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Colección
“ARCHI-PIELAGOS”
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Coordinada por
Gregorio Kazi |
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Esta colección difunde los trabajos de los compañeros que
sostienen una praxis contrahegemónica en el entrecruzamiento de la Salud
Mental y los Derechos Humanos.
Piélago es aquello inconmensurable: tal
el sentido primigenio que se le otorgó a los océanos.
Archi designa
aquello que es mucho.
Archipiélago: lo que está “contenido” y forma
parte del Todo infinito es, misteriosamente, mucho más que el Uni-verso
que lo limita.
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"Hacia una
Psicología Social Histórica.
Cartografías críticas"
Autor:
Gregorio Kazi
Prólogos:
Armando Bauleo y Gregorio Baremblitt
Edición
noviembre de 2006.
288 páginas.
ISBN 987-1231-27-X
Prólogo por Armando Bauleo
La Psicología Social nace de los esfuerzos para
entender las interinfluencias entre el psiquismo y el mundo exterior,
entre el sujeto y la sociedad, entre el mundo interno y el mundo
externo, entre el hombre y su contexto, entre una subjetividad
individual y los factores sociales, entre lo que se considera
psicológico y lo social, entre el uno y el otro.
Como resultado de esta larga lista de señalamiento (o
quasi definiciones) surge que la Psicología Social se ocupa de todos
estos "entre", estas vinculaciones que resultan difíciles de
desenmarañar, ya que no asistimos a "flechas" que van y vienen de un
polo al otro polo, sino a intrincadas combinaciones de contactos, de
reacciones y contrarreacciones, complejas percepciones, de
organizaciones porosas, de estructuras que por momentos son exteriores y
en otros internas, la Psicología Social emerge como una psicología en el
social o lo social en plena área psicológica.
La pregunta sería: ¿y si no hay otra psicología que
la Psicología Social? esto no es sólo un duro golpe, sino podría
provocar el derrumbe y la desaparición de la concepción individualista
del sujeto.
La Psicología Social tiene una larga historia europea
y también aquí, en Argentina. Quién la estipuló, la organizó como
concepción, estableció algunos de sus principios de base y ubicó el
grupo operativo como su instrumento princeps, fue el Dr. Enrique Pichon
Rivière. Sus discípulos fueron asentando la estructura de esa concepción
y su praxis.
La posibilidad de que toda información en una
experiencia determinada, por ejemplo el acompañar o colaborar en una
gestión comunitaria, se inserte en una dinámica operativa de grupo,
potencia aquella información.
Dicho de otra manera, el que una información sea
atravesada por diversas opiniones, se enriquezca con variados
significados y que adquiera un espesor emotivo, hace que a ella (la
información) se la pueda comprender e instrumentalizar de una manera más
eficaz y precisa.
La gente que acude al curso que se desenvuelve de
Psicología Social en la Universidad de las Madres, no son especialistas,
tienen el anhelo del devenir en "agentes de cambio".
Es decir, que puedan entender y ayudar en conflictos
de diverso tipo, a los cuales puedan ser llamados. Que se encuentren
posibilitados de establecer un "encuadre" para el funcionar de los
grupos, en los cuales ellos, nuestros alumnos y ex-alumnos, acompañen
(acordarse de que un coordinador no es líder del grupo) a que el
conjunto de individuos puedan organizarse alrededor de una tarea o tema.
Se trata de lograr que el grupo, en última instancia, pueda
autogestionarse. Esta finalidad sería el "sentido", de nuestra idea de
qué cosa es un Grupo Operativo.
Gregorio Kazi, responsable del curso, trata
puntillosamente en su libro, de trazar las líneas de esta Psicología
Social, y ubicarla como una de las concepciones centrales cuando debemos
buscar las sendas que llevan a la "Solidaridad".
El poder reflexionar sobre las cualidades
materialistas de esta Psicología Social, la necesidad de establecer el
"proceso" como "espiral dialéctico" (que significaría pasar del presente
al pasado para que luego de elaborarlo nos encaucemos hacia un
proyecto), buscar otras definiciones para las vicisitudes en el ámbito
de la subjetividad, con las preocupaciones que Kazi desea que se
desarrollen en los cursos y que ahora hace presente en su libro.
Como trasfondo, está la cuestión del "Aprender a
Pensar" sobre nuestra existencia y la del mundo en el cual vivimos.
Prólogo
por Gregorio Baremblitt
Seguramente los que escribimos estas letras no
llegaremos a vivir el momento en que se constate que muchos
latinoamericanos, especialmente rioplatenses, tenemos un cromosoma pichoniano.
No obstante ello, estoy convencido, debido a la
existencia ya consumada de numerosos y admirables ejemplares, cada uno
con los rasgos singulares de sus respectivas configuraciones ecopráxicas,
de que aunque los pichonianos nunca nos cuajaremos en una especie, somos
una multiplicidad de singularidades proliferantes e inextinguibles.
Este doble/diferente que la "Bios", infinitamente
generosa, me ha brindado, Gregorio, acaba de rizomatizarse, es decir, de
crecer no sin transformarse, y del Pathos en su vuelo, tan incandescente
como sacrifical, nos ha caido este libro.
Escrito que conjuga la sabiduría con la claridad y la
elegancia con la combatividad; dramatiza un Pichón Rivière que enseñó,
practicó y escribió, en su Epos Aiónico y con sus genoverbos,
exáctamente para que milagros como éste, Gregoriano, no dejasen jamás de
proliferar.
El autor del texto que va a leerse ha pinzado cada
uno de los pichoemas más fecundos y lo ha "repicado" por los más
sorprendentes medios de cultivo, para dar en un geno-biotipo único e
cincomparable.
Nada puedo yo agregar humildemente, a lo ya pululante
de las ideas que el texto inaugura, apenas confesar una afección: me
siento portero de un poliverso tan opulento que mi misión se agota en
desear al lector un viaje del que salga mutado, irreversiblemente Grego-Pichoniano.
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"Locos
por la vida:
La trayectoria de la reforma psiquiátrica en Brasil"
Autor:
Paulo
Amarante
Edición noviembre de 2006.
160 páginas.
ISBN 987-1231-28-8
Prólogo por Gregorio
Kazi
El
Doctor Paulo Amarante resulta una referencia ineludible cuando se
trabaja críticamente el entrecruzamiento de los campos de la Salud
Mental y los Derechos Humanos. Su fecunda trayectoria ética, política y
académica, sostenida desde los inicios de la lucha del movimiento de
trabajadores de salud mental de Brasil, es relanzada en el libro “Locos
por la Vida” que se edita por primera vez en la Argentina. El autor
tanto por sus prácticas como por su rigurosa producción conceptual ha
contribuido decisivamente en el nacimiento, desarrollo y conquistas del
Movimiento Nacional de Lucha Antimanicomial de Brasil siendo su
participación activa, solidaria y generosa un analizador de lo más
potente e instituyente de tal creación colectiva.
Debe señalarse que bajo ningún punto de vista es deseable reducir las
dilucidaciones de este trabajo a la existencia absurda de la
institución manicomial en tanto espacio delimitado de vigilancia,
castigo, y control social bajo el supuesto objetivo de “cura y
rehabilitación” asilar. Tampoco eludir tal dimensión perversa cuya
perduración reconoce la dimensión vinculada a los saberes, discursos y
prácticas disciplinarias que legitiman y reproducen “científicamente”
las ideologías y prácticas políticas hegemónicas de fatalización del ser
social en nombre de la “vida y el progreso social”.
Antes bien, el programa práctico conceptual que Amarante traza
dinámicamente es una invitación que resuena intensamente: comprender el
devenir histórico social complejo que produce el manicomio, sus
procedimentos, dispositivos, mecanismos, territorializaciones en tanto
espacio singular de efectuación de la cultura manicomial que trasciende
los muros siniestros de los hospitales psiquiátricos. Las torturas,
vejámenes, humillaciones, explotaciones, violencias, jerarquías
opresoras que constituyen las relaciones e “interacciones” en los
manicomios adquieren su complejidad distintiva en las modulaciones,
relanzamientos e imposiciones de la “lógica” que rige las relaciones e
intercambios generales de la sociedad en la que vivimos.
En
este sentido el autor busca elucidar el interjuego complejo entre
multiplicidad de planos que son mayormente escindidos en nombre de la
“neutralidad valorativa” de las academias y la “racionalidad” de los
“discursos políticos” (hegemónicos): los regímenes de producción
económico culturales, las formas “normalizadas de relación”, las formas
jurídicas que “regulan” las existencias remitidas masivamente a su plano
individual, las institucionalidades de reproducción social, la
pontificación de los conocimientos que enclavan, desde las Torres de
Marfil, la racionalidad despótica, única, irrefutable, e incuestionable
del vasallaje “normal” en cuerpos, conciencias homogenizados.
Homogeneidad conquistada a través de los más variados re-cursos de
aniquilación de los diversidades y los distintos en nombre de las
“convivencias pacíficas” y que reconoce en los encierros manicomiales
una de sus más aberrantes expresiones: excluir, abolir identidades
colectivo singulares, moralizar los desvíos, pedagogizar a los
“inadaptados”, desgarrar a los impúdicos sublevados que “desequilibran”,
“perturban” la “armonía social” (“sociedad” que celebra el imperio de la
propiedad privada, los monopolios de los medios de producción, la
fetichización del capital/mercancía y la cosificación “sofisticada” de
los seres humanos, etc), torturar a los “insanos” que se han apartado de
la “inocuidad comportamental” de los buenos ciudadanos que compiten
fratricidamente en la búsqueda de exitosos “ascensos” en las pirámides
sociales (pirámides, que no eran, en otras culturas, sino tumbas
fastuosas de faraones-emperadores o espacios rituales de sacrificio a
los “dioses”). A su vez: ¿Qué clínicas son las que diseminan la lógica
manicomial y cuáles son las búsquedas de construcción de clínicas que
trasciendan e incluso se opongan radicalmente a modos de relación
terapéutica que someten para “curar”?
Por último, suponer que este libro es una cartografía maravillosa de la
experiencia brasilera en las dimensiones antedichas es absolutamente
justo aunque insuficiente. Amarante dialoga, en su festejo de las
poli-ratios, aspirando la reinvención de las rebeldías que, por ser
tales, no admiten extrapolaciones mecanicistas.
Es
dable reconocer que la acumulación de experiencias, su sistematización y
socialización posibilitan no sólo atribuirle el valor histórico, social,
político y académico a una obra que funciona como un dispositivo de
enunciación colectiva en el contexto en que se produce y con el que se
encuentra en relación dialéctica. Convoca también y decisivamente a la
posibilidad de pensar nuestras prácticas, recorridos, horizontes, sus
conexiones y diferencias con las realizadas por otros, tanto como el
desafío de comenzar a materializar los contactos locales entre
experiencias que hagan latir las Utopías Activas donde y cuando las
libertades de pensamientos creativos fluyen de las prácticas que no
renuncian a las Vidas Colectivas Dignas, Bellas, Creativas. |
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"SALUD MENTAL Y DERECHOS HUMANOS.
Subjetividad, sociedad e
historicidad"
Autores varios.
320 páginas.
Edición noviembre
2004.
ISBN
950-99969-4-7
Presentación
por Gregorio Kazi
El
presente libro, puede
describirse, inicialmente, como un momento y un lugar singulares en el
que convergen multiplicidad de tiempos y espacios que fueron creados
colectivamente. Hace unos cinco años comenzamos a soñar con la gestación
de espacios de debate crítico, riguroso y fraterno que posibilitaran la
construcción dinámica de un colectivo en el que fuera posible concebir ,
de manera consistente, los lazos entre territorios tan complejos y
diversos como los de la Salud Mental y los Derechos Humanos.
Tal búsqueda respondía,
entre sus motivos visibles, a lo que considerábamos una serie de
necesidades: forjar inventivamente relaciones entre los trabajadores de
la Salud Mental, militantes sociales e intelectuales que promovieran
interacciones inéditas tendientes a trazar zonas en común en las que
poner en juego praxis transformadoras. El establecimiento de tales
vínculos devendría de la capacidad de ir configurándolos entre los que
transitáramos de modo cooperativo, inquieto y solidario un espacio
compartido, cohabitado, que alojara el intercambio de conocimientos,
discursos y prácticas. De ese modo, en tanto producción de un grupo que
se fue ampliando, modificando y multiplicando, nació el Primer Congreso
de Salud Mental y Derechos Humanos organizado por la Universidad Popular
Madres de Plaza de Mayo y por la Asociación Madres de Plaza de Mayo. En
tal acontecimiento se dilucidó que nos era indispensable comprender la
pluralidad de fenómenos, sus manifestaciones y causas, referidos a la
Salud Mental y los Derechos Humanos, en tanto analizadores de lo social
histórico en los que advienen. En otras palabras: para comprender los
procesos de salud-enfermedad, las concepciones hegemónicas y
contra-hegemónicas acerca de los Derechos Humanos, es necesario
reconocer que éstos se encuentran determinados primordialmente por la
sociedad y el momento histórico en el que vivimos.
Retomar
colectivamente el trabajo de atender a los planos generales de
funcionamiento de la historicidad y las formas de organización social en
la que ésta deviene, en tanto factores decisivos de los modos concretos,
simbólicos e imaginarios de existencia, no significaba ni significa
renunciar al entendimiento y acumulación de experiencias que intervienen
en las formas de expresión que todo ello adquiere en las dimensiones
singulares y particulares de la vida humana. Sin embargo acotar la
comprensión, las explicaciones, las formas de “operar en campo” a estos
dos últimos vectores escamoteando que el ser humano es “primordialmente,
desde su misma constitución, un ser social”, ha ido postulándose,
aceptándose y aplicándose a las clínicas en tanto correlato monocorde
que “refracta especularmente” ( cuando no se trata de especulaciones
deliberadas) la ideología que sustenta los modelos de organización
económica y social productores de enajenaciones a aquello que impide,
dificulta o directamente atenta contra lo que supuestamente facilita:
vivir en relación a otro, semejante, distinto y portador de humanidad.
Si nos consideramos trabajadores de la salud mental y militantes
sociales no nos es posible dejar de señalar que las pluralidades, las
multiplicidades, las heterogeneidades, las coexistencias, las
diferencias que las habilitan, en sus manifestaciones genuinas, son
combatidas, doblegadas por los más variados actores de la hegemonía que
paradójica y ambiguamente proclaman la “convivencia democrática” ( que
supone disenso, participación, “conciencia”, etc.) suprimiendo al
“divergente” ( nombremos sólo la criminalización de la protesta social,
las reclusiones asilares de los “vagos, extravagantes e improductivos”,
los planes económicos que tienden a no satisfacer las necesidades
primarias de una amplia mayoría, las represiones o, en la escala
“global”, las guerras imperialistas).
Fuimos abriendo las cartografías
demarcadas por la discusión interdisciplinaria mientras transitábamos el
acontecimiento de encontrarnos con la disposición a interrogarnos e
indagar nuestro quehacer. Fuimos re-concibiéndonos como sujetos
portadores de ideología, productores y producidos por lo social
histórico, tal como nuestros conocimientos, quehaceres, trabajos,
labores, acciones, instituciones de inserción, dispositivos de
aprendizaje, militancia o ejercicio clínico. Tal forma de pensar y
practicar la Salud Mental y los Derechos Humanos no es novedosa; sin
embargo su reinstalación entre nosotros supuso dos abordajes que hemos
experimentado como potenciadores políticos, ideológicos y científicos de
nuestro trabajar. Nos dispusimos a socializar la praxis revolucionaria
de Enrique Pichón Riviére, Marie Langer, José Bleger, Ricardo Malfé, los
comienzos de la Lucha Antimanicomial en América Latina, la ruptura
efectuada en 1971 por un grupo de jóvenes con la Asociación
Psicoanalítica Argentina por motivos ideológicos que se nuclearon en
Plataforma, el trabajo realizado por diversos sanitaristas en la
Nicaragua Sandinista, el modelo de Salud que desarrolla el Estado y el
pueblo cubano, los dispositivos inéditos de atención , prevención y
promoción de la Salud desplegados por los Movimientos Populares, la
ardua y digna labor realizada por la Red Solidaria de Salud Mental, el
devenir de la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental.
La puesta en
juego de la historia de tales programas práctico conceptuales, su reactualización , nos permitió rebelarnos a las “lagunas mnésicas”
aplicadas sobre toda posición crítica respecto de los modelos de salud
funcionales a los órdenes establecidos (operación compleja que se
parapeta en la mayoría de las instituciones de “formación” tanto como en
las vías hegemónicas de transmisión y circulación del conocimiento). Tal
silenciamiento se constituye, por su vastedad e insistencia, en otra
manera de perpetuar (considerando todas las diferencias del caso) la
desaparición de los disensos y los disidentes. Tal “olvido”
significativo se inscribe sobre fundamentos siniestros del sistema de
producción y cultura del capitalismo en todas sus fases y
manifestaciones: la reproducción, la diseminación y propagación de tal
modo de “organización social” exige la homogenización, moralización,
encauzamiento, pedagogización, represión, coerción, llegando a la
aniquilación de todo aquello y de todo aquel que difiera, cuestione, se
oponga o luche ante la “realidad tal como está dada, de una vez y para
siempre”. Tal exterminio sistematizado de la diferencias tiene por
objeto mantener ciertos axiomas, entre tantos otros, que en su
implementación resguardan una sociedad perversa y violenta que funciona
sobre la base de la explotación, las desigualdades, las miserias, las
alienaciones y demás mecanismos de dominación que fetichizan las
mercancías y el capital cosificando los cuerpos, las “conciencias”, las
subjetividades, las interacciones lúdicas, tanto como cada aspecto
insurgente, innovador e interrogador del ser humano.
Las proposiciones
políticas de la hegemonía y los procedimientos a través de los que
buscan ejecutarlas se centran en la construcción de un “consenso” que
alude a una supuesta armonía social, en el individualismo extremo como
modo acabado y paradójico de pertenencia social, en la competencia como
supuesto refinamiento de formas de cooperación “eficaces”, en la
subsistencia en condiciones amenazantes de la vida como modelo de
“realización existencial”, en la “sensible” consideración de lo social
reducido a un mercado en el que circulan objetos efímeros sin referencia
alguna a los sujetos, en la aceptación pasiva y a-crítica de sumisiones,
vejámenes y sufrimientos en tanto actitud esperable y “normal” de la
ciudadanía “ejemplar”, etc. La reiteración, cada vez más sofisticada y
“seductora”, de tal realidad traducida en “nuevos órdenes mundiales” y
las masacres que garantizan la “muerte de las ideologías”, el “fin de la
historia” y la “finalización de los relatos sociales”, es propuesta como
paradigma de “orden y progreso”, “salud para todos” y “respeto pleno por
los derechos humanos”. Ello no es metafórico, alude directa o
literalmente a la cultura globalizada de los Imperios que hoy, como en
el decurso de la historia, se erigen sobre la desaparición de los seres
histórico sociales libertarios, siendo tal acción ominosa la base de
toda forma Estatal Terrorista. Para imponer tal cosmovisión ligada a la fatalización de lo que supuestamente preserva, las hegemonías demandan
saberes, discursos y prácticas cada vez más feudalizadas
disciplinariamente, retraídas en sus irreductibles especificidades
científicas que transmitan unívocamente la ideología dominante y
direccionen al ser histórico social hacia su “individualidad” más o
menos “productiva” y aislada del “otro” (que lejos de advenir, en las
propuestas ontológicas vigentes en la “era del vacío”, en un otro
fraterno es percibido, en el mejor de los casos de los individuos
regidos por el individualismo, como un rival en la “pirámide social”).
Las praxis que se contraponen a tales movimientos, tendientes a la
quietud, serán descalificadas, combatidas, marginadas, de la misma
manera que se ofrecerá el mismo “tratamiento” a quienes ejerzan luchas y
oposiciones consistentes hacia lo instituido, el sistema vigente, etc.
De este modo, socializar y
debatir lo realizado por otros en las vertientes revolucionarias de las
praxis vinculadas a la Salud Mental y los Derechos Humanos, nos
re-estableció como colectivo que historiza su práctica comprendiendo que
tal asunción nos instala más claramente en lo que, de manera general, se
denomina “lucha de clases”.
Tal devenir vehiculizó, la
comunicación intergeneracional, pues las ligaduras necesarias para tal
fluir entre dos trayectos históricos fueron destrozadas por el
Terrorismo de Estado siendo que la recomposición crítica de éstos
(que no suponen reconciliaciones ni pacificaciones con los agresores) no
fue producida ni promovida por el sistema democrático procedimental ni
por las instituciones que lo legalizan y reproducen. Respecto de esta
última afirmación abundan trabajos sobre el rol del Estado (organizado
en sistemas “representativos” y no participativos directos que
re-apuntalan el régimen de producción económica de “fabricación” de
capital) en el renovado ímpetu de montar “formas de Memoria” que
funcionan provocando otras napas de “Olvidos Colectivos” respecto de lo
que se procura, hipotéticamente, recordar.
Los Congresos de Salud
Mental y Derechos Humanos, fueron experimentados en tanto espacios y
tiempos en los que realizar, hasta donde nos fue posible, las
elaboraciones colectivas que abrieran los intersticios en las represas
de la denegación instrumentada por los poderes acerca de nuestra
historia in-quieta, nuestras identidades combativas y por tanto de
nuestras capacidades actuales de pensar, decir, sentir y hacer otros
vínculos en el ir forjando las luchas y resistencias que gesten otro
mundo. En este sentido no estamos en condiciones de aceptar ninguna
definición de la Salud Mental como tampoco de los Derechos Humanos que
no contemplen la necesidad ineluctable del sujeto de, al menos, rechazar
aquello que lo somete, oprime, explota e incluso extermina. Ello tampoco
es inédito ni patrimonio de esta época, ya Erasmo de Rotterdam
desarrollando una ironía profunda, advirtió hace siglos que la “locura”
(en términos sociales) se constituía sobre la idealización y aceptación
de lo que somete y por tanto destruye.
Es destacable la
participación activa, en los Congresos previos de Salud Mental y
Derechos Humanos, de una gran cantidad de compañeros de América Latina,
siendo tal presencia intensa, noble y honda otro de los aspectos que
posibilitaron los encuentros genuinos, las pasiones alegres, los
enseñajes indomables, la coordinación y planificación de actividades
comunes, la reinvención de utopías, el relanzamiento de las hebras de
sentidos histórico sociales con los que hemos ido entretejiendo nuevos
conocimientos, nuevas palabras, nuevas prácticas emergentes de
dispositivos colectivos de enunciación. Acaso de los logros más
tangibles de tales interacciones puedan destacarse en las relaciones
fértiles y de cooperación permanente establecidas entre la Universidad
Popular Madres de Plaza de Mayo, el Movimiento Sin Tierra (Brasil), la
Fundación Osvaldo Cruz ( Río de Janeiro, Brasil), el Instituto Félix
Guattari ( Belo Horizonte, Brasil), el Laboratorio de Psicología Social
de la Universidad de Sao Paulo ( Brasil), la Fundación Gregorio
Baremblitt ( Uberaba, Brasil), los estudiantes de la Universidad
Estadual de Londrina ( Paraná, Brasil), el Instituto Sedes Sapientae
(Sao Paulo, Brasil), el Movimiento de Lucha Antimanicomial (Brasil), el
Centro Félix Guattari ( Montevideo, Uruguay), la Comisión de Derechos
Humanos de la Coordinadora de Psicólogos de Uruguay (Montevideo,
Uruguay) y el SERSOC (Montevideo, Uruguay).
Asimismo la concurrencia
masiva, comprometida y generosa intelectual y afectivamente de
estudiantes de muchas Universidades de Argentina, tanto como de
trabajadores de la Salud Mental, militantes de los Derechos Humanos y
Sociales han aportado inmensidad de elementos que liberaron la fuerza
instituyente indispensables para navegar nuevas travesías que admitan
diversos horizontes. En la Argentina la territorialidad
interinstitucional, de perímetros variables, fue y es sostenida con el
EATIP ( Buenos Aires- Tucumán), el Frente de Artistas del Borda ( Buenos
Aires), La Casa de los Trabajadores (Córdoba), el Servicio de Psicología
Aplicada y Orientación Profesional Número 54 del Hospital Borda (Buenos
Aires), la Fundación Centro Psicoanalítico (Buenos Aires),
la Asociación de Profesionales del Hospital Borda ( Buenos Aires), el
diario Pág/12, el Centro de Investigaciones Psicológicas y
Psicoanalíticas ( Buenos Aires), los trabajadores de la Colonia
Psiquiátrica Oliveros ( Rosario, Santa Fe), la Fundación Vivir y
Crecer ( Castelar, Provincia de Buenos Aires), el Grupo de Apoyo
Político a las Madres de Plaza de Mayo ( La Plata, Provincia de Buenos
Aires), la fábrica Zanón bajo control Obrero (Neuquén), la Revista Topía
y el Hospital Escuela de Salud Mental de San Luis (San Luis).
Organizaciones que ardua, amistosa e incondicionalmente han bregado día
a día por la constitución de un nosotros científico-político que
albergase la vastedad de fuerzas deseables y necesarias para “pensar en
lo que hacemos para hacer lo que pensamos”.
Todos estos movimientos, sus
despliegues, pliegues y repliegues se sintetizan, marcando un plano de
consistencia y organización plausibles de palparse, durante los
Congresos aunque felizmente la vitalidad que les da origen los
trasciende. Ello alude no sólo a las “líneas de fuga” que se disparan al
interior del Congreso en tanto recorte en el tiempo y el espacio, o a
las reformulaciones que cada sector realice de su experiencia a
posteriori del acontecimiento, o a las cavilaciones particulares que
cada cual pueda efectuar; antes bien apunta a las instancias de contacto
continuo, que como colectivo vamos creando y que pueden nominarse como
los “entre-congresos”. Registros no estancos que van mutando de acuerdo
a los interrogantes que nos van atravesando y que ponemos en juego en/
entre las vincularidades que surgen cuando es posible definir las
pertenencias y las pertinencias a partir de la entrega a lo que nos
unifica amorosamente en la lucha; zonas compartidas que como tal no son
de “uno” ni del “otro” exclusivamente.
Los textos que pueblan este
libro, han sido charlados, debatidos, fantaseados durante los espacios y
tiempos de transición entre un congreso y otro. Es posible pensar a sus
autores como “voceros” o “portavoces” del colectivo al que me he
referido en varias ocasiones en esta presentación sin que ello suponga
diluir la singularidad de las producciones a una totalidad abstracta.
Antes bien compartimos la convicción de Enrique Pichón Riviére acerca
del proceso creador: además de la “verticalidad” desde la que se plasma
un proceso ( en este caso de escritura y reflexión) interviene de forma
determinante la “horizontalidad” que ofrece los límites y alcances
situacionales a cualquier actividad humana. Vocería distintiva del “cada
cual” que se entrama dinámicamente a la polifonía heterogénea de lo
grupal. Bricoleur que se va armando y re-armando en cada nueva lectura,
re-lectura, debate, disenso, acuerdo, acción y pensamiento.
He escrito varias veces la
palabra “lugar” y “colectivo”. Según nuestras vivencias sin lugares no
es posible interactuar y sin interacción creativo-solidaria no
existirían los colectivos revolucionarios. Tal como compartiera con
nosotros el Doctor Ricardo Rodulfo al citar a H. Michaux: “Amar es dar
espacio”. Los Pre-congresos, los Congresos, la Editorial, la
Universidad, el Periódico de las Madres, el Café Literario Osvaldo Bayer,
la Biblioteca, son las sedes materiales, simbólicas e imaginarias desde
las que fuimos y vamos creando pluralidad de topologías en las que
modificar el mundo modificándonos. Espacios que han emergido, a su vez,
de y entre las Marchas natales de las Madres de Plaza de Mayo. Ellas,
las “locas”, no son sólo para nosotros la referencia ético-política que
nos orienta, ni sólo ponen en juego la posibilidad de refundar
críticamente las prácticas transformadoras o la fuente de “constatación”
de la existencia de re-subjetivaciones y re-alterizaciones; son la
Aparición de lo Maravilloso que bulle con vitalidad ante cada gesto que
se subleva ante lo siniestro. Silencios desérticos que han sucumbido
ante la Poética de la Liberación de nuestras Madres que, al amar, van
pariendo lugares para volver a vivir.
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"EFECTOS PSICOLÓGICOS Y PSICOSOCIALES
DE LA REPRESIÓN POLÍTICA Y LA IMPUNIDAD.
De la dictadura a la actualidad"
Autores: Diana
Kordon, Lucila Edelman, Darío Lagos y Daniel Kersner
560 páginas.
Edición Agosto 2005.
ISBN 987-1231-08-3
Introducción por Diana Kordon
Trabajar
en la producción de este libro no fue tarea sencilla. Teníamos la
propuesta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, de editarlo, y de
una u otra manera, las urgencias de las necesidades cotidianas parecían
postergar su realización. Ahora, inmersos en ella, comprendemos que los
obstáculos no eran esencialmente externos; en realidad, encontrarnos con
parte de nuestra producción escrita a lo largo de más de 25 años implica
un movimiento subjetivo profundo: nos confronta con la necesidad de
apropiarnos, de reencontrarnos, no solo con la letra escrita, sino y
sobre todo, con nuestra propia experiencia. Nos plantea un movimiento de historización personal, grupal y colectiva.
Algunos de
nosotros somos parte de una generación que soñó con cambiar el mundo, de
una época de grandes conmociones sociales, de revoluciones y
movimientos emancipadores, que estuvo marcada por la gigantesca
influencia de la Revolución Cubana, de la guerras anticoloniales como la
de Argelia, de la Revolución Cultural China, de Vietnam, del modelo del
Che, del Mayo Francés del 68, de la experiencia de lucha de las masas
peronistas, del Cordobazo.
En el campo de la
salud mental este fenómeno tuvo su expresión en un movimiento en el que
participamos miles de profesionales (médicos, psicólogos, asistentes
sociales), hacia fines de los 60 y principios de los 70, que nos
autodenominamos trabajadores de la salud Mental (TSM).
Este movimiento
surgió como producto de la crisis y cuestionamiento a las instituciones
psi hegemónicas, y sus objetivos fueron, en lo fundamental, insertarnos
en el movimiento social liberador y poner nuestros instrumentos
teóricos y técnicos al servicio de las necesidades de nuestro pueblo.
La dictadura
militar se propuso destruir el protagonismo social transformador y
revolucionario de aquella época, de la que hemos sido testigos y
partícipes; y profundizar un modelo de país que garantizara el poder de
las clases dominantes. Ese fue el fundamento de la sanguinaria represión
dictatorial, que nos dejó como marca indeleble los 30.000 compañeros
detenidos desaparecidos y otros miles de muertos y represaliados.
Pero también
durante la dictadura, en las peores condiciones de la represión
fascista, la resistencia fue heroica. Las Madres fueron su voz y su
símbolo. Con esa significación el pañuelo blanco se inscribió en la
memoria colectiva y hoy constituye un referente para miles de jóvenes,
que no han vivido aquel período, y que buscan encontrar ideales y
modelos identificatorios.
La resistencia
antidictatorial abarcó también a trabajadores, estudiantes, militantes,
y tantos otros que expusieron su vida y su libertad en los más duros
momentos del terror de Estado.
Posteriormente, a
pesar del pasaje a los gobiernos constitucionales, se mantuvo el modelo
socioeconómico y se garantizó la impunidad de los genocidas, impunidad
que se amplió a los responsables de los delitos económicos que arrasaron
con el patrimonio nacional y que sólo produjeron más penurias a la
inmensa mayoría de la población.
Este período se
correspondió con una ofensiva imperialista en el mundo, que tuvo como
correlato en el plano de la cultura, la hegemonía de las ideas de las
posmodernidad, que pretendieron inducir nuevas formas de alienación,
bajo la máscara de una supuesta libertad, y la búsqueda de imposibles
salidas individuales a la crisis contemporánea, que terminaran con los
ideales colectivos de cambios sociales.
Sin embargo, en
los últimos años, cuando los poderosos definían el "fin de la historia",
consideraban impuesta la teoría de la globalización, y confiaban en la
impunidad de sus hegemonismos, renacieron nuevas respuestas sociales.
La heroica resistencia iraquí, la oleada que sacude nuestra América y
en nuestro país, el argentinazo del 19 y 20 de diciembre de 2001, nos
indican que, a pesar de la prepotencia de las metrópolis, comienza a
gestarse una nueva direccionalidad en la dialéctica social.
A pesar de las
enormes dificultades, durante todos estos años, la lucha popular contra
la impunidad de los crímenes de la dictadura, anclada en un profundo
sentimiento de justicia, se desplegó sostenidamente, construyendo desde
ese espacio la memoria colectiva y logrando hace dos años la anulación
de las leyes de punto final y obediencia debida.
Nuestro
acercamiento a las madres se produjo, al comienzo de la dictadura, a
partir de la solidaridad en la lucha. La posibilidad de colaborar en la
especificidad profesional surgió a posteriori. En la búsqueda de
recuperar amigos y compañeros secuestrados, de tratar de hacer público
aquello que íbamos descubriendo de la represión dictatorial, colaborando
con algunas compañeras cuyos parejas o familiares habían sido
desaparecidos, y como parte de un colectivo que había decidido quedarse
en el país y participar de la resistencia antidictatorial, conocí a
quienes luego serían las Madres de Plaza de Mayo. Recuerdo que, en pleno
76, un compañero me relató acerca de un grupo de madres que, en Cuba,
antes de la revolución, se habían convocado en la plaza pública, para
exigir a Batista el cese de la represión. “¿No sería posible que eso
pudiera organizarse aquí?” - me preguntó. "Imposible" -le contesté-
"aquí la represión es demasiado terrible para que eso pueda hacerse".
Evidentemente, estaba equivocada: las madres demostraron que eso y mucho
más era posible.
Comencé, junto a
aquellas compañeras, a compartir con las madres sus recorridas por
instituciones oficiales, encuentros en las iglesias, luego en la plaza.
Con el tiempo y la confianza generada en esos momentos tan difíciles, y
cuando ya conocían mi profesión, me solicitaron que atendiera algunas
situaciones de emergencia que se presentaban continuamente. Aún recuerdo
las primeras experiencias, darle la información a un hijo sobre lo
ocurrido con sus padres, o atender algunas madres que no toleraban el
dolor por la pérdida. Cuando las necesidades de colaboración psicológica
se incrementaron y las madres contaban ya con un pequeño departamento,
se hizo necesario formar un equipo de trabajo. Se integraron así Lucila
Edelman, Darío Lagos, Elena Nicoletti y Ester Kandel. Con los dos
primeros veníamos discutiendo esta problemática desde tiempo atrás. Este
fue el momento fundacional del Equipo de Asistencia Psicológica de
Madres de Plaza de Mayo, al que se fueron incorporando otros
profesionales, entre ellos Daniel Kersner y que funcionó hasta 1990.
A partir de ese
momento, algunos de sus miembros conformamos un nuevo equipo: el Equipo
Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial (EATIP), en el que
seguimos trabajando hasta la actualidad y al que se fueron incorporando
nuevos colegas. Continuamos, en lo fundamental, abordando problemáticas
psicosociales y psicológicas vinculadas a derechos humanos, pero a su
vez, hemos ampliado nuestras intervenciones a otras situaciones
criticas, de emergencia o traumáticas de origen social. En estos años
hemos intercambiado experiencias con equipos de otros países,
especialmente de América Latina comprometidos también con los
movimientos sociales de sus pueblos y estuvimos en Chiapas acompañando y
aprendiendo de las comunidades Zapatistas levantadas en armas.
Nuestra tarea en
la asistencia psicológica a las madres y el abordaje psicosocial de ese
período marcó un punto de inflexión en nuestra práctica profesional y
en nuestras conceptualizaciones.
A medida que
avanzamos en experiencia fuimos cuestionando y complejizando nuestras
ideas, pero al mismo tiempo, y esta revisión nos lo confirma,
sostenemos hasta hoy algunas líneas fundantes de nuestra comprensión y
abordaje de esta temática, formuladas en aquel período.
Demandados por una
práctica en la que nos sentíamos profundamente implicados, comenzamos
a reflexionar en la especificidad de nuestros instrumentos. Sobre la
base de concebir la subjetividad en un espacio de articulación entre lo
psíquico y lo social, factores ambos en un movimiento de relación
interna y recíproca, entendemos que la matriz social cumple funciones
estructurantes y resignificatorias de los sentidos de la existencia, del
modo de pensar, sentir y actuar de cada sujeto.
Cada uno de los
libros y artículos que aparecen compilados en esta edición constituyen
una síntesis de esas reflexiones, producto de varios años de práctica
clínica y psicosocial.
En la elaboración
del libro seguimos los criterios que ya utilizamos en Efectos
Psicológicos de la Represión Política. Respetamos el orden cronológico
de los artículos, porque permite seguir el proceso de producción
conceptual, sus líneas de desarrollo y también sus contradicciones.
Asumimos, por supuesto, el riesgo de evidenciar repeticiones e
incompletudes. Apelamos a la comprensión del lector, en reconocimiento
de que en Argentina no tenemos año sabático, ni en el plano laboral ni
en las exigencias que nos impone la escena social, y debemos reconocer
que, en su confección, el libro está imbricado con el movimiento mismo
de la vida.
En la realización
de esta tarea a lo largo de tantos años y en los más diversos ámbitos,
sentimos una gratificante realización personal y de equipo.
Por ultimo,
reafirmamos nuestra certeza de que sigue siendo necesario y posible
terminar con la explotación del hombre por el hombre, y que en ese
camino se construirán nuevas formas de subjetividad, en su doble
dimensión, personal y colectiva, abiertas a la creatividad y a la
libertad, en cuanto conciencia de la necesidad.
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"Diagramas de psicodrama y grupo.
Cuadernos de Bitácora"
Autores:
Ana María del Cueto, Liliana Donzis, Maricel Eiriz, Florinda Hara, Ernesto
Hernández,
Gregorio
Kaminsky, Vida Rachel Kamkhagi, Roberto Marcer, Alberto Mendes, Eduardo
Pavlovsky,
Osvaldo Saidón, Carlos
Scardulla.
272 páginas.
Edición abril 2005.
ISBN 987-1231-02-4
Introducción por Ana María del
Cueto
Este conjunto de
textos, algunos inéditos y otros que ya han sido publicados intenta ser
la expresión de aquello que quisiéramos trasmitir en trazos de ideas que
contemplen lo que pensamos, acerca de los grupos y el psicodrama.
Surgen en la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo a partir del
dictado de la Carrera de Psicodrama ya sea como bibliografía, ya sea
como producción en los Congresos de Salud Mental y Derechos Humanos que
todos los años organiza la Asociación Madres de Plaza de Mayo, ya sea
en los seminarios dictados en las Materias Complementarias de la carrera
durante estos dos años.
Cuando hablamos de
Psicodrama y Grupos el Psicoanálisis está siempre presente.
Un
psicoanálisis social e histórico atravesado por las nuevas conceptualizaciones sobre el inconsciente y sus producciones deseantes.
Notas, estelas, bocetos inacabados que nos hablan de los grupos y el
Psicodrama hoy y que sólo intentan dar cuenta de una producción, del
“entre” de este colectivo libro, que de lugar a otras producciones, que
sea desmenuzado, agenciado y pulverizado por otros pensamientos que se
aparten de la línea, que no hagan parroquia pero que todos hablen de
una cierta práctica, de un cierto matiz de conexión , de un cierto
pensamiento teórico en esto que se a dado en llamar Lo grupal, aquí en
la Argentina.
“El gran secreto
del régimen monárquico y su interés vital consiste en engañar a los
hombres disfrazando con el nombre de religión al miedo, con el que se
los quiere mantener a la rienda, de manera que combaten por su
esclavitud como si fuera su salvación” TTP. Prefacio, II; Página 87.
Baruch Spinoza.(1632-1677)
Corría el siglo
XVII y un filósofo maldito, mil veces maldito se pregunta sobre el
sentido de los actos sin sentido de los hombres. De ahí en más esta
cuestión que tiene que ver con la historia de las mentalidades, el
imaginario social, las representaciones sociales, las significaciones
simbólico-imaginarias, la producción de subjetividad preocupó por
igual a distintos campos del conocimiento. La filosofía, la sociología,
el psicoanálisis, la economía política. Cómo lo colectivo producen
iguales y distinto tipo de subjetividades.
No hay sociedad
sin imagen de pensamiento que devenga de una máquina abstracta
controlando los agenciamientos de deseo y de enunciación. Esta máquina
abstracta no se confunde con el Estado, su papel es organizar los
enunciados dominantes y el orden establecido, las lenguas y los saberes,
las acciones y los sentimientos adecuados a dichos órdenes. Tienen
relaciones de interdependencia con el estado. Es así como se crea y se
produce la subjetividad capitalista que corresponde en este momento al
Capitalismo Mundial Integrado. Que es diferente a la subjetividad de la
modernidad y a la subjetividad producida durante el feudalismo.
Nos
ilusionamos pensando que aquello que denominamos lo social, el estado,
la política, la moneda, los modos de producción están por fuera del
individuo. En realidad son constitutivos de nuestra producción
subjetiva. No estamos designando a una suma de subjetividades
individuales sino a un modo de ser producida, en donde intervienen
desde los complejos procesos de identificación que ocurren en el seno
de las relaciones familiares, hasta lo económico, lo social, lo
histórico, los medios de comunicación de masas, el momento particular.
Esta subjetividad así entendida es en realidad fabricada, modelada,
consumida y producida, En cada paso que damos. En cada paso que nos
hacen dar. En este sentido el individuo es el resultado en realidad de
una producción de masa. En este sentido es serializado. Es así como la
subjetividad circula en lo social asumida y vivida por los
individuos en
sus existencias particulares. Las personas en sus vidas particulares
ponen en juego sus procesos subjetivos ya sea repitiendo el molde que
reciben, ya sea desde una relación creativa apropiándose
“singularmente” de los componentes subjetivos. La subjetividad no se
sitúa en lo individual, circula en lo social, histórico, medios de
comunicación de masa, modos de producción, en la familia. Abarca sí lo
individual, lo colectivo y las instituciones. No es un recipiente, es
creativa y expresiva. No está conformada por elementos exteriores. Sino
que estos elementos son constitutivos de la propia subjetividad. La
producen. En la persona existen múltiples subjetividades. Según como
organice en ese momento su conexión con los otros y consigo mismo
aparecerá una u otra. Según su régimen de afectación. En este sentido es
punto de cruce, intersección, empalme, bifurcación de heterogéneas
subjetividades. Podemos hablar así de una subjetividad colectiva,
serializada que opera en el sujeto ciegamente , en el mismo momento que
los procesos singulares que creativamente organizan otras ideas, otros
sentimientos, otras acciones.
Dice Félix
Guattari:
“La consideración
de estas dimensiones maquínicas nos mueve a insistir en nuestra
tentativa de redefinición sobre la heterogeneidad de los componentes que
agencian la producción de subjetividad. Encontramos así 1. componentes
semiológicos significantes manifestados a través de la familia, la
educación, el ambiente, la religión, el arte, el deporte....2 elementos
fabricados por la industria de los medios de comunicación, del cine,
etc. y 3 dimensiones semiológicas a-significantes que ponen en juego
máquinas informacionales de signos, funcionando paralelamente o con
independencia del hecho de que producen y vehiculizan significaciones y
denotaciones, y escapando, pues, a las axiomáticas propiamente
lingüísticas. Las corrientes estructuralistas no dieron a éste régimen
semiótico a-significante su autonomía ni su especificidad, aunque
autores como Julia Kristeva o Jacques Derrida hayan arrojado cierta
luz sobre la relativa autonomía de este tipo de conceptos.”
Subjetividad
parcial, prepersonal, polifónica, colectiva y maquínica. Una cura
analítica, un análisis institucional, una intervención en grupos nos
confronta con multiplicidades. Todo está ahí. No es externo al sujeto:
coordinador/grupo- analista/analizado, analista institucional/Asamblea
Socioanalítica, No está por fuera. No irrumpe. Esta ahí.
Estos pensamientos masificados, verticales,
eclesiásticos no están por fuera del sujeto. Existen en los pequeños
detalles cotidianos. En lo nimio, en lo banal, en las pequeñeces.
En cómo miramos.,
en cómo amamos, qué deseamos ser. Ya no son los otros. Somos
nosotros. Solo poniendo en cuestión tales ideas, pensamientos y
acciones nos comenzaremos a despegar de las significaciones
dominantes. Construiremos así nuestro territorio, singular, colectivo,
único.
Pensar, vivir,
conocer y desear de otra manera.
Imaginemos un
plano para recorrer los movimientos infinitos, las diferentes
intensidades. Velocidad, elasticidad, fluidez, volumen detenciones.
Trataremos de armar un medio indivisible en dónde los conceptos se
repartan ocupando un espacio sin describir. El plano es lo que
garantiza el contacto de los conceptos.
Plano de
organización /de trascendencia
Plano de
inmanencia/de consistencia
Nuestra práctica
clínica deberá orientarse a pensar e intervenir sobre la producción
subjetiva. Las transformaciones posibles proceden de las mutaciones de
subjetividad que puedan producirse a escala molecular. Una
singularidad, una ruptura de sentidos, un corte, una fragmentación, el
desprendimiento de un contenido semiótico, pueden originar focos
mutantes de subjetivacion. El análisis pensado como invención continua
que evita la masificación del camino recorrido, creando otra geografía.
Pensar
singularidades atendiendo a las fugas que escapan a sus determinaciones.
Traicionando. Siempre traicionando. .
Para esta
concepción de la clínica, el tiempo cesa de ser sólo padecido,
rememorado , es actuado, orientado, objeto de mutaciones cualitativas.
El tiempo no es el tiempo del reloj, ni es el tiempo real. Es tiempo
hoy Es tiempo bloque, congelado a veces en otros años con otras
sensaciones. Y algo, un olor, una caricia, una ausencia, hacen volver
ese tiempo pretérito, lleno de sensaciones primarias, de infancia
perdida, de rememoración de encuentros o desencuentros, de peleas,
pasiones y descensos. Es hoy, lo siento hoy, me afecto hoy. Se hace
presente en el hoy y es actual. Es tan intensa la sensación que es
presente y ese instante pasado/presente nos trae la misma soledad....la
misma angustia.....la misma ternura....el mismo desasosiego..... Como
si fuera presente.......Atravesar el pasado, convocarlo, de la
memoria pasada es actual. Psicodrama/Grupo. Se recomponen así los
universos de subjetivación a través de universos parciales múltiples. Es
posible ir creando molarmente focos mutantes de subjetivación. Que nos
permita transitar hacia ser otros. Otros singulares. No importa la
línea dura de entrada, lo importante es encontrar las múltiples salidas
singulares. Evitar poniendo en cuestión ideas y sensaciones en nosotros
y en nuestros alumnos, los invariantes que nos muestran el camino de
entrada y la ruta de salida. Camino conocido, recorrido, masificado.
Plagado de lugares comunes, de pensamientos ya pensados, aplicación de
teorías sin pensar en el sujeto individual, singular que olvidan la
orfebrería mínima en la que nos enfrenta todo análisis Habrá que
recorrerlo al sólo efecto de singularizarlo en múltiples objetos
parciales únicos, singulares.
Dice Virilio que
todo lo que disminuye nuestra potencia de obrar, pensar y actuar
administra y organiza nuestros pequeños terrores cotidianos
Todos somos
esclavos. De la lógica de la ganancia, del control social, de la idea de
representación. De lo que pensamos que está bien. De tolerar que hay
ciudadanos de segunda pensando que somos de primera o que somos de
segunda. Todos somos de segunda. Una mano tendida. Una mano alzada. Un
puño cerrado. La silueta de una mano vacía. Enuncian la heterogénea
búsqueda de un pensar y vivir de otra manera. Una información que no
circula, una mano que escondo, una palabra que callo o hago callar, lo
que no comparto, la compresión de las diferencias, un lugar que no doy o
que no me doy.
Plano, pliegue,
surco, grieta. Armar otra geografía Construir la singularidad en plano
de inmanencia, todos los días. En cada acto, en cada momento, en mí y
en otros. En nuestra práctica clínica, en nuestra teoría.
La verdadera pelea
y diferencia está en el terreno de las ideas y de los actos singulares
y colectivos. Singular no alude a lo individual. Sino al abandono
en los actos y su correlato en el terreno de las ideas o
viceversa, de los mitos capturantes del capitalismo
Una multitud
camina hacia la plaza.
Las cabezas forman
un manto casi compacto. Rubias, morenas, pelirrojas, con chispitas,
blancas. Con gorras, descubiertas, con pañuelos. La multitud, vista así
al ras de sus cabezas, adquiere distintas formas, desniveles, allí y
acá un surco, una grieta. Por allí un espacio vacío, abismal.
Organismos acoplados. Los sonidos, las palabras, el costado sonoro del
vocablo, su aspecto musical, su tono, sus aspectos de conexión
verbal, emocional, volitiva, la mirada, los gestos, las mímicas, los
olores. Sonidos significantes que comportan elementos motores de
significación. Diferentes e iguales cuerpos. Gordos, flacos, redondos.
Rostros grandes, pequeños en forma de corazón, en forma de pera,
puntiagudos, chatos. Negros, blancos, rojos. Iguales. Diferentes.
Amontonados.
Inconsciente de
flujos y máquinas abstractas.
Una concepción
ética de nuestra práctica consiste en develar todos los mitos
capturantes del capitalismo que expropian a las personas, a sus
afectos, pasiones y ambigüedades normalizando sus cuerpos y sus mentes
equiparando sus modos de percepción y de deseo
Tanto las maquinas
sociales como las máquinas tecnológicas de información y comunicación
operan en el corazón de la subjetividad humana, no sólo en el seno de su
memoria y su inteligencia sino también en su sensibilidad, sus afectos
y sus fantasmas.
Nuestra
interrogación no es simplemente de orden especulativo sino que se nos
plantea en nuestra práctica cotidiana interpelando nuestras teorías
Nada cae por su propio peso. Son nuevas modalidades creativas.
Inciertas.
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"Compendio de análisis
institucional"
Autor:
Gregorio F. Baremblitt
228
páginas.
Edición Noviembre
2005.
ISBN
987-1231-10-5
Prólogo
por Gregorio Kazi
Deberíamos
escribir acerca del devenir de la escritura en el Doctor Gregorio
Franklin Baremblitt buscando destacar los modos de consumación de ésta
en el presente libro.
Para ello se prescribe que es necesario, entre otras
cuestiones, distinguir esta obra de otras del autor; y a la vez,
diferenciarla de las producciones de “otros” que abordaron esta temática
“específica”, destacar los conceptos decisivos de cada capítulo,
subrayar su peculiar estilo, circunscribir la metodología adoptada en la
construcción teórica, jerarquizar los objetivos que rigen este trabajo
esclareciendo cómo se subordinan a éstos las hipótesis y cada una de las
“demostraciones”, etc.
Renunciaremos a
tal forma de presentar este libro dado que siguiendo los formalismos y
procedimientos de “prologar” encontraríamos el amparo para diseccionar
intensidades, potencias, fuerzas instituyentes que fundamentan no sólo
“este” libro, sino los procesos de producir producción inventiva con los
que nos sorprende desde hace cuarenta años el Doctor Gregorio Franklin
Baremblitt.
En esta
dirección concebimos este libro en tanto instauración singular de
territorios de dilucidación crítica que se vinculan entre sí de formas
no unívocas, al tiempo que abre conexiones novedosas con otros
libros-cartografías (de diversidad de producciones dado que rechaza de
plano cualquier monó-logo) y otras experiencias-travesías. Tales
territorios han sido recorridos nomádicamente por el autor dado que los
trayectos demarcados dejan de ser “rutas obligadas” pasando a ser
estelas zigzagueantes que se disponen a ser recreadas tal como quienes
así lo deseen, puedan hacerlo. En repetición y diferencia encontramos en
el “Compendio de Análisis Institucional” invitaciones y provocaciones a
entregarnos a los movimientos de las praxis instituyentes, insurgentes,
revolucionarias.
Movimientos que
advienen, entre inmensidad de dimensiones, no sólo en interpelaciones y
críticas hondamente sostenidas a las nociones ortodoxas de “encuadre”,
“instituciones” e incluso las de “necesidad-deseo” o a los desarrollos
generosos acerca de la “transversalidad”, “las líneas de fuga”, “lo
molar y lo molecular”, sino también y acaso primordialmente, a modos de
experimentarlos en variados campos concretos y cotidianos en los que
reinventamos las prácticas y las herramientas con las que operamos
trans- formando/ trans- formándonos (o en términos del autor
“desplegando procesos de subjetivación- realterización”). Nomadopraxis
que no se reduce a atravesar las unidades/ construcciones/
deconstrucciones práctico conceptuales en tanto recorridos “propios” del
“profesional” que se parapeta en el trabajo científico considerado la
“faz superior” de sus quehaceres. Alude a un modo de vivir en el que
dicho trabajo es uno más al que se lo asume como otra dimensión de las
rebeliones continuas ante las formas y regímenes de producción cuyos
“procesos dignos de producción antiproductiva y sus maravillosos
productos” de consumo económico-cultural requieren, para su diseminación
y perpetuación, de quietudes, instituidos perversos, molaridades
pétreas, compartimentos estancos, escisiones brutales consideradas como
sutiles unificaciones, sumisiones y esclavitudes propuestas como la
materialización de la libertad; explotaciones, represiones,
humillaciones y desigualdades en tanto máximas expresiones de la vida
“social”. Mecanismos institucionalizados de producción del sufrimiento,
e incluso la muerte del ser histórico-social, destacados como “fuentes
de salud” por sedentarios “científicos” cuya “neutralidad valorativa” y
sus “verdades validadas con asepsia” no son sino indicación de su
compromiso con las certezas de las hegemonías, su condición de
“protegidos” por las institucionalidades de los Imperios aun en sus
roles netamente bufonescos, de su funcionalidad a las maquinarias que
fabrican sufrimientos colectivos y de lo imperioso que resulta para el
no-cambio la edificación de los dogmas de “pensamiento único” que
escamoteen las diversidades, las multiplicidades, las heterogeneidades.
Nos encontramos, entonces, ante un libro incisivo en sus desarrollos
conceptuales dado que estos devienen de los compromisos radicales del
autor con modos libertarios de pensar, hacer, sentir, decir, imaginar
que se ponen en juego en las praxis que sostiene y lo sostienen en su
gestación permanente de regímenes de co- afectación.
Obra en curso y
re-curso que no se detiene por, en y desde vitalidades revolucionarias
que relanzan una y otra vez los “viajes” permanentes (tránsito entre
prácticas, conceptos, sensaciones, acciones), cartografías (trazos
singulares de cada movimiento “entre” las instancias de las que se
trate), horizontes (líneas de orientación móviles), puntos de partida y
puntos de arribo (que sólo son considerados en su transitoriedad) que
son confrontaciones lúcidas y apasionadas a los modos de efectuación
corrosiva de la “vida” que los poderes de nuestras sociedades reclaman
para su “buen y correcto funcionamiento”.
Libro
ineludible para Militantes Sociales y Trabajadores de la Salud Mental ya
que si bien el autor es el Doctor Gregorio Franklin Baremblitt el texto
(con sus inagotables intertextualidades y variedad de texturas) funciona
como un dispositivo crítico de enunciación colectiva cuyos miembros son
seres histórico-sociales que intervienen en “los campos de trabajo”
buscando transformar las pluralidades fenoménicas y las
multideterminaciones que erigen los muros que direccionan las
vigilancias, los castigos, moralizaciones, encauzamientos, correcciones,
pedagogizaciones, asimilaciones, enajenaciones, procesos y
procedimientos de supuestas “normalizaciones” que re- propagan el modelo
de hombre “adaptado” y desaparecido en las prerrogativas del
individualismo internado terminalmente en “la” identidad y en la
propiedad privada, bases de sustentación de sistemas instituidos de
relación que, dicho de modo simple y transitorio, impiden los vínculos y
encuentros. Correlativamente es dable señalar que los textos del autor
de esta obra emergen de las entre-territorialidades que se gestan
autogestiva y solidariamente entre seres histórico-sociales que no han
claudicado a las capacidades desde las que es posible gestar Nuevas
Vidas y Nuevos Mundos.
El Doctor
Gregorio Franklin Baremblitt, como ya dijimos en otra ocasión, no
restringe sus modos de comunicación a los diálogos (razón junto a otros)
sino que los penetra con diánomos (movimientos junto a otros)
constituyendo los ámbitos dinámicos en los que las Utopías Activas
pulsen palabras en los cuerpos latiendo polifónicamente como cuerpos de
palabras siendo no sólo las “intelecciones” sino la “lógica de las
sensaciones”, la usina generatriz de los cambios-cambiar. Corporeidades
colectivas no identificables sino a través de sus potencias rebeldes que
no son susceptibles de ser recuperadas hacia la reproducción de
sumisiones y vasallajes cuya máxima “virtud” es la de perpetuar la
axiomática del capital y sus soportes materiales, simbólicos e
imaginarios (entre los que las instituciones encuentran funciones
preponderantes).
“Corpus” que
muta de modo imprevisible en sus estocadas a los “Dominus” que
fagocitan la pulpa magmática de la natalidad del ser histórico-social
que subvierte los mandatos, mandamientos, códigos, sobrecodificaciones y
demás “instructivos correctivos” que exigen que las existencias se
consuman en la fetichización de los supremos valores de la fatalización
ritual de lo maravilloso en los altares de los “supremos y puros”
agentes de poderes tan luminosos como enlarvados.
Invención de
espacios intensamente humanos; humanidades de cuyas perplejidades,
convicciones, incertidumbres, conclusiones e inconclusiones,
estremecimientos, significancias e insignificancias fluye lo novedoso,
lo inconcebible con antelación en los espacios balizados por el “Orden y
el Progreso” cuyas normas y avances también contemplan y activan
genocidios en sus más diversas modalidades.
El autor del
libro también con-versa en cuanto estrategia compleja a través de la
cual hace presentes a otros colectivos (aunque mayormente se los
“identifique” en “personas individuales” que seguramente tuvieron la
posibilidad de formalizar procesos de producción inventivos que los
trascendían) que ensayaron fundar territorialidades emancipadas y
emancipatorias dado que en tal forma de hacerlos reaparecer se
re-instalan planos recorridos y paridos por praxis que se conectan
abriendo, en otra dimensión del mismo movimiento, intersticios, brechas
que dan lugar a la producción de relaciones inéditas y por tanto
pro-motoras de nuevas búsquedas.
Con-versar en
tanto modo de conexión agudo de aquello que se presenta y re-presenta
“naturalmente” escindido en los discursos, saberes y prácticas que se
serializaron en las fábricas de “conocer” de las hegemonías de cuyas
disposiciones se han incrustado en los “mercados académicos” productos
sobrevaluados: el pensamiento único, ave fénix que efectúa sus vuelos
carroñeros en los supuestos cadáveres de la(s) Historia(s), los relatos
sociales y las vivencias cotidianas e intempestivas de los movimientos
populares. El Dr. Gregorio Franklin Baremblitt no necesita resucitar
tales categorías, simplemente se niega a reproducir los anatemas que,
sobre las usinas de la heterogeneidad y los procesos de subjetivación
que se desarrollan entre lo instituido y lo instituyente, lo molar y lo
molecular, lo liso y lo estriado, han berreado destacados
“intelectuales” que se comportan efectivamente como monaguillos en las
ceremonias en las que los “enviados” de dios en la tierra pretenden
festejar los banquetes de los exterminios.
En otro plano,
esta obra, como otras del mismo autor, se ofrece como testimonio y en
tanto legado a otros, y cuya sustancia puede y debe ser re-inventada,
trascendida, re-habitada, re-experimentada y por tanto re-lanzada en
cualquier dirección que posibilite las liberaciones de todo aquello que
se adhiera a las desigualdades fatídicas que componen la iconografía
grotesca de las sociedades de la violencia susurrada como método
fundamental de la “armonía y convivencia”. Las tautologías ominosas
sobre las que las hegemonías han edificado sus dominios son colocadas en
entre-dicho por el autor y su vastísimo acervo de personajes
conceptuales accediendo a una radicalidad científico-política que no da
“ni un paso atrás” ante las mistificaciones a las que se apela para
justificar aquello que no tiene justificación.
Evoco aquí una
lectura compartida con el autor de esta obra. El Conde de Lautreamont
propuso desenajenaciones de aquello que ambiguamente propone formas de
existencia social destruyendo al ser histórico-social al exclamar que
“la poesía debe ser hecha por todos”. Acción que no se reduce en modo
alguno a la escritura de poemas sino al poder hacer colectivo que funda
los tránsitos desde existencias coaguladas que vitrifican nuestros
movimientos hacia la trasmutación de lo establecido y sacralizado, no
sólo en lo estético sino también en las conexiones novedosas de lo
ético, lo político y lo ideológico. Programa en reformulación incesante
que el Dr. Gregorio Franklin Baremblitt se ha dispuesto a socializar
entre todos nosotros con este libro que condensa y libera vida siendo
deseable que las vidas liberen aquello que posibilite nacer una y otra
vez.
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"hacia una psicopatología de
la pobreza"
Autor:
Angel Fiasché
Prólogos de Eduardo Pavlovsky y Hernán Kesselman.
288 páginas.
2da Edición
Noviembre 2005.
ISBN
987-99610-8-0
Prólogo
por Eduardo "Tato" Pavlovsky
Este magnífico libro
del Dr. Fiasché
no sólo es un libro para opinar sobre psiquiatría sino que es un libro
que todo joven psiquiatra, psicoanalista, psicólogo o psicólogo social
debería leer. Se hace necesaria la lectura de un libro que sostiene la
multiplicidad de las intervenciones psicoterapéuticas y que apela
permanentemente al pensamiento creador como modelo terapéutico, a veces
a inventar, en cada una de sus intervenciones. Una idea básica
que rescato del libro y que si bien podría tener la paternidad del Dr. Pichon Rivière -uno de sus maestros predilectos- es también y por sobre
todo una resonancia conceptual teórica, clínica, psicoterapéutica, de
Fiasché sobre ideas de su maestro, donde la "marca Fiasché " es la
ampliación de los conceptos a través de múltiples experiencias y
prácticas concretas psiquiátricas y psicoterapéuticas.
No existe en
Fiasché ninguna concepción teórica que no esté avalada por su
experiencia clínica. Ese es el rigor científico de Fiasché. Lo que
siempre realiza es la conceptualización de sus prácticas, donde no sólo
se percibe su profundo conocimiento clínico y su extensa formación en
psicoanálisis, psiquiatría y psiquiatría social, sino además -lo
subrayo- un riguroso y a veces arriesgado e impredecible espíritu
creativo innovador. Ejemplo de esto es el relato de su experiencia con
adolescentes marginados en Nueva York, con quienes participó en una
doble experiencia existencial . El, enseñando a los adolescentes y
aprendiendo al mismo tiempo los regímenes de afección de los jóvenes y
sus micrológicas. Voy a la frase
pichoniana "el punto de partida para entender la patología es el proceso
de aprendizaje. Este aprendizaje , en la medida en que estimula el
crecimiento de la epistemofilia y que proporciona mejores herramientas
estratégicas para dicho conocimiento del mundo, enriquece los
sentimientos y con ello favorece el desarrollo de la salud mental".Para mí, ésta es
la frase que acompaña la ideología conceptual y estratégica de sus 21
capítulos. Como diría Stanislavsky, el superobjetivo de todo libro.
Porque Fiasché
-lo dice numerosas veces- insiste en que esta epistemofilia, que
enriquece los sentimientos y el desarrollo de la salud mental, no la
coloca sólo del lado de los pacientes sino también del lado de los
terapeutas, los cuales amplían de esta manera su cadena de
significaciones a través de prácticas y conceptualizaciones diferentes.
Vía doble:
cuando se cura el paciente es porque el terapeuta ha aumentado su
régimen de conexiones, su régimen de afectación. En otras palabras, su
conciencia.
Lo opuesto a
Fiasché es el psicoanalista cuya única práctica ha consistido siempre en
su práctica de diván y que a través de los años lo percibimos con un
bajo nivel intelectual y de creatividad.
Con ellos sólo
se puede hablar de psicoanálisis, y del psicoanálisis sobre todo como
una compresión del mundo.
Una especie de
patología de la hermenéutica, capaces de interpretar desde el
psicoanálisis arte, política, economía, etc. Sólo que entienden poco.
Allí el psicoanálisis adquiere un alto nivel de "religiosidad".
Con Fiasché se
puede hablar de todo, porque la Universidad de la calle también formó
parte de su experiencia. Se puede hablar de literatura, de cine, teatro,
política, de psicoanálisis y de psiquiatría, pero siempre abordando
estos temas desde su singularidad específica.
Al pasar se
puede decir, además, que su infancia fue matizada con la convivencia de
grandes jugadores de fútbol argentinos que habitaban su hogar cuando
venían del interior a la capital. Martino y Pontoni vivían en su casa
cuando jugaban en San Lorenzo de Almagro.También su rica
experiencia como bailarín de tango en "Caño 14", lugar tradicional del
tango porteño. Fue además un alto ejecutivo de una importante agencia de publicidad.Debemos
destacar su paso como Director Nacional de Salud Mental en 1991, en la
Argentina; su relevante experiencia en el Hospital Maimónides (Nueva
York) como director del entrenamiento en psiquiatría. Entre otras
experiencias, cabe mencionar también su fructífera estadía en Suecia
(en la ciudad de Gotemburgo) donde fundó, con la colaboración de su
esposa, un Instituto de Psicoanálisis y Psicoterapia.
Allí Ángel y
allí siempre Dorita Fiasché, porque resulta difícil deslindar a veces
los miembros de la pareja diferenciados de todo este potencial creativo.
Este "entre" de la pareja donde, como dije antes, a veces resulta
complicado deslindar la paternidad de las ideas. Deleuze y Guattari,
creadores de dos libros excepcionales -Capitalismo y Esquizofrenia y
Mil Mesetas- afirmaban que habían perdido la noción de la paternidad de
sus ideas. Tal era la experiencia existencial de un trabajo mutuo donde
se pierde la noción de sujeto, para ampliar el nuevo concepto de
"individuación". La individuación es el "tercero" creado entre los dos.
Podría afirmar en este caso que la psicoanalista Dora Fiasché (también
filósofa y pintora) tiene un papel fundamental en la creación
excepcional de Ángel. Lo aclaro en mi
experiencia personal: sin mi mujer Susana Evans yo no podría crear
permanentemente como todavía lo hago hoy. Hacemos una máquina
"invisible" entre los dos. Sería injusto no nombrar a ambas mujeres, por
la preponderancia del papel que ambas tienen en nuestra labor creadora.
En la de Fiasché y en la mía.
Vuelvo al libro:
la cotidianeidad de su relación con Franco Basaglia y sus innovaciones
en la psiquiatría italiana; también con Laing y con Cooper, ambos
creadores de la antipsiquiatría, donde Fiasché tuvo también una
importante intervención. Sus múltiples participaciones en Congresos
Internacionales de Psicoanálisis y Psiquiatría en Europa y Estados
Unidos.
La profunda
gratitud que Fiasché expresa hacia el Dr. Cabred, a quien considera un
verdadero pionero en la psiquiatría hace cien años, es emocionante.
Fiasché,
como el pintor inglés Bacon, va arrojando "manchas", ideas sueltas sobre
las páginas del libro. Como dice Bacon cuando pinta que de todas las
múltiples manchas que arroja sobre la tela "elijo una sola, a la que
llamo accidente, y sobre ese accidente sigo trabajando todavía sin
buscar la representación. Esta improvisación que hago la defino como
imaginación técnica, donde después, y sólo después, llegará alguna
forma, si la encuentro."
Es el "viaje"
que anhelo que hagan los lectores con éste libro, que se conviertan en
viajeros en algunos de los múltiples fragmentos que les propone Fiasché
y desde allí realicen la experiencia del "fragmento" que los conducirá a
la vivencia existencial que les permita encontrar su singularidad
individual. No existe la experiencia delegada. La experiencia de Fiasché
es única y excepcional.
Pero les sugiero
que lean el libro como campo de "experimentación". Porque es allí donde
se pueden multiplicar sus conceptos. Como él lo hizo con su maestro
predilecto.
El lector
debería multiplicar literariamente, la multiplicación literaria que
realizó Fiasché con Pichon Rivière.
Último
comentario: su profundo conocimiento a través de todos los capítulos de
su gran maestro teórico Sigmund Freud. Porque como dice siempre Fiasché,
"yo soy siempre psicoanalista". Y es verdad. Doy fe de ello. Pero de un
psicoanálisis liberador y potenciador de ideas y no atrapado en
instituciones que lo ahorcan y le restan creatividad. Las instituciones
psicoanalíticas oficiales argentinas no podrán nunca comprender
cabalmente las ideas que Fiasché propone en este libro, porque en
general vuelan a ras del suelo. Los conozco bien.
Hubo otro
grande, Samuel Beckett, que escandalizó hasta a Borges, que nunca
entendió su literatura "desterritorializante" y llegó a decir que a un
irlandés loco lo habían premiado con el premio Nobel.
Pero Beckett
desde su marginalidad se convirtió en el más grande dramaturgo del
siglo. No necesitó demasiado de Academias ni Instituciones que lo
apoyaran durante su carrera. Sólo su genio y su coherencia fueron
premiados y reconocidos al final.
Allí Fiasché y
allí Beckett. Y no seamos ingratos. Allí también Borges.
Debemos
agradecer al Dr. Fiasché este libro tan singular, producto de su vasta
experiencia, su enorme creatividad y su sólido arsenal teórico.
Ojalá los
jóvenes puedan leerlo y experimentarlo -a veces tan remisos a leer temas
que los aparte de Lacan y cerrados a un autismo frente a lo social- y
siempre preocupados por el mercado del psicoanálisis y su enseñanza.
Gracias, Dora
Fiasché, por saber muchas veces ser la partera del genio de Ángel. Un
sincero agradecimiento y reconocimiento a los dos.
Prólogo por Hernán Kesselman
Al comienzo de
la década de los años 60 conocí al Dr. Ángel Fiasché personalmente. Yo
sabía de su trayectoria como figura sobresaliente en el elenco de
profesionales, de psicoanalistas avanzados que acompañaban al maestro
Enrique Pichon Rivière en sus gestas y episodios pioneros de la
psiquiatría social progresista de aquellos años. Y que culminó con la
creación de la Primera Escuela Privada de Psicología Social en la
Argentina.
Por aquel
entonces, yo era el encargado -junto con la Dra. Lía Ricón- de la Sala
de Internados del Servicio de Psicopatología que dirigía el Dr. Mauricio
Goldenberg, en el Policlínico de Lanús. Me analizaba con Marie Langer y
supervisaba el trabajo con los pacientes internados con el Dr. José
Bleger, con quien supervisaba, a la vez, a los pacientes que atendía en
mi consultorio privado.
Recuerdo el caso
de una paciente, aquejada de severas crisis de carácter hipocondríaco,
que había generado situaciones de peligro para sí misma y para sus
hijos, tras lo cual decidí proponerle a su familia continuar su atención
en internación, en un sanatorio psiquiátrico. Yo concurría diariamente a
darle sesiones en el centro asistencial y supervisaba cada paso con el
Dr. Bleger. Éste me sugería que insistiera especialmente en el trabajo
de la interpretación transferencial, además de la medicación
antipsicótica que le era suministrada.
Pero los días
pasaban y la paciente no mejoraba. Además, fueron en aumento sus ataques
agresivos contra mi persona, incluyendo dos intentos de homicidio, que
hicieron que incrementara la dosis de ansiolíticos que yo tomaba antes
de ir a verla y la cantidad de horas de supervisión que solicitaba al
Dr. Bleger, para ver si se producía alguna tregua entre esta paciente y
yo. Hasta que un día convinimos con Bleger en que yo no podía seguir
conduciendo esa terapia con tal montante de transferencia negativa. Le
pregunté a José -que era como mi hermano mayor en psicoanálisis y un
maestro admirado, de quien esperaba que me sacara de cualquier oscuridad
en la que pudiera caer- "Si usted, doctor, estuviera en mi situación
¿qué haría?". Él reflexionó un instante y respondió: "Yo, en su lugar,
le pediría al Dr. Ángel Fiasché que me acompañara para hacer el traspaso
del timón de la terapia".
Entonces, llamé
al Dr. Fiasché, le expliqué la situación y él me dijo: "¿Cuándo tiene
que ir a verla?". "Mañana" -le respondí yo- "Bueno, avísele a la familia
y a la paciente que yo iré con usted mañana a las 6 de la tarde;
previamente nos encontraremos nosotros dos unos minutos, y luego
pasaremos a verla juntos a la habitación".
Ese día no tomé
los ansiolíticos, pero pedí una sesión adicional con Marie Langer, mi
psicoanalista, y me dirigí al sanatorio acompañada por Susana, mi
esposa, que estaba embarazada de nuestro primer hijo. Eramos una joven
pareja; yo atendía en el hospital, estudiaba para mi carrera de
psicoanalista y trabajaba a brazo partido en mi consulta privada. Así
que llegué al sanatorio en mi automóvil y mi esposa se quedó esperando
que termináramos la entrevista, para luego volver juntos hacia nuestra
casa. A los pocos minutos llegó el Dr. Fiasché, que me hizo algunas
preguntas y a quien interioricé sintéticamente acerca de la paciente en
cuestión. Guiados por la enfermera, nos dirigimos a la habitación y,
tras golpear para anunciar nuestra entrada, el Dr. Fiasché abrió la
puerta de par en par con un gesto firme. Entonces, se escuchó un
estallido de cristales, y al comenzar a cerrar la puerta -estando ya no-sotros
dentro de la habitación- apareció la paciente de cuerpo entero, detrás
de la puerta, encaramada a una silla y sosteniendo aún trozos de
cristales en sus manos, pálida de furor y de asombro por el imprevisto.
Ya que, como luego supimos, ella había destornillado el espejo del
toilette esperando mi ingreso para agredirme.
Entonces,
sucedió la escena inolvidable: el Dr. Fiasché le preguntó: "Pero, ¿qué
hace usted allí con este vidrio, que casi se corta toda al abrir yo la
puerta? ¿No se da cuenta de que es peligroso? ¡Bájese de ahí! Siéntese
en la cama, que vamos a charlar un rato sobre qué es lo que tenemos que
hacer para que usted pueda mejorarse. Y poder pelear contra el mal que
la hace sufrir, y no con este muchacho, que está trabajando y su mujer
lo está esperando afuera para volver a su casa esta noche". Ahí, la
paciente le entregó los trozos de espejo a la enfermera, bajó los ojos
con pudor y tomó asiento para empezar a dialogar con el Dr. Fiasché.
Este shock de
sentido común y sabiduría psiquiátrica fue el debut de un camino de
creciente admiración y respeto que he sentido siempre por Ángel y por
Dorita, su mujer, que había sido también una de mis docentes de
Psicoanálisis de Niños durante mi carrera cursada en la Asociación
Psicoanalítica de Buenos Aires.
La paciente
siguió el tratamiento con el Dr. Fiasché y aunque han transcurrido
muchos años, aún la recordamos. Y suelo rememorar este episodio cada vez
que me solicitan un ejemplo de intervención psiquiátrica psicoanalítica
operativa.
Tiempo más
tarde, Fiasché emigró para trabajar en el Hospital Maimónides de
Brooklyn, Nueva York, y durante algunos años dejamos de vernos, pero
nuestra relación en común con Eduardo Pavlovsky ha ido motivando
reuniones personales y profesionales, tanto en Buenos Aires como luego
durante nuestro exilio en España. En ese lugar yo fundé, en 1978, una
Escuela de Psicología Social sobre las ideas de Pichon Rivière. Y allí
Ángel realizó supervisiones con colegas argentinos y españoles
residentes en Madrid.
Fue también por
su gestión que Tato y yo pudimos trabajar "Escenas temidas del
coordinador de grupos y multiplicación dramática" en el Göteborg
Psykoterapi Institut (Suecia), donde Dora y Ángel vivieron y crearon un
instituto de psicoanálisis, que hoy goza de gran prestigio en Europa.
Por otra parte,
fueron los Fiasché quienes organizaron para mí en 1987 un taller-maratón
de "Escenas temidas del coordinador de grupos y multiplicación
dramática", en su Centro de Arte, Ciencia y Tecnología en Los Cocos
(Córdoba), cuando regresé al país repatriado junto a mi familia.
Los Fiasché
siempre estuvieron presentes antes, durante y después de mi exilio, para
compartir diálogos acerca de todo lo personal, lo profesional, lo
cultural. Han sido y son interlocutores de los cuales uno siempre sale
enriquecido y reconfortado.
Este libro sobre
psicopatología de la pobreza contiene evocaciones de la práctica
concreta de su autor y afirmaciones surgidas de esa práctica y de su
vasta experiencia profesional en distintos continentes, algunas de las
cuales trataré de subrayar, pues, a mi entender, pueden echar luz sobre
la falta de información en las historias oficiales de nuestra
especialidad, además de que por su carácter severo suelen desatar
polémicas y opiniones en favor o en contra de sus asertos.
Yo, que
pertenezco al grupo de discípulos directos de Pichon Rivière en su
última etapa, escucho y tomo nota de las afirmaciones que hace este otro
discípulo de la primera época, que no participó de la última porque
desde el año 1967 se radicó en los Estados Unidos, debido a lo cual no
pudo compartir el período de su enfermedad y las vicisitudes de la
fundación de la Escuela de Psicología Social que fundó con Ana Quiroga,
-tema que aclara el autor en el inicio de este libro-.
Algunas
observaciones de nuestro autor que cabe señalar y que mucha gente
desconoce:
a) Una de las
razones profundas por las que Pichon Rivière introdujo y difundió a
Melanie Klein en la Argentina es que encontró en ella y su grupo el
único movimiento interesado en investigar alrededor de la psicosis.
b) Por su
admiración por Sullivan, y sin que él se hubiese postulado así, Pichon
fue el primer psicoanalista culturalista que tuvo la Argentina. En ese
sentido, Fiasché (miembro dilecto del Alanson White Institute) propone
plantear el diseño de una psicopatología desde la cultura. Y ello
significa entender y explicar el modo en que ésta juega un papel
importante en los mecanismos psicopatológicos de que disponemos en
nuestra interioridad y a los cuales no podremos renunciar porque, de
hacerlo, entraríamos en la contracultura (que tiene, en su opinión, una
vertiente creativa y otra autodestructiva).
c) Los
adolescentes constituyen una trama que evidencia que Fiasché trabajó no
sólo desde las lecturas, sino desde el contacto directo singular y
grupal, desde el diario convivir, lo cual lo lleva a decir que el
adolescente representa un eje móvil de transformación de nuestra
sociedad, y nuestro trabajo consiste en analizar la dirección hacia lo
creativo o hacia lo destructivo que tomen sus proposiciones. Y afirma:
"Nosotros no debemos ser promotores de las proposiciones, sino
protectores de las proposiciones que los adolescentes tienen, para
evitar que entren en el campo de la enfermedad". La psicopatología de la
pobreza se desarrolla en cada capítulo de este libro. Para ejemplificar
que la pobreza enferma, recuerda el caso paradigmático de un paciente
nacido en una provincia del interior de la Argentina, con escasos
recursos económicos y culturales, que todo lo que pensaba lo sacaba del
libro Martín Fierro, de José Hernández. Años más tarde, este hombre
llegó a hacer fortuna en los Estados Unidos, pero no pudo enfrentar una
crisis existencial, ya que siempre que hablaba lo hacía desde el otro, y
este otro no era sino Martín Fierro. La pobreza enferma. Deja huellas
definitivas. Pero aclara un postulado básico:
d) La pobreza no
enferma en sí misma, es su cultura la que enferma. Y más grave aún es
la cultura de la miseria debido a los elementos básicos de su ecología:
el hábitat, la villa miseria, el analfabetismo, la promiscuidad y el
alcoholismo. Y por ello no podemos ver la psicopatología de la pobreza,
en términos de salud y enfermedad, de acuerdo con el sistema adaptativo,
que sí sirve para la sociedad burguesa.
e) Otro
postulado: El psicoespacio es un elemento para tomar siempre en cuenta
cuando estamos frente a una patología determinada, puesto que ella se da
en un espacio determinado. Y debemos preguntarnos cuán grande es el
espacio que cada persona necesita para sentirse acompañada y, a la vez,
tener la libre elección existencial para estar sola.
La calle y la
noche, como el psicoespacio, han ido perdiendo la posibilidad de ser
disfrutados como espacios de extramuros, a causa de la violencia, el
robo y la inseguridad. Allí descubrimos la patología, y se observa una
correspondencia entre la menor disponibilidad del espacio y el aumento
de la delincuencia.
f) El retardo
mental es una enfermedad que prevalece en la miseria. Y esto está más
referido al nivel de la miseria, porque en la clase proletaria, por lo
general, la pobreza logra una organización familiar que es muy
importante y se mantiene en forma cohesiva; cosa que no se logra en el
nivel de la miseria, que lleva a adoptar actitudes exasperadas a quienes
padecen la exclusión en el grado más intensivo de vulnerabilidad.
Fiasché ilustra esto con la idea de que en Harlem, por ejemplo, todo lo
que la sociedad les permite a los negros pobres es obtener autos de
marca y aparatos electrónicos accesibles. "El Cadillac que ellos
ostentan con gran orgullo, sienten que es lo más valioso que tienen, no
es operativo, es un Hilton Hotel, es su novia, es todo, porque valoriza
su autoestima lastimada.”
Son también
numerosas las epileptoidías que se producen por carencia de espacio: la
epileptoidía es una de las enfermedades de la miseria, pues en poco
espacio conviven diez o más personas, parientes o con vínculos
entremezclados, con una fuerte carga incestuosa; no siempre se sabe
quién es hijo de quién, y esto promueve la indiferenciación y la
confusión. También la cultura de la anomia genera una patología especial
vinculada con el psicoespacio: la esquizoidía, y puede coadyuvar al
desarrollo de una de las enfermedades más graves, desde la esquizoidía
por migración (interna o externa) hasta la criminalidad de la
esquizoidía epileptoide.
g) El concepto
de "ecoespacio" es un eje central, según el autor, para comprender la
psicopatología presente y cambiante, con la incidencia de la anomia de
las grandes ciudades y las vicisitudes que origina el hábitat en que se
desarrolla el comportamiento humano.
Fiasché
se juega por una psiquiatría social humanista y horizontal, ya que
privilegia la función del liderazgo por encima de las jerarquías
disciplinarias, que pervierten las relaciones humanas en las
instituciones del campo de la salud, cuya cuestión central es el
humanismo versus el antihumanismo.
En el racconto
de sus navegaciones alrededor del mundo, el libro está sazonado por sus
experiencias personales en toda América y en Europa, siendo compartidas,
algunas de ellas, con psiquiatras y psicoanalistas pioneros en la
psiquiatría social y en la contracultura (Maxwell Jones, Franco Basaglia,
por ejemplo). En otras circunstancias, sus investigaciones como director
de hospitales psiquiátricos o de salud mental -ya sea en el Hospital
Boros de Suecia, o en el Hospital Moyano de Buenos Aires, o desde el
Maimónides de Nueva York hasta un Hospital Neuropsiquiátrico de Oslo,
(Noruega)- están siempre refrendadas por su carácter de explorador
directo en los campos que decide investigar. Fiasché no sólo consulta
libros y estadísticas, sino que también habla con enfermeros, pacientes
y familiares, comparte almuerzos, discute persona a persona con los
pacientes, ya que el combate que libra es contra el asilismo y las
enfermedades, que son producto de la cultura de la miseria y de la
cronicidad.
Fue un
adelantado en el tema de la desmanicomialización y advirtió sobre los
peligros de que esta corriente quedara reducida a un discurso político o
a que los pacientes liberados de los hospitales fueran abandonados a las
calles y expuestos a ser explotados y maltratados.
En esta lectura
nos queda la sensación de que en los últimos cuarenta años de la
historia de la psiquiatría social, Fiasché estuvo siempre en contacto
con los pioneros de cada corriente, en el lugar indicado y en el espacio
más conveniente.
Como antes dije,
en 1987 tuve la oportunidad, en mi retorno, de conocer la institución
que Ángel y Dora habían creado con el Dr. Navedo en las sierras de
Córdoba. Un centro ubicado en un pequeño hotel en desuso en Los Cocos,
vinculado más con el modelo del aprendizaje que con el modelo médico
tradicional, con talleres, huertas y carpintería, donde espontáneamente
se establecía una corriente de comunicación entre los turistas que
paseaban por los negocios, los cafés y el cine y los pacientes que se
movían libremente por el pueblo. Con experiencias de este tipo, los
Fiasché ponían en evidencia que el tema de la salud mental estaba
enmarcado en un estereotipo, que es el prejuicio de la enfermedad
mental, ya que los pacientes no diferían de los que se acostumbra a ver
en los cronicarios. En sus centros ya no había "pacientes", sino gente
que vivía en el hospedaje al estilo del "Arbours Crisis Center" de
Londres, que dirige Joe Berke y del cual yo mismo fui profesor invitado
y miembro honorario.
Así, Fiasché
propugna intervenciones antes que interpretaciones. Intervenciones que
cambian de protagonistas según la situación y las necesidades
operativas. Esto se integra a su idea de que el campo de la psiquiatría
social debe dirigir su enfoque hacia las consecuencias que genera la
injusticia social, lo cual recorta claramente el compromiso político del
autor.
En el libro
también se narra la puesta en marcha del plan de externación que llevó
adelante el Dr. Jorge Pellegrini, en la provincia de San Luis
(Argentina). Y en el transcurso de sus páginas campean ácidas críticas
hacia los popes internacionales y los aspectos nefastos de los congresos
de profesionales en nuestro campo, intentando develar los juegos de
poder que se fagocitan las propuestas revolucionarias de los movimientos
con germen revolucionario, de las que no se salvan ni "Plataforma" (de
la cual yo mismo he sido miembro fundador) ni "Documento" en la
institución psicoanalítica, ni Franco Basaglia en la institución
psiquiátrica.
Rescata la
vigencia del E.C.R.O. pichoniano, integrándolo a la teoría general de
los sistemas, y la valiosa experiencia que tuvo en el Alanson White
Institute de Nueva York, instituto culturalista norteamericano, que pude
conocer personalmente gracias a su gestión.
Por todas estas
razones, recomiendo, tanto a colegas y discípulos como a trabajadores de
la salud mental y estudiantes, la lectura a fondo de este libro, que
desarrolla en todas sus dimensiones las herramientas para comprender e
instrumentar la psicología y la psicopatología de la pobreza,
desarrollada por este riguroso investigador, que ocupará con justicia un
lugar de privilegio entre los precursores de este campo en la Argentina
y en el mundo.
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"Psicoanálisis y
ezquizoanálisis.
Un ensayo de comparación crítica"
Autor:
Gregorio F. Baremblitt
Prólogos:
Gregorio Kazi y Jorge Golini
320 páginas.
Edición agosto
2004.
ISBN 950-99969-3-9
Prólogo por Gregorio Kazi
Entre diá-nomos y pró-nomos
Son diversos los motivos que convocan a escribir estas palabras. Muchas
veces se prescribe que debemos sostener un “diálogo” con la obra del
autor en los prólogos que efectuamos acerca de su devenir escrito,
cumpliendo así, de maneras más o menos rigurosas, con los ceremoniales
de “iniciación” que pretenden ungir con los óleos sofocantes de las
academias a la dignidad lógico formal, a la sabiduría sacerdotal, a las
elevaciones eruditas, a las revelaciones provenientes de la
clarividencia científica a la que arriba la individualidad de quien ha
tenido la disciplina necesaria para romper los nexos entre la “vida
activa y la vida contemplativa”. Sin atenuantes: los prólogos son
liturgias análogas a las acciones misteriosas que repiten con asombrosa
identidad los diáconos y monaguillos en tanto preliminares que anteceden
una y otra vez a la penetración anticipable, en escenarios inmutables,
de prelados, padres, o cualquier ser autorizado a representar y
transmitir de modo monopólico el “verbo” y la “palabra” incuestionable.
Sin inimputabilidades: los prólogos también se asemejan a los desfiles
marciales cuya dudosa pomposidad precede a los discursos de las
“jerarquías superiores” que, sin variación, se autovalidan en la
insistencia y exigencia de obediencias debidas de los subordinados hacia
los honores que suponen, por ejemplo, los asesinatos planificados en
nombre de la “libertad y la vida”. Además de los “diálogos” bíblicos
sostenidos entre los “hijos virtuosos” y un dios omnipresente en sus
monólogos, no nos son ajenos, aunque nos ajenicen, los diálogos
platónicos que “recrean” las palabras de un maestro homenajeado luego de
ser “suicidado” por los nobles designios de la Polis. Homenaje que
otorga celebridad a los discípulos que sobreviven las acciones
“inadmisibles” de Sócrates. “Alumnos” instruídos e iluminados por la
Mayeútica que pervierten los testimonios y legados del “evocado”.
Pensadores “escrupulosos” que, en tanto “sobrevivientes”, se
auto-asignan un rol de “privilegio”: ser “consejeros de príncipes”,
disfraz “tolerable” de los “justos” legisladores y conciudadanos
influyentes que impusieron la gentil condena al “festejado
filosóficamente”. Diá-logos que se vierten en pró-logos. Re-poniendo
escrituras y con-versaciones del y con el autor de este libro, el Doctor
Gregorio Franklin Baremblitt, trataré de no “caer en la tentación”
virtuosa y elogiada, en las catedrales diseminadas de la
“intelectualidad”, de “dialogar” en tanto uno de los recursos
privilegiados de los pro-loguistas que acallan las dimensiones no
mercantiles, que no producen lucros ni capitalizaciones, de la escritura
que emerge entre convicciones e interrogaciones.
El autor nos convoca y
desafía hacia la producción de acontecimientos moleculares que advienen
de los diá-nomos, que pueden ser antecedidos o no por pro-nomos, cuya
materia en movimiento se fuga y se aposenta en el “cebar los deseos y
pasiones”. Nomos o nomadismo sin el que no es imaginable el trazado de
las cartografías, siempre parciales y singulares, que nos orientan entre
un territorio en el que apacentar y otro. Tales travesías alteran los
mandamientos que sepultan las búsquedas de territorialidades deseadas
dado que se debe aprisionar cualquier aspiración emergente de las
utopías activas en las tierras prometidas por los padres poderosos
propietarios del saber y el hacer.
El Doctor Gregorio Franklin Baremblitt comparte, en este inter-texto puesto a trabajar en con-textos
trazados en multiplicidad de planos, un elogio de lo que acaece entre
puntos de partida y puntos de arribo sin detenerse ceremoniosamente en
uno u otro. Orientación que no se somete a las per-signaciones, pre-asignaciones
y pre-signaciones a los puntos cardinales inmóviles que se incrustan en
los horizontes absolutos cristalizados por dogmas, sectarismos,
arribismos y oportunismos. Cuatro términos posibles por las quietudes
requeridas para la perpetuación de los establecidos fundados y fundidos
en asimetrías bestiales que se han inoculado en los cuerpos y
conciencias “normalizadas” en tanto “escencia de la humanidad”.
Las
dominaciones, coerciones y los doblegamientos, perceptibles e
imperceptibles, de los “entre”, han sido tácticas privilegiadas para el
cumplimiento estratégico de la imposición de los Imperios. Cada
afirmación de éstos en los distintos momentos de la historicidad y
“dentro”de las diversas maneras de organización “social”, desde las más
sutiles y seductoras a las más grotescas y “repudiadas”, han significado
persecuciones, suplicios ejemplificadores directos e indirectos sobre
las discrepancias singulares que se producen entre seres histórico
sociales.
Intentando realizar una enunciación de las “pasiones alegres” es
posible escribir/ decir que en este libro, entre algunos de sus aspectos
singulares, convergen multiplicidad de proyectos y trayectos que se
potencian vitalmente.
Fuerzas inventivas que en su singularidad han ido trazando las
territorialidades dinámicas de las identidades colectivas insurgentes,
de las enunciaciones rebeldes del ser histórico social, de las travesías
inéditas sostenidas y liberadas en cada paso hacia los horizontes de
transformaciones necesarias y deseables, de las búsquedas creativas
estético-emancipadoras, de las producciones teórico prácticas que se
realizan cotidianamente en cada acción implicada con la belleza, la
justicia, la ternura, la natalidad, las in-quietudes, el conocimiento
crítico gestados por las pluralidades, alteridades puestas en juego en
y entre los “nosotros” revolucionarios.
Devenires incapturables que han
puesto en juego las Madres de Plaza de Mayo y sus 30000 hijos, los
movimientos rebeldes de América Latina y el mundo, el colectivo
implicado en la construcción de la Universidad Popular Madres de Plaza
de Mayo y cada gesto en el que laten los sueños, utopías y realidades
que se contraponen al Imperio de la Homogeneidad, a la sociedad de la
violencia, a la perpetuación de genocidios, explotaciones, alienaciones,
controles y castigos, a la propagación y normalización de lo aberrante,
a las “adaptaciones” a un “orden” bestial proclamado y ejecutado en
nombre de la “armonía”, “paz” y “convivencia nacional o mundial”.
Convergencias que reconocen diversidades, acuerdos y desacuerdos,
encuentros y desencuentros, continuidades y discontinuidades,
repeticiones y diferencias. Entre-cruzamientos que no suponen la
instalación de planos de certezas, ni la constitución de tautologías, ni
la urdiembre de redes de captura, ni la institucionalización de modos
uniformes, ni la configuración de disciplinamientos, encauzamientos y
direccionamientos hacia subjetividades pre-figuradas. Entre-vistas,
inter-locuciones polifónicas, entre-tejidos , entre-puentes,
entre-surcos, entre-suelos, entre-tantos, entre-vías, recorridos de
transición entre un espacio lúdico y otro, pluri-topologías en y desde
las que emanciparse de decretados sedentarismos; instancias que
advienen en tanto realidades compartidas o instauradas entre unos y
otros. Co-operaciones que establecen planos de inter-acciones
zigzagueantes en y de cuyos pliegues y repliegues se alojan al tiempo
que se liberan subjetivaciones originales, re-subjetivaciones cobijantes
e intempestivas.
Así como la funcionalidad de las racionalidades
intrínsecas a las inercias , que eternizan los vasallajes y
sometimientos, encuentran un fundamento inmutable en las quietudes, el
nomadismo entre los seres in-quietos des-cubre nuevas conexiones entre
los elementos que se hallaban recubiertos de significaciones pétreas,
tanto como instituye trayectos que aún reiterándose son novedosos en y
por re-posiciones, disposiciones, intensiones, velocidades,
inclinaciones, dimensiones. Zonas comunes que no son de uno ni de otro,
espacios no asimilables a los diagramas fetichizados de los que surgen
las propiedades privadas. Privatización en tanto factoría implacable de
individualismos-feudos que reproducen de modo ominoso los templos en los
que dios bendice, en tanto faz metafísica que “milagrosamente” se
replica en la materialidad de las relaciones regidas por el
desconocimiento o humillación a todo otro como tal, a un rebaño que
paradojalmente es tal por que su cualidad comunitaria se retrae, hasta
la saturación vacua, al individuo cuya única orientación es la
auto-referencia. Los “intramuros” que han emplazado los poderes de la
fatalización, tortura y desaparición de las disidencias e
interrogaciones radicales , son estructuras duras pero su función
discriminadora, en las significaciones lacerantes de tal palabra,
adquiere renovadas funciones. La fortaleza que “resguarda” a los
vasallos de la “amenaza” que representan los “desviados”, “enfermos”,
“vagos”, “indeseables”, “insensatos”, extravagantes” y demás seres
“verminosos” es la función más reconocida, aclamada y pontificada en
Occidente desde el régimen feudal hasta hoy, con los virajes y
recategorizaciones complejas que el capitalismo ha logrado inscribirle
sin las linealidades que muchas veces se le atribuye a tal proceso. Los
siervos, cuyas voluntades, deseos, sensibilidades, pensamientos y
autonomías son pulverizados por los señores, han sido también
“protegidos” de sí mismos, de su potencial “animalidad”, de sus
intrínsecas posibilidades “subversivas”.
Considerar que las murallas
sólo excluyen a quienes son evidentemente excluídos es una de las
conquistas más avasallantes de los poderes de la fatalización que se
re-distribuyen, re-direccionan en la victoriosa ritualización de la
razón, cuyos procedimientos de validación inequívoca se consolidan en el
“socius” de la modernidad que sustituye la positividad religiosa por la
unidad del Estado. No se trata de confundir los suplicios que padecieron
y padecen los “leprosos” de antaño y los estigmatizados de la
actualidad, ni diluir las represas divisorias entre éstos y los
“aldeanos” y “ciudadanos útiles”.
Sino de dilucidar las membranas
impermeables que se han consolidado entre éstos últimos y entre sus
correlativos “dominus” interiorizados. El “preservado” de los contagios
con los que otro arrojado “afuera” lo amenazaba, se encuentra a “salvo”
de las contaminaciones que el contacto con cualquier “semejante” puede
provocarle y a “resguardo” de la “impropiedad” de sus propias tendencias
“disruptivas”, “alteradas”. Muros que se extienden y re-definen ,en su
“claridad y distinción”, desde la epopeya “democrática” griega, el
oscurantismo del medioevo, la “ilustración” moderna, hasta la
“transparencia” posmoderna; considerando que cada una de las rocas
enclavadas en los balizamientos de la “pureza y precisión” de lo “Uno”,
es condición pre-determinada para la abolición de lo definido como
“otro” y “otros”. Es posible escribir, a grandes rasgos, que el magma
bullente que fluye incesante de cada una de las letras del libro con el
que se presenta Gregorio Franklin Baremblitt, haciéndonos presentes como
amigos y lectores, encuentra sus principios, incisiones y pre-tensiones
deliberadas y/o no, en la instalación de infinidad de
“entre-territorialidades”.
Probablemente tal programa perturbador, que
ha renovado en sublevaciones permanentes a través de al menos 35 años,
“explique” que su producción, en nuestro país, haya sido silenciada
aunque resonara desde la cercana lejanía de una retahila injuriante de
exilios. El autor nos advierte, desde “antes” de su advertencia, que
desea compartir, con inusual generosidad, las navegaciones inéditas que
ha efectuado por los entre-océanos que, en tanto tales, han sido
considerados “áreas prohibidas” por inquisiciones religioso-científicas.
El mar del psicoanálisis y el mar del esquizoanálisis en tanto planos (
piélagos) sobre los que se trazan distintos recortes y segmentos (
islas-conceptos). Prismas, enfoques, montajes y desmontajes a partir de
los que se “entre-configuran” tamices a través de los que adquirir “
consistencia sin perder lo infinito en que el pensamiento se sumerge”.
El autor mantiene la tensión de los entre-veros que suponen tales
inmersiones que dejan estelas perdurables y evanescentes sin renunciar a
dejarse inter-ceder e inter-ferir por sus “personajes conceptuales” tan
delicados y desafiantes como las comprensiones multivalentes que va
efectuando. Propone desde el mismo título generar un “entre”, dado que
para instalar cualquier comparación como la que ha realizado, no es
posible eludir los viajes entre los piélagos antes clausurados en
especificidades y especializaciones restrictivas, ni entre las
islas-conceptos (isolats) que va pincelando al demarcar multívocamente
los “perímetros variables”de éstas. Re-instaura inventivamente
archipiélagos re-abriendo la posibilidad de recrear las conexiones entre
las islas que lo componen, ejerciendo, en un movimiento que se pliega
dentro del otro, los re-descubrimientos de los piélagos que las islas
vienen a poblar y los “entre-planos” que advienen como rompientes. Las
rompientes de las olas de diversas marejadas y de distintos piélagos van
bocetando, a velocidades infinitas, los contornos no estáticos ,
entre-cortados por armonías y desarmonías, las orillas o bordes
carcomidos de las islas. Tales orillas que difieren de sí mismas con
cada avance y retroceso son también espacios de transición mutable entre
la “tierra firme” y el “piélago blando”, entre “espacios estriados” y
“espacios lisos”. En esta línea Baremblitt deviene en las olas, sus
rompientes, y sus movimientos de ida cuando vuelven y vuelta cuando van
hacia la orilla-horizonte y hacia el horizonte-orilla.
Ello no le
permite escamotear una intervención sobre “sí mismo”, siendo que podría
haber omitido tal trabajo, dado que las cartografías que dibuja son
dibujadas también sobre su piel implicada. En este sentido es posible recomprender la postulación de León Rozitchner del sujeto en tanto
portador de “núcleos de verdad histórica” siendo que nuestro autor
murmura y grita que además de sus nuclearidades inter-vinientes es
portador de “molecularidades protagonistas de las verdades
históricas”. Clamor, bramido, susurro que se combinan como materia
fonemática subterránea sobre la que Baremblitt escribe, tal como en un
salimpsesto, la endo y exoconsistencia de los puentes colgantes y
re-movibles que va re-hilvanando a través de inter-valos, detenciones,
aceleraciones, crescendos y ritornellos. El escriba se d-escribe siendo
en este caso un crítico y autocrítico que arroja, iniciando una suerte
de intifada amorosa, “genealogías y geografías” resquebrajando la
antinomia entre los movimientos del tiempo y la quietud de los espacios.
Acordando con los trabajos de Marcelo Percia y Gregorio Kaminsky, entre
otros, que señalan al ensayo en tanto estilo que se comporta como un
analizador privilegiado de la(s) subjetividad (es) desde las que se
escribe, me atrevo a sugerir que Baremblitt elige esta manera de
compartir sus vaivenes incesantes, plasmados en bitácoras y
cartografías, por , al menos, dos motivos. Habilita una pluri/ inter-vención
esquizoanalítica: sobre y en las territorialidades “formales” a las que
se aboca en su trabajo; sobre y en las territorialidades “informales” a
las que indaga en otras dimensiones del mismo acto: las subjetividades
portadoras y productoras de alteridad que se extrañan y se encuentran
re-alterizadas en lo que Félix Guattari y Gilles Deleuze re-nominan como
“sociedad de amigos”. Otro amigo de Gregorio F. Baremblitt señaló que
uno de sus libros era un “Caballo de Troya”. Señalamiento que comparto y
al que agrego que sus libros invitan a percibir maderas para construir
tales corceles, a sentir una punta como las espátulas de V. Van Gogh, a
respirar las palabras como las acciones poéticas de Lautremont, a
transitar los escenarios vitales demoliendo las representaciones
instituídas como la gestualidad de A. Artaud, a leer los textos como S.
Beckett los esculpía a martillazos, a experimentar los análisis
combinando implicaciones político históricas y libidinales, a construir
destruyendo y destruir construyendo como A. Rimbaud y sus Iluminaciones
acaecidas entre temporadas en el infierno y aventuras innombrables entre
el imperio y el continente negro. Invitación que ha sido recusada antes
que pudiese formularla en su país de origen, la Argentina, salvo en una
honrosa excepción. Convite que hemos aceptado al quedar con-movidos y
entre-movidos ante alguien que lanza piedras deviniendo tal movimiento
“como imagen del pensamiento sin dejar de ser materia del ser”. Piélago
es aquello inconmesurable: tal el sentido primigenio que se le otorgó a
los oceános. Archi designa aquello que es mucho. Archipiélago: lo que
está “contenido” y forma parte del Todo infinito es, misteriosamente,
mucho más que el Uni-verso que lo limita.
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