Libros de las madres

Colección

"30 AÑOS DE LUCHA Y RESISTENCIA"

 

 

"Historia de las Madres de Plaza de Mayo"

 

Autor: Inés Vázquez

4ª Edición aumentada.

Edición abril 2006.

ISBN 987-99610-9-9

 

 

 

 

 

Introducción por Inés Vázquez

Con esta boca, en este mundo

¿cómo nombrar con esta boca,
cómo nombrar en este mundo con esta sola boca en este mundo con esta sola boca?


Olga Orozco, Con esta boca, en este mundo, 1994


Este libro comienza con una lejana y ya mítica conferencia brindada por Hebe en la bodega cultural llamada Liberarte. Corrían los primeros años de la postdictadura argentina, pleno gobierno de Alfonsín, y las Madres eran borradas con esmero y saña de los medios de difusión, escritas sus casas (otra vez) con la palabra terroristas y acusadas, por el posibilismo en el poder, de antidemocráticas, ultraizquierdistas, antinacionales, desestabilizadoras.

Ellas, en tanto, vehementes y tranquilas como el torero en la arena, se dedican a contar su historia, donde las llamen. Sean cinco, ochenta o miles los escuchas. Así se abrió paso esta conferencia que, pese a existir ya por entonces algunos libros relatores de su historia, ocuparía el lugar de la síntesis, la claridad y la revelación de hechos constitutivos del movimiento, contados por primera vez con esta boca, en este mundo, como una mano tendida al pueblo por sobre el aislamiento y la impunidad pergeñados por los cómplices del genocidio.

De modo que esta es su historia contada por ellas mismas. Relato de acontecimientos que las han llevado a ser quienes son, resignificados por la mirada de las luchadoras que regresa a ellos cuando la topadora de la impunidad quiere arrasar lo que ha sido bello y digno, para quedarse sólo con la compañía siniestra de los criminales sueltos.

Y entreverado entre las palabras, un recorrido fotográfico que las encuentra una y otra vez en las calles del país y del mundo, en el centro de los conflictos sociales y políticos, tomando parte por la justicia y la vida plena.

Allí podemos observar los carteles de las Madres de Plaza de Mayo como superficies de enseñanza, denuncia y creatividad. La insondable productividad política de las siluetas, pero también el inmenso, perdurable buscados por asesinos, con las caras que el establishment democrático se negaba a socializar, a escolarizar, a poner entre rejas. Las impactantes más/caras blancas y el enorme cartel Por los 30.000 desaparecidos exigimos juicio y castigo a todos los culpables, subrayado el todos. Señores, señoras: había que llevar ese cartel, había que caminarlo por las vigiladas calles de la postdictadura. Una entretela de la historia de las Madres que este libro también cuenta: han sido muchas las manos solidarias que apoyaron, sostuvieron, acompañaron, hicieron letras y sueños junto al calor de las incansables.

En este libro heterogéneo, que permite diversas entradas a su rica historia, aumentado por ellas con cada nueva reedición, emergen como verdaderas puntas de iceberg, algunos discursos de Hebe. Conmovedores, desgarrados -lúcidos siempre- y capaces de esperanza. En ellos, la voz popular que encarna Hebe no conoce golpes bajos, trivialidades ni poses de tarima. Allí todo es sustancia, sabiduría, valor de esa boca, en este mundo. Nos debemos aún la recopilación exhaustiva de esos actos de habla y lucha. Nos debemos un oído atento para tanta sensatez liberadora, para tanta verdad anunciada en el viento de la Plaza, para tanto amor socializado.

La oralidad como parte de la identidad originaria de Nuestra América: las transcripciones de esos discursos sin papel son literales y no hallaremos en ellos titubeos ni repeticiones, sino la palabra justa dando en el centro del blanco. Manantial de vida y sentidos que fluyen con la certeza de llegar donde la sed espera. Nuestra Oradora de la Revolución.

El crítico literario Angel Rama considera que la "ciudad letrada", es decir, la cultura dominante, occidental, ha museificado la oralidad propia de nuestros pueblos americanos. En Plaza de Mayo, cada jueves y en cada acto, se alza esa voz ancestral, profunda, instalada y en diálogo con la realidad más concreta y vigente. Desde los discursos de repudio al aniversario de los 24 de marzo (1995 en adelante) hasta el perteneciente a la última Marcha de la Resistencia organizada por las Madres (2006), desde las palabras para celebrar los "Mil Jueves" en la Plaza hasta el discurso del 1º de Mayo en la Plaza de la Revolución, La Habana, Cuba. Palabra indómita que anda, Madres tiernas y aguerridas que marchan. Mujeres revolucionarias por obra y gracia de sus hijos, que nos hablan.

También la palabra escrita se hace vibración humana en estas páginas. "Nuestras consignas", el corpus ideológico por excelencia de las Madres, donde la teoría cotejada con y en la práctica política, las hace producir saber vivo, en constante transformación y ampliación. Interesante: ellas cambian, pero siempre hacia el futuro, ni un paso atrás rige sus mutaciones; cincelan, extienden, se internan en el sentido último de cada una de sus consignas sin perder nunca el hijo de oro de la coherencia o la fidelidad a sí mismas. Así, aparición con vida puede dar, en amalgama de años y luchas, nuestros hijos viven. Variaciones sobre la cuerda del vitalismo. Modulaciones del ser que nació a la vida para dar vida y no encuentra retroceso para esa contrafatalidad.

Así también, las consignas crecen: definiciones centrales que resuenan con escándalo en la casa vacía de las clases dominantes: las Madres asumen el antimperialismo como prenda de unidad latinoamericana y el socialismo como modo de terminar con el sufrimiento múltiple y máximo del sistema capitalista. He aquí un programa para nuestro pueblo que busca rehacerse después del genocidio y del posgenocidio y del tajo del hambre en sus gargantas niñas.

Con esta boca, en este mundo ellas han podido nombrar lo innombrable y no sólo eso, sino también hacérselo nombrar a los demás: los desaparecidos ya no son una figura evanescente trazada en el aire por las manos asesinas del dictador Videla. Ellos y ellas son nuestros compañeros, pura energía de proyectos y organización popular, fondo de toda lucha que valga la pena hoy. Presencias fundantes de la rebelión y la justicia y la felicidad del combate.

Perderse en esa voz colectiva que nombra para la vida y la realización de los deseos tal vez sea la tarea de los próximos años para quienes aspiramos a cambiarlo todo. Transmutarnos en esa fragua que no deja de entregar caminos políticos para la liberación. La historia de las Madres es un capítulo abierto, sin final, del combate heroico de un pueblo que respira por el aire luz de los pañuelos blancos.

 

"Luchar Siempre,

 Las Marchas de la Resistencia  1981-2006"

 

Autores: Inés Vázquez, Ulises Gorini y otros

2ª Edición aumentada abril 2007.

232 páginas

ISBN 978-987-1231-33-1  

 

 

Introducción

En Italia, hoy en día, hay personas que se preguntan sí la Resistencia tuvo un impacto militar efectivo en el sesgo de la guerra.

Para mi generación la cuestión no tiene relevancia alguna: comprendimos inmediatamente el significado  moral y psicológico de la resistencia. Era motivo de orgullo saber que nosotros los europeos no habíamos esperado la liberación pasivamente.(…)

En Italia, hoy en día, hay personas que dicen que el mito de la Resistencia era una mentira comunista. En Italia, hoy en día, hay personas que dicen que la guerra de la liberación fue un trágico episodio de división, y que ahora necesitamos una reconciliación nacional. El recuerdo de aquellos años terribles debería ser reprimido.”

Umberto Eco, cinco escritos morales.

Estas palabras de Umberto Eco iluminan y dan sentido al concepto de resistencia. En la Argentina la retirada de la última  dictadura militar se atribuye fundamentalmente a la Guerra de Malvinas y al desastre económico. Como explicación tiene un paralelo con aquélla que destaca la intervención decisiva de los países aliados (de los estados Unidos) en la caída del fascismo en Italia.

Ambas explicaciones no dan cuenta del proceso social; el pasado parece imponerse a las personas sin tomarlas en cuenta como sujetos de su propia historia. Se omiten los movimientos sociales, las tradiciones de lucha, las prácticas resistentes de los sectores populares, la lucha de clases.

Una versión significativa del pasado tiene que recuperar esa cultura de oposición y resistencia, el conjunto de prácticas activas que constituyen la trama de la experiencia popular.

La lucha de las Madres de Plaza de Mayo cobra significado en esta tradición porque, desde el grito desesperado inician una acción pública, ene l segundo año del gobierno militar (abril 1977), que se irá constituyendo como movimiento de resistencia en los años posteriores.

En relato de las Madres supera siempre las referencias escritas, los documentos, los archivos, porque expresa esa concienciadle movimiento: ellas han tomado parte en la historia y aún continúan desbaratando las estrategias de la memoria oficial.

En los últimos años han creado una Universidad Popular, en cuyo ámbito funciona la Cátedra de Historia de las Madres de Plaza de Mayo. Esto echa por tierra la posibilidad de convertirlas en “asunto” del pasado, de ubicarlas en un cómodo lugar de la historia, y de reducir el recuerdo de aquellos años terribles a monumentos, placas y parques de la memoria.

Las Madres no solo se oponen a esto, sino que insisten en mantener sus prácticas o sus tácticas, como las Marchas de la Resistencia, en los distintos contextos históricos en que les toca actuar.

El presente trabajo nace, en el marco de la Cátedra, con el propósito de indagar el carácter de la resistencia del Movimiento Madres de Plaza de Mayo y la perdurabilidad de esta forma anual de protesta: la marcha de 24 horas. Qué significado adquirió para el movimiento de derechos humanos en cada contexto, cómo fue cambiando, con qué consignas se organiza, cómo el bloque de poder , entendido en sentido gramsciano, primero bajo la dictadura militar y luego en la llamada transición democrática, intentó deslegitimarlas.

En la década del ’90, los indultos del presidente Carlos Menem pretenden sellar definitivamente la impunidad, pero la resistencia de las Madres tomará nuevo impulso y más fuerza porque otros sectores renuevan su lucha y siguen su ejemplo.

Durante el menemismo, amplios sectores populares y gremiales constituyen las nuevas resistencias ( los jubilados, los estatales en Jujuy, los mineros de Río Turbio, los trabajadores de los Altos Hornos Zapla, los primeros piqueteros de Cutral Có, las pueblada de General Moscón y Tartagal, los trabajadores desocupados de todo el conurbano bonarense). Estos movimientos y sus dirigentes expresarán sus reclamos en la plaza de las Madres, en particular en las Marchas de la Resistencia. También estarán presentes los representantes de los movimientos sociales de América Latina, como los “ Sin Tierra” de Brasil y el movimiento zapatista de Méjico.

En el escenario de la plaza, las Madres atentas y solidarias  con el avance de estas organizaciones y con las nuevas modalidades de la protesta social, brindarán su apoyo decidido, su experiencia, y verán en ellos la continuidad de la lucha que iniciaron sus hijos en los años ’70.

“Las Marchas de la Resistencia nacieron en 1982 como demostración de enfrentamiento, no de 30 minutos por Jueves, sino de 24 horas sin descanso, frente al poder asesino, frente a los cómplices, frente a los traidores. Nació como una gran necesidad revolucionaria de ocupar un espacio como la plaza para exigir.” Hebe de Bonafini, 6 de diciembre de 1999.

Tres fueron las Marchas de la Resistencia bajo la dictadura militar. Y rememorarlas colma a las Madres de satisfacción, porque ellas fueron las primeras  que se atrevieron  a estar en la Plaza. Los demás organismos de derechos humanos, la Liga, la APDH, los familiares, el SERPAJ, el MEDH y el CELS se oponen en 1981 a la iniciativa de las Madres, evalúan la inconveniencia de ocupar la Plaza y pasar la noche muy expuestas, bajo el estado de sitio, enfrentando una segura represión policial. Intentan persuadirlas del “sin sentido político” de esa forma de reclamo.

La Marcha del 81’ representa un acontecimiento singular porque comienzan con ella una nueva práctica, inserta en su ya original forma de reclamo de cada jueves. En diciembre de 1981, bajo la dictadura militar, las Madres deciden marchar durante 24 horas ininterrumpidas en la Plaza, frente a la Casa de Gobierno, señalando al poder opresor. Desde 1977, todos los jueves, reclaman de día en forma colectiva y pública. Ahora, están dispuestas a prolongar su resistencia.

En diciembre de 1982, al convocar a la Segunda Marcha de la Resistencia, Malvinas  de por medio, las Madres no pueden confiscar la plaza totalmente vallada. Igualmente la actividad se desarrollo durante 24 horas, acompañadas por las juventudes políticas y los demás organismos de derechos humanos.

“La Marcha de la Resistencia tiene una historia, pero cada una de ellas tuvo y tendrá una característica distintiva”, señalan las Madres en 1985, subrayando una de las impronta mayores de est5as jornadas, la de articularse año a año en el contexto político del país, aportando lucha y originalidad propias; En la historia del movimiento, la organización de esta jornada está rodeada de un gran entusiasmo que contagia a todos los grupos solidarios.

La voluntad de las Madres, el debate entre ellas para definir la consigna  se expresa en todo el trabajo previo para llenar la Plaza de contenidos y de los símbolos de su lucha: las siluetas, los pañuelos, las pancartas, las fotos de los detenidos-desaparecidos, los murales.

En cada marcha, la Pirámide de Mayo, el centro de la convocatoria, aparece cubierta de inscripciones, banderas y en los últimos años, rodeada de fotografías ampliadas de sus hijos desaparecidos.

Cada año las Madres realizan encuentros para decidir con qué leyenda o consigna convocan a la Marcha de la Resistencia, difundiéndola a través de su propio periódico, que comienza a publicarse en diciembre de 1984, durante el gobierno constitucional.

“Las consignas también marcan la trayectoria del año siguiente, aplicamos las consignas en todas nuestras acciones y algunas quedan con marcas: “Aparición con vida”, “Cárcel  a los genocidas”, “ Ni un paso atrás”, “ Ni olvido ni perdón”, “La única lucha que se pierde es la que se abandona”, fueron tomadas por muchas organizaciones populares multiplicando su sentido”, señala Hebe “ La Resistencia de la Asociación Madres de Plaza de Mayo se hizo conocida en el mundo entero, la Marcha cada año es muy esperada, acaso como una campaña para despertar a los dormidos” (en Locas, cultura y utopías, N°1, diciembre de 2000, contratapa)

Las Madres han inventado varias prácticas de resistencia,  inesperadas e inéditas. Son artífices de  muchas formas de lucha no consagradas por el orden jurídico. El conjunto de estas prácticas activas expresan fundamentalmente la resistencia del movimiento  frente a las  frente a las instituciones de poder, en primer término la dictadura, pero también al poder jurídico y muchas de ellas dirigidas al poder eclesiástico, a la Iglesia (que les cerraba las puertas y apagaba las luces para que las Madres no pudieran encontrarse allí), a veces  desafiando su autoridad, a veces desenmascarando sus discursos y socavando la cohesión  y la moral.

Aún después de la dictadura militar, cuando el gobierno constitucional de Raúl Alfonsín decide por decreto el enjuiciamiento de los miembros de las tres juntas militares, las Madres no pueden percibir esa justicia como un baluarte, porque conocen a los jueces, porque están atentas al andamiaje jurídico, a las prácticas dilatorias, porque saben de  la trama política de complicidades que se tejieron durante el gobierno militar.

Antonio Gramsci define la hegemonía como la capacidad de ejercer una dirección intelectual y moral sobre la sociedad,  de construir consenso, imponer un sentido común natural, legítimo, inevitable. Cuando el bloque de poder  construye la legitimidad de su dominio, lo disimula, utiliza eufemismos que intentan desplazar simbólicamente esa dominación. Llegada la democracia, es en este terreno donde las Madres, disputarán

Con sus tácticas, los saberes instituidos, dispuestas a desbaratar el saber jurídico hegemónico.

Es necesario explorar “las redes de esta antidisciplina”  y recuperar  esa cultura resistente y de oposición que constituyen las prácticas populares.

La Marcha de la resistencia adquiere con el tiempo esa connotación, forma parte de la historia que las Madres tejieron con su persistencia y con sus tácticas desafiando a la autoridad y a la seguridad hegemónica.

No hay movimientos sociales preexistentes a las relaciones que los constituyen, no hay  campo de discurso delimitado de manera inmediata. En este sentido, podríamos afirmar que las marchas de las Madres comenzaron por ser una práctica sin discurso. Voluntades rebeldes que fueron constituyendo sus consignas en el proceso más agudo de enfrentamiento a la última dictadura militar (1976/1983).

El presente volumen incluye crónicas de las 21 marchas (1981/2001), atentas a rescatar el punto de vista de la Asociación Madres de Plaza de Mayo en la gestación y desarrollo de esas 21 jornadas de lucha, reflejando el contexto político de cada época. La Marcha de 12  Resistencia representa un objeto de análisis complejo y heterogéneo, por este motivo, tanto a través de las crónicas como en los tres artículos que incluimos, se ponen de manifiesto miradas particulares, abordajes diversos, con el propósito de contribuir al concierto de relatos necesarios sobre esta y otras prácticas  populares emergentes en nuestro país en las últimas  décadas.   

La crónica de cada Marcha de la Resistencia comienza con un encabezado, conteniendo su respectiva fecha y consigan de convocatoria. Estas determinaciones so originan y son aprobadas por la Asociación, incluso cuando emergen a propuesta de participantes de las reuniones preparatorias, como ocurre con el lema convocante de la 14° Marcha. El canto enmarcado al final de cada capítulo, supone una creación de los militantes que participan en cada Marcha de 24 horas.

 

"Pluma Revolucionaria.

Escritos y Pinturas de las Madres de Plaza de Mayo"

 

Autor: Madres de Plaza de Mayo
Prólogo: Demetrio Iramain
1 edición abril 2007.

ISBN 978-987-1231-34-8

 

 

 

 

Prólogo por Demetrio Iramain

Ellas sólo piensan en enamorar

De manhã cedo, já tá pintada,
só vive suspirando, sonhando acordada.
O pai leva ao doutô, a filha adoentada,
não come nem estuda, não dorme, não quer nada.
Ela só quer, só pensa em namorar.
(De mañana temprano, ya está pintada,
sólo vive suspirando, soñando despierta.
El padre la lleva al doctor, la hija frágil
no come ni estudia, no duerme, no quiere nada.
Ella sólo quiere, sólo piensa en enamorar)

Luiz Gonzaga y Zé Dantas.
O xote das meninas


“Hijos, nueras: no se preocupen si mañana no contesto el teléfono cuando me llamen para saber cómo dormí. Tengo otras cuestiones más urgentes que el turno con el pedicuro. En la madrugada tomaremos la Catedral con mis compañeras y no sé cuándo regresaré a casa”.
Aquélla bien puede ser una conversación casual, al paso, entre cualquiera de las Madres de Plaza de Mayo y algún familiar. Incluso, hasta puede encontrarse un diálogo aún más dramático. Siguiendo precisas instrucciones de la organización, estará la Madre que no previene ni a sus parientes más íntimos sobre la próxima ausencia de casa, para evitar así filtraciones.
Es que a fuerza de arrojo, franqueza y claridad, las Madres se han convertido en sujeto fundamental de los últimos treinta años de vida política nacional y dan cuenta de ello hasta en el más insignificante de sus movimientos, gestos o actitudes. Con rigor y entereza propios de quien no deja de revolver la leche para que no se pase el dulce, las Madres forjaron otra realidad que fructifica en proyectos colectivos y compromiso conciente. Ellas sólo se propusieron encontrar a sus hijos; en su búsqueda les devolvieron la vida y nacieron un país, nada menos.
Pluma revolucionaria repasa el testimonio vivo de esa indagación. Una representativa selección de textos y pinturas creados por las Madres de Plaza de Mayo en sus diversos talleres de escritura y plástica cursados en los días de su dura combatividad. El libro compone una ventana abierta al universo particular de las Madres y comprueba que no hay por qué escindir be-lleza de eficacia política, ni desatender la poesía para enfatizar la práctica militante. Conmovedores textos, de hondura ilimitada; colores brillantes, para decir el amor por los hijos que no están y luchan todavía.
El libro traduce, sin correcciones de estilo ni retoques de maes-tro ciruela, el ánimo lúdico, rebelde y creativo que las Madres imprimieron en cada acción de sus tres décadas de vital actividad. Hay que leerlo para comprender con sus propias palabras y trazos coloridos, la intimidad de sus motivaciones afectivas, que luego serán severos planteos políticos. El amor por los hijos llevado a la instancia superior de formulación ideológica.
Sin poses ni los histeriqueos típicos de cierta militancia, las Madres enseñan día a día que luchar no es cuestión de quién tiene la bandera más ancha. Que la discusión se gana con los callos. Que la entrega a la causa demanda mucho más que un cuarto de hora de efusión contestadora. He ahí, quizás, su aporte decisivo a la causa de los pueblos. Se lucha como se vive, dejaron escrito las Madres en la costra de la conciencia colectiva, con la sabiduría de los que siempre, siempre están aprendiendo algo nuevo.
Quien averigüe sobre ellas, y Pluma revolucionaria mucho contribuye en ese sentido, alcanzará a descubrirles un único misterio: están enamoradas. Esa es la cuestión. Sólo piensan en eso. Llegada la ocasión, estarán dispuestas a no comer, no coser, no cocinar, no concentrarse en otra cosa que no sea el amor. El sueño del amor. Idealistas del amor, continúan siendo adolescentes a los 80 años de edad. Púberes de ocho décadas de vida y tres de lucha, les suben ardores como rabias. Están siempre cambiando la voz. Su susurro es grito y sin embargo, ya no les crecen la nuez ni las caderas. Aman a sus hijos locamente y por su intermedio, a la revolución.
A treinta años del inicio de su hazaña, ya nadie podrá asociar las Madres a la muerte. Jamás. Mujeres de todos los días, maduradas a la lucha política por la pasión, que construyen la insurrección indicada por sus hijos con la naturalidad de una receta de cocina. Pluma que escribe y pinta lo que piensa tal como lo ve. Como la historia con los hombres que la empujan a favor de los trabajadores, contra sus verdugos, propiamente. Sin alivio. Ineludible. Así.

 

"HEBE, LA OTRA MUJER"

 

Autores: Inés Vázquez, Ulises Gorini y otros

2ª Edición aumentada abril 2007.

232 páginas

ISBN 978-987-1231-33-1  

 

 

 

 

Prólogo por Gabriel Bauducco

 

Hebe de Bonafini camina cada noche por la terminal de ómnibus, de regreso a su casa, sola. Terminaron ya las mil tareas que le trajo el día y, silenciosa, se convierte en nadie. Le gusta hacerlo. Le gusta pasar desapercibida y jugar a que recupera parte de un pasado que no volverá. Le gusta ignorar, por un momento, que la gente la mira porque conoce su cara y su historia. Le gusta. Hebe necesita convertirse en nadie como parte de un ritual que practica a diario para recuperar la persona que fue. Esa es la persona que aparece en este libro; la misma que de a ratos le brota en la vida de hoy, la misma que pocos conocen. Esa es Hebe, con sus raíces en un barrio muy humilde de La Plata, donde nació, se crió, aprendió la dignidad y el espíritu de trabajo de sus padres y se forjó como persona. Rara fórmula la que compone a esta mujer trágicamente conocida en todo el mundo. Cuando la Argentina era gobernada por un régimen militar, le robaron a sus hijos; los torturaron hasta el hartazgo. Ella todo lo supo y casi todo lo soportó. Y no niega la tortura pero no la expone sin pudor, porque revivirla en palabras es como repetir la vejación, piensa. Rara fórmula: voluntad sin límites, mucho amor, igual cantidad de odio, lucidez política no partidaria, algo de soberbia, poca instrucción.

¿Cómo descifrar entonces esta personalidad que ella viene tejiendo desde hace años? Para eso recurrí a las personas que la rodean, para que cuenten un poco más de las muchas Hebe que existen dentro suyo. Para que expliquen el origen de su grito desgarrado del horror y de la sonrisa tierna. Las respuestas fueron surgiendo con el paso de los días y de las entrevistas. El grito proviene del dolor antiguo que padece todavía; la ternura, de la vida nueva que fue armando de a poco, con mucho esfuerzo.

Dueña de una coherencia ideológica poco usual y de la capacidad irreductible de reclamar siempre sobre los mismos temas, Hebe se vuelve un punto de referencia en un país con pocos modelos a seguir. Cuando la fama y el poder se han convertido en estamentos que muchos quieren alcanzar, esta mujer se esfuerza por evitar el estrellato que a menudo los demás intentan imprimirle.

Hebe de Bonafini es humana, creo. Se cansa, se agota, tiene dolores en las piernas, padece enfermedades y todo. Pero, eso sí, dice no temerle a nada. Y todos los humanos sienten temor...

Apurada siempre, corriendo contra la vida que se acaba, hace mil cosas a la vez. Y omnipresente, de modo casi obsesivo, tiene la capacidad de verlo todo y escuchar aún más dentro de la casa de las madres. Las otras madres, las que igual que ella perdieron a sus hijos y desde principios de 1977 luchan por reivindicarlos. Se alimentan unas a las otras con la fuerza que sacaron del espanto.

Mucho resta por decir sobre esta controvertida mujer. Que cuando se enoja, está enojada de veras y pocas cosas la hacen retroceder en su actitud; que cuando se equivoca le cuesta pedir perdón; que quizá tanta dureza sea apenas una coraza construida hace muchos años para evitar el dolor. Pero la sucesión de descripciones podría ser eterna, porque los sentimientos más extremos existen dentro de Hebe de Bonafini.

Le dio varias vueltas a ciertos temas y sobre otros prefirió callar. Poner límites a las preguntas y frenos a los cuestionamientos es su especialidad. Hebe se cansa de hablar sobre ella misma y, por eso, algunas veces hubo que abandonar la conversación para retomarla varios días después. Pero también las cosas que decidió no mencionar hablan de su personalidad. Ella es lo que mucha gente definiría como una mujer de pocas pulgas. Muy pocas pulgas, por cierto.

Sin embargo Hebe puso mucho esfuerzo al comprometerse con cada una de las entrevistas que juntos realizamos como base de este libro. Y quiso dedicar ese esfuerzo. Tras pensarlo mucho dijo: “A mis hijos Alejandra y Sergio, porque me dan las horas de ternura más bellas de la vida”.

 

 "Un País – 30 años. El pañuelo sigue haciendo historia"

 

2ª Edición abril 2006.

344 páginas

ISBN 987-1231-21-0

 

Autores: Osvaldo Bayer, León Gieco, Felipe Pigna, José Pablo Feinmann, Norberto Galasso, Eugenio Raúl Zaffaroni, Víctor Heredia, Hebe de Bonafini, Carlos Aznáres, Eduardo Barcesat, León Ferrari, Armando Bauleo,  Norman Briski, Juan Carlos Cena, Inés Vázquez, Nicolás Iñigo Carrera, Marcelo Cortizo, Eduardo Luis Duhalde, Lucía García,  Alberto Guillis,  Gregorio Kazi, Diego Kogan, Pablo Llonto, Hernán López Echagüe, Alfredo Luciardo, Oscar Natalichio, Adrián Paenza, Teresa Parodi, Marcelo Parrilli, Eduardo Pavlovsky, Raquel Ángel, Pablo Pozzi, León Rozitchner, Juan Carlos Volnovich, Gregorio Baremblitt.

 

Presentación por Inés Vázquez

 

El 24 de marzo de 2006 se han cumplido 30 años del golpe militar genocida más sanguinario que haya conocido nuestro país. Un sistema de terror planificado y aceitado para operar sobre los cuerpos y las conciencias de toda la sociedad argentina con el objetivo de exterminar a los sectores más avanzados de la clase obrera y de sus representaciones políticas, interrumpiendo de este modo brutal el proceso revolucionario que venía gestándose desde décadas anteriores con gran protagonismo de los trabajadores, la juventud y los estudiantes.

El espejo negro de esta situación de alto contenido transformador, que ponía en riesgo la tasa de ganancia de las clases dominantes, puede observarse en la composición social y política de los 30.000 desaparecidos, mayoritariamente, trabajadores, estudiantes y jóvenes, entregados a diversos modos de militancia política y solidaria.

En tanto un sector importante de la sociedad era sometido al exterminio directo de los secuestros, torturas y desapariciones, la proyección de esta política genocida apuntaba mucho más allá de la población organizada en partidos, agrupaciones, sindicatos, comunidades de base. La sociedad en su conjunto fue la pantalla gigante donde la represión proyectó sus formas siniestras, poniendo en juego diversos mecanismos de degradación humana, desde la inhibición por miedo hasta la participación activa en los engranajes sociales de legitimación del genocidio.

Parte de la grandeza del gesto ético de las Madres de Plaza de Mayo consiste en haberse conformado como movimiento de resistencia precisamente en este contexto político-social, es decir, no sólo enfrentando cara a cara a los asesinos en plena Plaza de Mayo, sino además, haciéndolo de pie frente a una sociedad domesticada por el terror, que tanto dio ejemplos de parálisis extrema como de alegre coro de los festejos organizados por el régimen dictatorial, como ocurriera durante el Mundial de Fútbol de 1978 y el Mundial Juvenil de Fútbol de 1979.

Cierto es que la resistencia de las Madres no fue la única ni la primera contra la dictadura, pero fue la que la desenmascaró en pleno espacio público, la que condujo a nuestro pueblo al descubrimiento de la verdad y a la necesidad de exigir justicia para tantos crímenes. Fue, además, la que los genocidas no pudieron desarticular, pese al terror aplicado con ferocidad también para con ellas.

Esa resistencia, puesta a germinar en esta sociedad tan comprometida con el genocidio, lleva casi treinta años y tiene en su haber muchos triunfos de la conciencia, la solidaridad, la penalización social de los verdugos y la reivindicación histórica, política, de los miles de hijas e hijos desaparecidos.

El hecho de que, desde hace unos años, la fecha del 24 de marzo sea recordada -bajo el signo del más firme repudio- por miles y miles de personas, muchas de ellas jóvenes que no vivieron el genocidio en forma directa, habla tanto de esa victoria paciente de aquellas mujeres llamadas “locas” en su momento (y no sólo por los asesinos), como de las transformaciones que la sociedad, que atravesó y fue atravesada por el terror, viene experimentado con lentitud de historia.

En ocasión del 30 aniversario del golpe militar, las producciones alusivas desde distintos ámbitos políticos–culturales del país, con la diversidad ideológica que esto supone, se han incrementado y seguirán haciéndolo a lo largo del año.

En este sentido, Ediciones Madres de Plaza de Mayo junto a la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo ha invitado a trabajadores, docentes, intelectuales, investigadores y artistas, pertenecientes a diversas áreas de la producción social y cultural, a reunir en un libro sus reflexiones acerca de cuáles han sido, a 30 años del genocidio de la última dictadura militar, las consecuencias que en cada sector se produjeron y continúan produciéndose, con la intención de reflejar, lo más ampliamente posible, el panorama de un pueblo que permanece luchando por su libertad desde la diversidad de actividades y pensamientos propios de nuestra cultura.

La Asociación Madres de Plaza de Mayo ha tenido una marcada diferenciación política e ideológica respecto de los organismos de derechos humanos, los partidos políticos, y organizaciones sociales. Ellas dicen que hacen política desde la cocina, tal vez sea ésa una de las formas más hermosas y revolucionarias de hacer política que hayamos conocido, logrando transformar el dolor en lucha y apostando a la educación de las generaciones futuras. Su claro proceder nos llama a diferenciarnos también ahora del discurso dominante que pretende hacernos creer que la dictadura es historia del “pasado”, acerca del cual es importante conocer qué ocurrió (casi siempre desde la postura que instaló la “democracia” del alfonsinismo y la CONADEP con la “teoría de los dos demonios”, pilar bochornoso del punto final y la obediencia debida), pero suponiéndolo un hecho concluido, del que no sufrimos consecuencias que alcanzan el presente y que seguirán condicionando nuestras relaciones sociales. Sentimos la necesidad de oponernos a la hegemonía de esa memoria, buscando promover una comprensión más profunda que la mera información, conducente a preguntarnos por la relación entre los hechos históricos vinculados al genocidio y la situación actual y futura.

Buscando poner en práctica el deseo colectivo de instalarnos como Universidad de debate, lucha y producción, ha sido nuestra intención desarrollar un camino propio, crítico, acerca de las motivaciones del golpe militar, su impacto en los distintos sectores sociales y las consecuencias políticas, sociales y culturales, que continúan atravesándonos.

He aquí el resultado de esta búsqueda colectiva y del común repudio al genocidio iniciado hace 30 años en nuestro país. Vivencias personales, avances de investigación, ensayos críticos, documentados y valientes, testimonios cálidos, polémicos, que muestran un abanico de miradas, a veces reñidas entre sí, nos convocan a preguntarnos acerca de nuestro propio lugar en esta historia, hayamos vivido o no el período dictatorial.

Treinta años refieren una distancia temporal y también una cierta continuidad, un lazo político que interrelaciona las personas, las generaciones, los proyectos y las acciones. Tal distancia y tal continuidad nos reclaman lúcido/as, sensibles, activo/as y en lucha contra lo que hay de lejana dictadura en nuestra dura y palpitante cotidianidad.

 

"Como los nazis, como en Vietnam"

 

Autor: Alipio Paoletti

Prólogo: Osvaldo Bayer

Edición abril 2006.

352 páginas

ISBN 987-1231-20-2

 

 

 

 

 

 

Prólogo a la 2ª edición por Osvaldo Bayer

L A   M U E R T E   A R G E N T I N A

Es justo el momento de reimprimir este libro. Lo que no trajo el “Nunca más” de Sábato, lo escribió el valiente periodista Alipio Paoletti en esta profunda investigación. El no contó con nada oficial ni privado. El solo   inició y finalizó esta profunda investigación. No tuvo la necesidad de esa disculpa prologal del escritor Sabato, tirada oportunística, de comenzar con una falsa teoría de los dos demonios. No, Paoletti nos describirá todos los campos de detención y concentración y nombrará sus cabezas torturadoras, secuestradoras y finalmente asesinas. Y sus ayudantes. Título por título, los crímenes y sus variedades, el uso vesánico del poder sobre seres absolutamente indefensos.

 Todos los datos aportados por el autor son verídicos; la mejor prueba de ello es que ninguno de los acusados lo desmintió ni inició juicio por injurias o calumnias. Sí, como decíamos: el “Nunca más” protegido políticamente por Alfonsín no se atrevió a publicar el nombre de los culpables. Paoletti; sí. Fue esos primeros años después del 83, cuando el poder del gobierno radical mantenía presos a los detenidos políticos de la dictadura y sin embargo dejaba en absoluta libertad a los genocidas.

 Porque es otra de las cosas de Paoletti: trae además el cargo que esos asesinos que ya estaban ocupando en el gobierno democrático. Entre ellos, el teniente coronel Durán Sáenz, agregado militar en México durante el gobierno de Alfonsín, nada menos que ese militar había sido el comandante del campo “El Vesubio”, torturador, violador de prisioneras y asesino de catorce prisioneros –entre ellos la estudiante alemana  Elisabeth Käsemann- a quienes hizo matar escenificando un tiroteo. Cuando los exiliados argentinos en México lo acusaron ante Alfonsín –que visitaba en esos días ese país- este respondió: “el teniente coronel Durán Sáenz es inocente mientras no se pruebe lo contrario”. Hoy está preso por múltiples crímenes.

 Con Alipio Paoletti nos encontrábamos siempre en la Casa de las Madres cuando llevábamos nuestra colaboraciones para el “Diario de las Madres”. Yo, en aquel tiempo, escribía “Ventana a la Plaza de Mayo” y él las columnas que luego iban a servir de base a este libro. Eran descripciones detalladas de los delitos cometidos por los militares contra los prisioneros. Y muchas veces nos citábamos con él en el café el Foro, de Corrientes y Uruguay, encuentros a los cuales siempre concurría el querido Osvaldo Soriano. Otro que luchó mucho por dejar en claro cuál había sido la conducta de la dictadura de los uniformados. En esas reuniones hablábamos también de nuestro sueño: el de fundar cooperativas de periodistas en los lugares apartados del país. Yo había tenido  mi experiencia en Esquel, en Chubut, de donde fui expulsado por la Gendarmería, por defender los derechos de los trabajadores de la tierra contra los latifundistas y por poner en claro la forma discriminatoria con que se trataba a los pueblos originarios que habitaban el Cerro Cuche y el Nahuel Pan. Mientras que Paoletti nos relataba sus experiencias con la coperativa periodística de La Rioja, donde realizó una vida periodística llena de coraje y peligros. Sí, justo, Paoletti fue uno de los grandes amigos del Obispo Angelelli, asesinado poco después por la dictadura de Videla. Cuando los militares tomaron el poder, Paoletti tuvo que abandonar para siempre la tierra riojana. Pero no se rindió nunca. En el exilio estuve siempre en comunicación con él. Fue uno de los que más hizo por los amigos desaparecidos y sus familias. Sueño que alguna vez, en sus queridos pagos de La Rioja inauguremos una calle arbolada con su nombre, una calle que se cruce con otra que lleve el nombre del mártir Obispo Angelelli. Estar en la esquina de las calles Paoletti y Angelelli, bajo ese sol que tanto amaron y ese paisaje que tendría que haber servido siempre para la paz y la alegría y no para criar cuervos, a los cuales no es necesario nombrarlos. Ya todos saben sus nombres.

 Alipio Paoletti dedica el último capítulo de su libro a la “Multinacional de la Represión”, los operativos que se hicieron a nivel internacional, países que se creen dueños de la democracia e intervinieron en esto que comenzó, para hablar de la última época, con el asesinato de Allende y la dictadura de un ser que caracterizó la infamia como ningún otro: Pinochet. Basta verlo hoy, juzgado por ladrón para comprender toda su bajeza, y el coraje a toda prueba de su víctima. El inolvidable romántico de la Revolución y el bien de los pobres: Salvador Allende.

 Recuerdo cuando abrí los brazos, en un gesto desesperado, en el momento en que me transmitieron la pronta muerte de Alipio. No podía ser, tanta lucha para haber apenas sobrevivido tres años a la feroz dictadura. Mi único consuelo fue saber que había podido terminar su libro, el libro de su vida, este, que hoy reeditan las Madres, siempre fieles a su línea. Aquí está la obra final de Alipio, un luchador, un hombre con la conciencia puesta sólo en el deber de ayudar para llegar a la República de la Justicia.

 Otra muestra de coraje en su libro es la descripción de los crímenes de las Tres A, en el gobierno de Isabel Perón. Los denuncia como prólogo sangriento de lo que vendría después. Muy contados fueron luego quienes  también se detuvieron en este capítulo inexplicable de lo que algunos han llamado “todavía nuestra democracia” antes de la dictadura. Aún la Historia está esperando el análisis autocrítico de los intelectuales peronistas acerca de este período vergonzante. Cómo fue posible que dentro del peronismo no hubo fuerzas para detener estos crímenes y juzgar a esos actores, siendo que las víctimas, en su mayor parte, fueron miembros de la llamada izquierda del mismo movimiento. Alipio Paoletti lo hace, con todo rigor y el sentido del coraje civil.     

 Es que, justamente, cuando se remite a los crímenes cometidos por los militares en la región patagónica, no deja de mencionar el crímen masivo cometido por el presidente electo por el pueblo, Hipólito Yrigoyen. Los fusilamientos de 1921-22 de centenares de peones rurales. Este capítulo, en este libro, se inicia con el nombre del teniente coronel Héctor Benigno Varela, el increíble verdugo de los fusilamientos de los huelguistas, que luchaban por un poco más de justicia. De la década del veinte a la del setenta. Y allí aparecen los nombres de los nuevos verdugos. Y el capítulo tiene el sabio título de “”La continuidad de la dominación oligárquica”.

 No deja Alipio Paoletti en este su libro mencionar la colaboración de representantes de la Iglesia Católica en la represión. Pero también en esa Iglesia Católica hubo mártires, que pagaron con su vida su sentido de ayuda a los perseguidos y su lucha por un mundo más justo.

 A medida que se avanza con la lectura, el dolor aumenta y la vergüenza nos hace apartar a veces de estas páginas. Tal vez los capítulos más denigrantes para la mente humana son el del robo de niños de las mujeres parturientas y también “La noche de los lápices” donde las víctimas fueron los estudiantes secundarios de La Plata, apenas adolescentes,  sometidos por el canalla general Camps a toda la gama de  la ferocidad y de la crueldad de quienes ejercieron el poder para torturar y vejar a esos jóvenes plenos de ilusiones.

 En fin, un libro para mirarnos los argentinos y ver en nuestro espejo toda la ignominia que nos rodeó. La desaparición de personas, la “Muerte Argentina”. Aprendamos de estas páginas.