluye incesante de cada una de las letras del libro con el que se presenta Gregorio Franklin Baremblitt, haciéndonos presentes como amigos y lectores, encuentra sus principios, incisiones y pre-tensiones deliberadas y/o no, en la instalación de infinidad de “entre-territorialidades”.

Probablemente tal programa perturbador, que ha renovado en sublevaciones permanentes a través de al menos 35 años, “explique” que su producción, en nuestro país, haya sido silenciada aunque resonara desde la cercana lejanía de una retahila injuriante de exilios. El autor nos advierte, desde “antes” de su advertencia, que desea compartir, con inusual generosidad, las navegaciones inéditas que ha efectuado por los entre-océanos que, en tanto tales, han sido considerados “áreas prohibidas” por inquisiciones religioso-científicas. El mar del psicoanálisis y el mar del esquizoanálisis en tanto planos ( piélagos) sobre los que se trazan distintos recortes y segmentos ( islas-conceptos). Prismas, enfoques, montajes y desmontajes a partir de los que se “entre-configuran” tamices a través de los que adquirir “ consistencia sin perder lo infinito en que el pensamiento se sumerge”.

 El autor mantiene la tensión de los entre-veros que suponen tales inmersiones que dejan estelas perdurables y evanescentes sin renunciar a dejarse inter-ceder e inter-ferir por sus “personajes conceptuales” tan delicados y desafiantes como las comprensiones multivalentes que va efectuando.  Propone desde el mismo título generar un “entre”, dado que para instalar cualquier comparación como la que ha realizado, no es posible eludir los viajes entre los piélagos antes clausurados en especificidades y especializaciones restrictivas, ni entre las islas-conceptos (isolats) que va pincelando al demarcar multívocamente los “perímetros variables”de éstas. Re-instaura inventivamente archipiélagos re-abriendo la posibilidad de recrear las conexiones entre las islas que lo componen, ejerciendo, en un movimiento que se pliega dentro del otro, los re-descubrimientos de los piélagos que las islas vienen a poblar y los “entre-planos” que advienen como rompientes. Las rompientes de las olas de diversas marejadas y de distintos piélagos van bocetando, a velocidades infinitas, los contornos no estáticos , entre-cortados por armonías y desarmonías, las orillas o bordes carcomidos de las islas. Tales orillas que difieren de sí mismas con cada avance y retroceso son también espacios de transición mutable entre la “tierra firme” y el “piélago blando”, entre “espacios estriados” y “espacios lisos”. En esta línea Baremblitt deviene en las olas, sus rompientes, y sus movimientos de ida cuando vuelven y vuelta cuando van hacia la orilla-horizonte y hacia el horizonte-orilla.

Ello no le permite escamotear una intervención sobre “sí mismo”, siendo que podría haber omitido tal trabajo, dado que las cartografías que dibuja son dibujadas también sobre su piel implicada. En este sentido es posible recomprender la postulación de León Rozitchner del sujeto en tanto portador de “núcleos de verdad histórica” siendo que nuestro autor murmura y grita que además de sus nuclearidades inter-vinientes es portador de “molecularidades protagonistas de las verdades históricas”.   Clamor, bramido, susurro que se combinan como materia fonemática subterránea sobre la que Baremblitt escribe, tal como en un salimpsesto, la endo y exoconsistencia de los puentes colgantes y re-movibles que va re-hilvanando a través de inter-valos, detenciones, aceleraciones, crescendos y ritornellos. El escriba se d-escribe siendo en este caso un crítico y autocrítico que arroja, iniciando una suerte de intifada amorosa, “genealogías y geografías” resquebrajando la antinomia entre los movimientos del tiempo y la quietud de los espacios.

 Acordando con los trabajos de Marcelo Percia y Gregorio Kaminsky, entre otros, que señalan al ensayo en tanto estilo que se comporta como un analizador privilegiado de la(s) subjetividad (es) desde las que se escribe, me atrevo a sugerir que Baremblitt elige esta manera de compartir sus vaivenes incesantes, plasmados en bitácoras y cartografías, por , al menos, dos motivos. Habilita una pluri/ inter-vención esquizoanalítica: sobre y en las territorialidades “formales” a las que se aboca en su trabajo; sobre y en las territorialidades “informales” a las que indaga en otras dimensiones del mismo acto: las subjetividades portadoras y productoras de alteridad que se extrañan y se encuentran re-alterizadas en lo que Félix Guattari y Gilles Deleuze re-nominan como “sociedad de amigos”. Otro amigo de Gregorio F. Baremblitt señaló que uno de sus libros era un “Caballo de Troya”. Señalamiento que comparto y al que agrego que sus libros invitan a percibir maderas para construir tales corceles, a sentir una punta como las espátulas de V. Van Gogh,  a respirar las palabras como las acciones poéticas de Lautremont, a transitar los escenarios vitales demoliendo las representaciones instituídas como la gestualidad de A. Artaud, a leer los textos como S. Beckett los esculpía a martillazos, a experimentar los análisis combinando implicaciones político históricas y libidinales, a construir destruyendo y destruir construyendo como A. Rimbaud y sus Iluminaciones acaecidas entre temporadas en el infierno y aventuras innombrables entre el imperio y el continente negro. Invitación que ha sido recusada antes que pudiese formularla en su país de origen, la Argentina, salvo en una honrosa excepción. Convite que hemos aceptado al quedar con-movidos y entre-movidos ante alguien que lanza piedras deviniendo tal movimiento “como imagen del pensamiento sin dejar de ser materia del ser”. Piélago es aquello inconmesurable: tal el sentido primigenio que se le otorgó a los oceános. Archi designa aquello que es mucho. Archipiélago: lo que está “contenido” y forma parte del Todo infinito es, misteriosamente, mucho más que el Uni-verso que lo limita.